Un nuevo libro italiano incide en la teoría de que Neruda fue asesinado

La investigación que lleva por nombre "Delitto Neruda" se basa en numerosos documentos y entrevistas a personas cercanas al poeta.

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12 de febrero de 2020
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El escritor, autor de otros nueve libros, cuenta que inició esta investigación "lleno de dudas" y que terminó "apasionado por la historia" de Neruda.

La tesis de que el poeta Pablo Neruda murió envenenado, y no a causa del cáncer, vuelve a cobrar fuerza en el nuevo libro del escritor italiano Roberto Ippolito, que señala en una entrevista que «hay demasiadas pruebas que demuestran que su muerte fue un homicidio» a manos de la dictadura de Pinochet.

A través de numerosos documentos y entrevistas a personas cercanas al poeta, Ippolito reconstruye en «Delitto Neruda» (Ed. Chiarelettere) los últimos días del Nobel de literatura, fallecido apenas doce días después del golpe militar de Pinochet en Chile, el 23 de septiembre de 1973, oficialmente por complicaciones de su cáncer de próstata.
«Yo empecé trabajando sobre la duda, sin ninguna tesis preconcebida, pero hay tantas falsedades y tantos elementos que es inevitable decir que la muerte no fue natural», explicó el periodista y escritor.

ANTECEDENTES
¿Cuáles son estas pruebas? Todo empezó con el testimonio del chófer de Neruda, Manuel Araya, detenido y torturado por la dictadura chilena, a quien el poeta supuestamente contó que había recibido una inyección que había empeorado su estado mientras estaba en el hospital.
El autor de «Canto general», estrecho amigo del presidente Salvador Allende y cara visible de la izquierda chilena, tenía planeado viajar a México el día posterior a su muerte, «donde hubiera podido liderar un gobierno en el exilio», asevera Ippolito.
Su repentina muerte lo impidió, a pesar de que las últimas personas que lo vieron con vida aseguraron que estaba en buen estado, y que escribió hasta el día antes de morir, recoge el escritor italiano en su libro.

Las sospechas sobre su muerte motivaron una investigación judicial, a instancias del sobrino de Neruda, Rodolfo Reyes, y del Partido Comunista de Chile, que culminó con el descubrimiento de una sustancia en una muela del poeta, el bacilo «clostridium botulinum».
«Que la toxina se haya encontrado en una muela, un punto del cuerpo tan protegido, debería excluir cualquier contaminación externa», por ejemplo, que la toxina penetrara de la tierra alrededor de su féretro, continúa Ippolito.

Los análisis médicos después de su exhumación en 2013 descartaron como causa de la muerte de Neruda la «caquexia» (desnutrición a raíz del cáncer), lo que suponía que el certificado de defunción redactado por el personal de la clínica Santa María, donde falleció, era falso.
Quedaba por determinar, entones, qué papel tuvo el bacilo encontrado en su muela, causante de botulismo, para lo que el juez Manuel Carroza encargó una segunda investigación, esta vez a dos laboratorios, en Dinamarca y Canadá.

OBSTÁCULOS
Esta investigación, todavía en marcha, se encontró con «inverosímiles» obstáculos, explica Ippolito, como la desaparición de las muestras de tierra extraídas alrededor de la tumba, o «una deuda de 40.000 dólares por parte del gobierno de Sebastián Piñera a los laboratorios».
El autor del ensayo no duda en acusar al actual gobierno chileno de «no haber actuado para nada» y retrasar así un proceso judicial que se encuentra paralizado.

«Que existe negacionismo y nostálgicos» de la dictadura «es una trágica realidad en Chile», lamenta Ippolito, que ve «increíble que algunos no quieren ni siquiera que se investigue».
Si se confirma que Pablo Neruda fue asesinado, el poeta que cantó tanto al amor como a la revolución pasaría a engrosar la lista de crímenes de este oscuro periodo de la historia de Chile, con 3.200 muertos y 33.000 torturados y encarcelados por motivos políticos.

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