Vacaciones

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2 de febrero de 2020
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Las vacaciones son imprescindibles para que el afán de la jornada laboral, cualquiera sea, físico o intelectual, logre sentido. Muchas ocupaciones actuales aturden al alma y ahogan el espíritu. Se trabaja para vivir, proveer al sustento… Pero una de las causas por las que el trabajo no es fuente de satisfacciones y alegrías, es la pérdida de la conexión con la significación y trascendencia que posee, enturbiándose en la rutina, la tecnificación y desvinculación personal. ¿A qué se traduce el trabajo? En medio de sobrevivencia, para recibir salario…

La actual sociedad metalizada, cifra, por desgracia, la expectativa laboral en el rendimiento y de ahí, las frustraciones. Ofrece, por las “gerencias de recursos humanos”, únicamente estrategias para la producción a bajo costo. Los que trabajan, experimentan la burda y la triste explotación. ¡Feliz el hombre o mujer que afana allí donde le gusta la faena y comparte ambiente noble y de respeto! Por desgracia, no es frecuente encontrar empresas, públicas o privadas, instituciones de cualquier tipo, donde exista la conducción esclarecida y justa, que dignifique a las personas en el cometido de los oficios o responsabilidades.

Al trabajo sigue por contraste y necesariamente el reposo, que se consigue en las “vacaciones”. Tiempo para la salud corporal y del espíritu. Tiempo para disfrutar gratuitamente en familia, pues hacer vacaciones, ojalá juntos, renueva lazos y amistades, oxigena y fortalece los afectos. Para ello, hay que tomar distancia de obligaciones y objetivos productivos. Detener la marcha del trabajo febril. Es tiempo para aquietar el corazón: dormir bien, pasear sin apuros, hacer visitas, jugar, rezar, compartir cariños, crear…

Es que las vacaciones son para el descanso. En época que todo es trajín enervante, el descanso de las vacaciones, exige cierto esfuerzo, saber recogerse, superar la dispersión y afincar en la abertura interior que nos hace oyentes de la palabra de los otros y de Dios. Con palabras de Guardini, el descanso “es para la obra lo que la tierra callada para la planta. Le da fuerza, plenitud y duración…”,

Todas nuestras labores –desde las domésticas hasta las que nos brindan el sustento-, son nuestra obra. Pero, esa obra, requiera hondura. ¿Dónde? ¿Cuál es nuestra tierra callada? El silencio, el reposo sosegado, la apreciación de las artes y la belleza, una caminata por las montañas o a orillas del mar, nos adentran en otras dimensiones, para reponer fuerzas, descubrir la plenitud del ser o encontrar el rumbo del Eterno. Algo de lo dicho es vacaciones…

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