Todos los colores de la greda blanca

Benditas manos femeninas son las que crean el arte del alfarero en Vichuquén. Desde hace 18 años, Julia decidió sumergirse en este oficio, cuyas diferentes representaciones de lo cotidiano recogen la esencia de Chile. La textura, el color y el proceso de transformación de la greda blanca no dejan de sorprender a esta artesana, cuyo sueño se hace realidad en cada detalle de sus creaciones.

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26 de noviembre de 2019
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Julia Veas: “Se puede vivir de este arte, además de ser un oficio bonito es un regalo que nos da la tierra”. Cortesía: SRM de la Mujer y la Equidad de Género.

Un talento hereditario. Su mamá era artesana y aunque no pudo enseñarle este arte por haber fallecido cuando ella era pequeña, su abuela logró sembrar su enseñanza. Sus 2 hijos fueron el apoyo y motivo por el cual, a los 22 años de edad, Julia Amparo Veas Silva, decidió recurrir a este oficio, que le permitía cuidarlos mientras trabajaba desde su casa. “Un día mi abuela me dio un pedazo de greda y desde allí me gustó y hasta la fecha no he parado, al principio se me quebraban, pero poco a poco y con el tiempo fui perfeccionando la técnica”, revela entre risas la artesana.
Ser dueña de casa y empresaria de su propio negocio le llena de orgullo. Menciona que ella crea y esmalta sus propias piezas, y que, sin el apoyo de las instituciones dependientes del gobierno, no hubiera podido construir su local de ventas ni adquirir los hornos eléctricos con el que cobran vida sus diseños, en los que convergen las ancestrales técnicas de la alfarería.
Hoy en día, a sus 43 años, cuenta con el apoyo de sus hijos Luciano Reyes Veas, de 11 años, y Gabriel Reyes Veas, de 24, ambos han crecido viéndola ejercer el oficio, y han aprendido a ayudarla en su taller, donde se especializa en piezas chicas e intenta ir evolucionando en el tiempo, ya que “todo va cambiando”.

LEGADO ANCESTRAL
Este tipo de artesanía tiene orígenes ancestrales, asociados a la historia y la tradición del campo chileno y que se ha transmitido de generación a generación sin mayores alteraciones en su técnica. Para Julia este arte es una importante manifestación de la identidad cultural y parte del patrimonio. “Por años el oficio tenía fines utilitarios, con el tiempo evolucionó hacia piezas de carácter decorativo conservando algunas de las técnicas ancestrales”, relata.
“Antes se hacía con bolsa de vaca y solo a leña, hoy en día todo evolucionó. La tecnología ha facilitado el trabajo, hay artesanos que utilizan máquinas para todo, yo no tengo muchas máquinas, pero mi aprendizaje viene de la enseñanza de los abuelos, como se hacía antes cuando todo era a mano”, revela.
Explica que la variación en los tipos de greda depende del medio geográfico en el que se desenvuelve en un espacio determinado, de allí surge la variación de técnicas y materia prima utilizadas para la confección de las piezas artesanales. “En Pichilemu también hay greda blanca pero no es igual a la hora de trabajarla, nosotros acá trabajamos con molde de yeso, a mano, con tono, de las 3 maneras”, añade.

ARDUO PROCESO
La greda se origina de rocas arcillosas que son las piedras sedimentarias más abundantes sobre la tierra. En el caso de las piezas de Julia, la greda que utiliza la extrae en Aquelarre, a la orilla del cerro, lugar que le ha brindado a la artesana gran cantidad de materia prima para la creación de diversas obras desde que tenía tan solo 22 años. Con esmero y dedicación, dos veces al año la artesana recorre el camino campestre para la adquisición de grandes cantidades de la preciada greda blanca, que en sus manos logra convertirse en obra de arte.

La ejecución totalmente manual en la creación de los productos es lo más significativo en el concepto de artesanía. Este oficio amerita habilidades excepcionales para poder obtener la perfección en las creaciones. Cada paso es importante y la artesana logra ejecutarlos con amor, compromiso y respeto a la naturaleza.
“La greda se remoja por varios días, se va revolviendo hasta que quede buena para trabajarla, luego se cuela para sacarle las impurezas a través de mallas. Posteriormente se deja al sol para que se evapore el agua y quede como una masa manejable, luego se mete al taller donde se amasa y se guarda en bolsas plásticas para conservarlas listas para el armado de piezas. El proceso de cocción al horno dura una tarde, luego se deja reposar y al día siguiente la pieza está lista”, describe la alfarera.

ALCANCE
El crecimiento del emprendimiento de Julia Veas ha sido notable. Generalmente trabaja a pedido, pero su nombre también es conocido en los comercios y establecimientos de Vichuquén. Esta labor es recompensada con el reconocimiento de la comunidad y la fidelidad de sus clientes, quienes, con la adquisición de este arte, logran obtener parte del amor que la artesana deja en cada una de sus piezas. Jarros, vasos, tazas, teteras, y todo lo que le pidan, ella lo realiza. “Me tienen con pega todo el año, de enero a mayo hay mucho trabajo y se vende bastante”, revela y, llena de satisfacción, asegura que ha logrado “vivir de este arte”.

ALFARERIA EN PELIGRO

Actividades que requieren de gran esfuerzo y compromiso carecen del interés de los más jóvenes, es por ello que la artesana expresa su preocupación por la posible desaparición del oficio. “La artesanía se está perdiendo, los artesanos nos estamos poniendo viejos. Yo invito a las nuevas generaciones a que se interesen en el tema, yo colaboro enseñando a través de talleres con niños en el programa Acciona, del Consejo de la Cultura cuyo fin es insertar el arte en la educación de los niños”, detalla. Julia confiesa que es hermoso enseñar este oficio y espera que los demás artesanos hagan lo mismo si tienen la posibilidad, ya que a su criterio quedan muchos artesanos por descubrir.
La historia de Julia, el legado de los ancestros, y todos los procesos por los que pasa una pieza para formar parte de la vida de quienes la adquieren, le brindan un valor especial al oficio. Es por ello que es importante que los artesanos continúen trabajando a fin de que la cultura pueda perdurar en el tiempo, tal y como lo hicieron los primeros habitantes del país.

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