Todos para uno y uno para todos, el desafío de la construcción

Hoy nos encontramos viviendo una doble crisis, a nivel mundial, que de seguro pasará a la historia tanto por sus efectos en la salud y vida de millones de personas como por su impacto en la economía global, en la que por supuesto Chile no ha quedado al margen.

Y es que el 2020, denominado como el año del “Gran Confinamiento”, de acuerdo al Fondo Monetario Internacional (FMI), nuestro país tendrá una contracción de 4,5%, la peor caída desde la crisis bancaria de 1982-1983, la cual repercutiría en que el nivel de ingresos por habitante retroceda hasta lo que se producía en 2012.
En esta línea, es que, si bien como gremio consideramos que las medidas extraordinarias presentadas por el ejecutivo, dirigidas a apoyar la solvencia de las pequeñas y medianas empresas y los ingresos familiares, han sido tanto oportunas como tremendamente necesarias, también es relevante que estén disponibles lo antes posible, debido al crítico periodo por el que estamos pasando, contando además con procedimientos simples y expeditos para su aplicación, lo que supondrá un alivio para millones de chilenos.

De igual forma, resulta fundamental actuar con rapidez y con respuestas concretas para ir en apoyo de las empresas de mayor tamaño, debido a que sabemos que, pese a lo significativo de los esfuerzos desplegados, de no repuntar la actividad económica, el impacto de las medidas ya implementadas será limitado, pues no habrá ingresos y, sin ingresos, no hay empresa ni trabajo que resista.

En el caso de las distintas áreas productivas, en general, y particularmente en el sector de la construcción, este es un factor relevante de ser considerado prontamente, puesto que por el valor de los contratos que desarrollamos, aunque algunas constructoras están calificadas por ventas como “grandes empresas”, tienen particularidades que hacen que usualmente, tanto por funcionamiento como por capital, dependan fuertemente de los créditos apalancados por los bancos, sobre todo en momentos de crisis como éste.

Asimismo, nuestro sector es muy atomizado, lo que permite que convivan un gran número de empresas, generando una altísima competencia, situación muy saludable para los usuarios, pero que complica acceder a instrumentos disponibles para grandes empresas, como financiamiento en el exterior, mercado de capitales, entre otros.

Lo anterior es urgente de ser abordado debido a que las sociedades antes mencionadas actualmente se encuentran en una suerte de “limbo”: por una parte, son demasiado grandes para acceder a medidas de apoyo y por otra, demasiado vulnerables para enfrentar, por sí solas, la abrupta caída de sus ventas sin comprometer su viabilidad.

De hecho, ya existe un importante número de constructoras que necesitará, a corto plazo, financiamiento adicional para complementar su flujo de caja, asegurando, de esta manera, su solvencia en el tiempo y por consiguiente la continuidad laboral de los miles de trabajadores que emplean en el país.

El apoyo que reciban, les permitirá mantener activas las numerosas relaciones comerciales con empresas de menor tamaño con las que interactúan, tales como subcontratistas, proveedores de materiales, arriendo de maquinarias y empresas de marketing y publicidad, servicios jurídicos, financieros, de transporte de cargas y canteras, entre otras tantas, con las que hacen negocios día a día.
Sin atender a las empresas de mayor tamaño, las medidas orientadas a pequeñas y medianas empresas, y también a las personas, solo producirán efectos relativos y acotados, generando escaso aprovechamiento del esfuerzo realizado.


Rodrigo Vargas Waman
Vicepresidente CChC Talca

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