Turbulencias políticas

Llega la Cuenta Pública del Presidente Piñera, el nuevo cambio de gabinete ministerial, todo esto en un ambiente político particularmente turbulento y complejo, con un Congreso que poco parlamenta, poco escucha, llegando en gran parte de sus votaciones, con la decisión de antemano lista, sin intención alguna de discutir genuinamente y de confrontar ideas dentro del esquema democrático en el que se está inmerso. Súmele a ello, la pandemia sanitaria, la debacle laboral, económica y la incertidumbre constitucional. Por presiones externas, el grueso del espectro político local ha optado por comenzar a tomar sus decisiones, evadiendo un debate en el que se pueda plantear con franqueza el por qué se defiende una idea u otra. La crisis institucional que no es del Gobierno, ni del Congreso, sino del conjunto de instituciones públicas del país, tiene que ver con un sistema que en lo humano falló, donde empezó a prevalecer el porvenir particular por sobre el bien común, con la excesiva lentitud de las instituciones públicas, o la ineficacia de la política para encontrar soluciones a situaciones del diario vivir. Mucho se culpa a la economía, a la que obviamente se le pueden exigir mejoras, pero la política es la que ha fallado y ha dejado de funcionar por años. Lo anterior, no significa en opinión del presente, que todos los últimos años hayan sido enteramente malos, porque eso significaría desconocer el avance generalizado del país en múltiples ítems tales como cobertura en educación o reducción de la pobreza, situación a la que ya me he referido en tiempos pretéritos. Lo que seguramente puede haber sucedido, es que en alguna etapa importante del desarrollo de Chile, y después de haber alcanzado cierto estado de progreso, la política y las instituciones no se modernizaron como sí aconsejaba hacerlo, y no se reformaron donde había premura por hacerlo, dando cancha libre a un conjunto de vicios donde el bien común se esconde, y aparecen los fantasmas del oportunismo.

Sin embargo, y a pesar de todo ésto, se sigue clamando por la necesaria presencia de una política activa y que resuelva los conflictos para lo cual ha sido llamada, situación que podemos vislumbrar por ejemplo en las modificaciones recientes en La Moneda, donde se ha acudido a cierta dosis de experiencia y liderazgo político, aptitudes que no se aprenden ni en un curso de la mejor Facultad de Ciencia Política, sino que se cultivan y expresan con quienes cuentan con el trabajo requerido en la materia.

La política, la vilipendiada política, que resurge por enésima vez para demostrarnos cuán necesaria es cuando se ejerce con dignidad y mirando a los ojos. Es el tiempo de ella, una vez más.

Ervin Castillo Arancibia
Abogado

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