Uruguay: una elección ejemplar

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30 de noviembre de 2019
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El reciente balotaje, o segunda vuelta de la elección presidencial uruguaya arrojó un apretado resultado a favor de Luis Lacalle, un joven y experimentado político de derecha, hijo de un expresidente. Venció a duras penas al candidato oficialista de izquierda, Daniel Martínez, luego de 15 años de gobiernos frenteamplistas.

No fue una victoria contundente, sino que por el contrario, a duras penas, a pesar de que todo hacía prever que ganaría con cierta holgura. No obstante que Martínez obtuvo la primera mayoría en la primera vuelta, la coalición que logró armar Lacalle con el respaldo de los candidatos que quedaron en el camino, auguraban un triunfo de Lacalle.

Las razones son las mismas que llevaron a la derrota a la Concertación después de 16 años gobernando: desgaste, cansancio, clientelismo, petrificación, no renovación generacional, de cabezas e ideas. En democracia, la posibilidad de levantar periódicamente tarjeta verde, roja o amarilla por parte de la ciudadanía es una de sus características esenciales. Y Uruguay acaba de hacer honor a ello. La alternancia es una virtud, un signo de vitalidad que limita la perpetuación y posibilita la renovación.

Lo que viene no deja de ser una incógnita. Si bien habrá un giro respecto de lo que fueron los gobiernos frenteamplistas, la duda reside en su intensidad, su tenor, los que vendrán dados por diversos factores que empujarán en una u otra dirección. Entre ellos destaca el contexto. Uruguay, así la gran mayoría de los países, no se manda solo tanto por su tamaño, por estar encajonado entre dos países como Argentina y Brasil, como por las especiales circunstancias que vive nuestro continente y el mundo.

Cabe agregar que el triunfo de Lacalle fue posible gracias al apoyo de Guido Manini Ríos, un excomandante del Ejército quien fuera destituido por el presidente Tabaré Vázquez al efectuar declaraciones en defensa de exmilitares que vulneraban el principio de subordinación al poder político.

Formó de inmediato su propio partido, Cabildo Abierto, aglutinando a una derecha dura, la que reivindica la dictadura militar, y que en su primera experiencia electoral logró una no desdeñable votación en torno al 10%. Su irrupción sorprendió al mercado político dado que casi sobrepasa al histórico partido colorado.

La votación fue tan estrecha, que tuvo que hacerse un recuento, dado que la cantidad de votos objetados superaba la diferencia que fue del orden del 1%. En no pocos países, habría ardido Troya con partidarios de uno y otro candidato reivindicando para sí el triunfo con acusaciones de fraude. Ocurrió todo lo contrario, los candidatos y sus partidarios esperaron con calma que la organización responsable del recuento electoral hiciera su tarea. Es así como esta semana Lacalle fue proclamado candidato electo, lo que fue reconocido ipso facto por su contendor.

La estrechez del resultado fuerza al entendimiento si no se quiere caer en la trampa de agudizar las diferencias que solo conducirán a la paralización. Congeniar Estado con Mercado es uno de los grandes desafíos a abordar. A ninguno de los dos se les puede dejar sueltos.

No será fácil su gobierno, pero al menos parte con el pie derecho luego de una contienda limpia. Por su parte, la remontada que tuvo a última hora el Frente Amplio, que casi casi le permite ganar, abre la cancha para un crudo análisis introspectivo y una completa renovación de todo orden. No pocas veces las derrotas sirven más que los triunfos.

Rodolfo Schmal S.

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