Una historia de marginaciones

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10 de agosto de 2020
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Desde la madrugada del domingo 2 de agosto, la Araucanía ha estado marcada por una ola de violencia sin precedentes. Se sostiene que la muy breve visita, un par de días antes, del nuevo ministro de Interior, Víctor Pérez, estaría detrás del estallido. Sectores opositores hablaron de “provocación”, lo que fue negado por el secretario de Estado. Se le puede creer, pero debería reconocer que un viaje brevísimo, sin tiempo para conversar con todos los sectores involucrados, es un gesto que inevitablemente se presta para malas interpretaciones.

Los tiempos, en todo Chile, pero especialmente en la Araucanía, no están para crispaciones. Se trata de un largo conflicto, cuyo peor estallido en años recientes lo produjo el asesinato de Camilo Catrillanca. Hasta ahora, no se ha recuperado la paz, perdida cuando el ministro Alfredo Moreno avanzaba en la búsqueda de acuerdos. Desde esos días aciagos, ha habido episodios reiterados de ataques a instalaciones forestales e incendio de maquinarias y camiones y, ahora, con ocupación de edificios municipales.

Fue precisamente el desalojo de las municipalidades que estaban tomadas por comuneros mapuches, el origen de los graves incidentes, incendios y destrozos en Ercilla, Traiguén, Victoria y Curacautín.

Dos días antes, el ministro Pérez había instado a los alcaldes a que tomaran “la decisión que les corresponde por ley», y que solicitaran los desalojos. El domingo, la Intendencia responsabilizó a los jefes comunales por no haber logrado un acuerdo. «Como gobierno siempre hemos privilegiado el diálogo por sobre la confrontación y por lo mismo solicitamos que fueran los alcaldes quienes buscarán espacios de solución con quienes ocuparon estos espacios para lograr una salida pacífica. Esto no se concretó y por lo mismo solicitamos a Carabineros hacer uso de sus facultades legales».

Lo más preocupante fue la agresiva aparición de civiles no identificados. Como señaló el alcalde de Victoria, Javier Jaramillo, “la presión de los vecinos” obligó a Carabineros a desalojar las municipalidades. Hizo ver, además, que es doloroso ver a “ciudadanos enfrentándose entre ciudadanos. No puede ser un hecho que vuelva a ocurrir”. La consigna que se escuchó tenía un tono ofensivamente racista: “El que no salta es mapuche”.

Aparte de los incendios y destrozos, se informó que un militar había resultado herido de bala en la cabeza en una emboscada en Ercilla. El hecho se produjo en una pasarela en la Ruta 5 Sur, cuando un cabo primero fue alcanzado por un proyectil. No fue la única víctima.

Como reiteró una vez más el Presidente de la República en el Congreso, nuestro país enfrente el doble desafío de la pandemia y de la crisis económica. Para superarlo, pidió unidad nacional. No cabe duda de que el conflicto en la Araucanía puede convertirse en el detonante de nuevas y más violentas protestas. La necesidad del diálogo -se ha recordado la importancia de los “parlamentos” que se realizaron durante toda la colonia- se hace cada vez más apremiante. Pero ello empieza por reconocer la dignidad el pueblo mapuche. El mismo que retrató el poeta Alonso de Ercilla hizo en inolvidables versos en La Araucana como gente “granada, soberbia, gallarda y belicosa”.

Lamentablemente, por prejuicio o por ignorancia, los hemos dejado al margen de nuestra convivencia social.

Abraham Santibáñez

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