Trabajo en alerta

No podemos ignorar que el pasado viernes 1° de mayo, se conmemoró el Día del Trabajo, jornada que rememora, los tristes sucesos de Chicago, Estados Unidos, en 1886, con el crudo sacrificio de dirigentes y mártires obreros por reivindicar la dignidad del trabajo: pedían ocho horas laborales y días de descanso. La “revolución industrial”, había sometido a los trabajadores de las fábricas y empresas, a jornadas embrutecedoras, que iban de 12 a 16 horas, sin descanso semanal, con salarios míseros y condiciones laborales insoportables.

La pandemia del Covid-19, pone en jaque al mundo del trabajo. Muestra que el trabajo humano, no es pura mercancía que se transa, como lo sugiere la desafortunada expresión “mercado laboral”, al equiparar el trabajo del hombre, a bienes tangibles, que se intercambian a precio… Al trabajo corresponde, en cambio, un salario justo, que es retribución debida a una obra procedente no de una máquina, sino del sujeto humano que posee dignidad.

El invisible coronavirus que asesta golpes mortales, amenaza la vida de la población y deja al descubierto las actuales y tristes condiciones laborales. Ahí están, por desgracia, las prolongadas y groseras explotaciones. El peligro e incertidumbre producida por la epidemia, paraliza a muchas industrias, al comercio, las faenas productivas, el turismo, el deporte, los traslados, etc. Políticas gubernamentales procuran paliar la emergencia en las empresas y trabajadores, que viven más el dilema por la incierta continuidad laboral futura.

También existen rebajas de sueldos y algunos aprovechan para hacer despidos que pasen sin reproche… El teletrabajo se combina con turnos. Pero la intranquilidad cunde en la población respecto a cómo se pondrá en marcha la “nueva normalidad” y en qué condiciones laborales se hará el retorno.

En este momento, pienso, sobre todo, en que son miles los trabajadores que han quedado cesantes, por el término de faenas; pienso en los migrantes que han llegado acá con expectativas laborales -hoy frustradas-, y están ahora a la deriva, luchando por regresar a sus países; pienso, en fin, en el desvalimiento de incontables hombres y mujeres que ahora no pueden ganarse el pan de cada día para sus familias, en esas labores de la calle o los servicios humildes.

Hace poco, vi un letrero que decía: “¡El hambre, también mata!”. Es que no solo la pandemia amenaza de muerte. Las críticas circunstancias laborales, es cierto, nos ponen en alerta por el hambre que se padece y también mata…

Horacio Hernández Anguita
Villa Cultural Huilquilemu UCM

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