¿Voto voluntario u obligatorio?

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8 de diciembre de 2019
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Desde el 31 de Enero de 2012 comenzó a regir la Ley N°20.568 que estableció la inscripción automática y el voto voluntario en nuestro sistema electoral. Es decir, si algún ciudadano no emite su voto no necesita acudir a Carabineros, ni tampoco se expone a una multa, a fin de justificar su actuación.

La inscripción automática ha sido un aporte a la clase política que no se discute, porque ha reducido los costos de la participación y ha generado una base electoral reconocida y estable, que ha buscado asegurar el derecho y deber de participación electoral, elemento fundamental en toda democracia.

En cambio, creemos que la implementación del voto voluntario ha sido un error histórico gravísimo, contrario a nuestra tradición política, porque no ha generado los beneficios que se esperaban, y hoy la participación es mucho más baja de lo prevista.

En las elecciones parlamentarias del año 2016 y en las presidenciales últimas del año 2017, se amplió de ocho a más de catorce millones de personas el padrón electoral, sin embargo, fueron menos de siete millones de ciudadanos, los que participaron en dichos actos eleccionarios.

Ello significa que solo la mitad de las personas habilitadas para votar lo hicieron. La abstención, que normalmente es un acto de protesta, superó el 50% de cualquiera de las candidaturas en disputa, y si a esto se suman los votos en blanco y nulos que fueron emitidos, ninguno de los ciudadanos goza de una auténtica legitimidad.

Aún más, hoy sabemos que un grupo importante de legisladores, tanto del oficialismo como de la oposición, han presentado un proyecto de reforma constitucional que pretende restablecer el voto obligatorio, a fin que rija de inmediato antes de las elecciones de alcalde y concejales del próximo año.

Afortunadamente, con fecha reciente, el 15 de noviembre del presente año, los partidos políticos en la sede del Congreso chileno, gobierno y oposición, llegaron a un histórico acuerdo para convocar en abril del próximo año un plebiscito para una Nueva Constitución, en que los chilenos tendrán que decidir si quieren una nueva carta magna. Si se aprueba una nueva constitución, esta será sometida a su ratificación en otro plebiscito mediante sufragio universal y obligatorio.
En suma creemos, que el voto voluntario, comparado con el voto obligatorio, reduce la participación electoral, y sobre todo, la elitiza, pues tienden espontáneamente a votar los sectores de mayor nivel socioeconómico y cultural. Dicho de otra manera, si se quiere mejorar la política y promover la participación de la gente, la inscripción debe ser automática y el voto obligatorio.

Jorge Imas Urrea, abogado

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