Trayectoria

Con frecuencia los comienzos del Año Nuevo traen a la sensibilidad propia y a la mente, los recuerdos de caminos recorridos, circunstancias por las que hemos andado, acciones y pasiones que nos tocó vivir. Ponemos ante la vista equivocaciones, torpezas y límites, egoísmos y temores, así como también, satisfacciones y logros sorpresivos, fruto del empeño en las tareas.

Hay balances de variado tipo. Buenos y malos, familiares o laborales. Grupos, comunidades e instituciones, necesitan evaluar las metas o propósitos. En caso negativo, hay que esclarecer las causas o razones por las que no se consiguió el fin propuesto, para revertir en el futuro la situación que se prolonga.

A pesar de las planificaciones y programas, la vida humana y la historia nos sorprende siempre.

Personas o hechos, irrumpen en forma inusitada. Por ahí, nos enfrentamos a dificultades y desafíos en el trabajo, sin que voluntades se abran a visiones que consideramos indispensables. A veces, el margen de maniobra es escaso, por el carácter que se tiene, el círculo laboral en el que nos desenvolvemos, o porque sencillamente, el ambiente social, de la época en que vivimos, está urgido entre apreturas y pesares.

El hombre y la mujer de fe viva, detienen también la marcha habitual…
Lo hacen con la sabiduría del corazón sencillo y alegre. También contemplan los pasos dados, las trayectorias vividas. Pero, no solo hacen un ejercicio psicológico.

La tradición orante que vigila, eleva la mirada más allá de lo que se muestra y es patente. Descubre en el curso de la vida, significados profundos, que se ocultan y revelan cada uno de los momentos. Reconoce, así, agradecido, las huellas de la presencia divina en los acontecimientos pequeños y grandes, públicos y privados.

La trayectoria no es, por consiguiente, un manejo individual, por el que se manipula la vida al antojo. La trayectoria, reconoce, con éxitos y errores, que Dios es Dios: las cosas, los lugares, las personas y las situaciones, son aliento e inspiración donde puede advertirse el cuidado bondadoso y paterno de Dios, que guía la historia universal y nuestras pequeñas historias singulares.

Es la confianza en el plan de amor divino, sabio y bueno, del Creador y Redentor. Confianza que “los pelos de nuestra cabeza están contados”. Que Dios es Padre bueno y bueno es todo lo que nos llama a vivir, aún en medio de grandes convulsiones. ¿Cuál será nuestra trayectoria? ¿Dónde irán nuestros pasos? Para eso es el tiempo nuevo: para volver a decidir nuestro trayecto…

Horacio Hernández Anguita
Villa Cultural Huilquilemu UCM

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