Tiempo de cubrir la boca y despejar los ojos

Señor Director:
Una enfermedad viral, nos lleva a ponernos mascarillas en la boca, y de paso, ha permitido sacar vendas de nuestros ojos.

Muchos se dan cuenta, que la economía del país, a juzgar por lo que vemos, depende en gran medida, de la mano de obra, del trabajador, aquellos que ponen su esfuerzo día a día. Se tendrá que valorar su accionar, su aporte y trabajo, y esa valoración, debería pasar por una mejora en su salario y/o condiciones laborales.

En días de encierro, buscando nuestras seguridades, reconocemos el trabajo de los recolectores de basura, que hacen una labor fundamental en los diferentes barrios, poniendo en riesgo su seguridad personal, corriendo en las calles y teniendo contacto con residuos de todo tipo. Lo mismo ocurre con personal de aseos de los hospitales u otras instituciones, trabajos que, en tiempos normales, por muchos, no se aprecian o no son mirados, de la mejor forma.

Qué hablar de profesores, ahora con los estudiantes en casa, no damos cuenta, que hacen tanta falta, donde los padres han descubierto su gran importancia, al tratar, y muchas veces no poder, atender a sus hijos en su proceso educativo, que, por deformación social, han delegado casi en su totalidad, a las escuelas, olvidando que la familia, es el primer responsable de la formación, especialmente en valores. Cómo no valorar el rol de paramédicos, enfermeras y médicos, los que, por la salud de otros, arriesgan su propia seguridad y la de sus grupos familiares.

Se puede ver también, muchas personas de servicio público, que se han percibido como indispensables, es el caso de funcionarios municipales, que han tenido que asistir día a día a sus trabajos, con los riesgos del traslado y contacto con las personas que atienden. Por otra parte, tenemos a los agricultores y otros proveedores de alimentos, los que atienden en las ferias y almacenes de barrios, las personas que laboran en farmacias y otros tantos trabajadores, difíciles de enumerar; son todos ellos, los que hacen posible, que las familias en casa tengan lo necesario, y nos ha permitido reconocer su aporte a la comunidad.

Del mismo modo, esta realidad sanitaria, nos ha llevado a darnos cuenta, que hay trabajos sobrevalorados, donde algunos cuentan con sueldos abultados, ganados con relativa facilidad, y que su aporte se hace cuestionable, a la luz de la emergencia y real necesidad.
Es de esperar, que cuando esta emergencia termine, también terminen diferencias y tratos equivocados, entre quienes realmente son indispensables y necesarios, y otros que hoy, no son una necesidad asociada a la supervivencia; esperemos también, que permita abrir los ojos, y sobre todo el corazón, a los que tienen todo, para entender, que no tendrían nada, si no trabajan los que poco o nada tienen, y que en sueldos y condiciones son subvalorados.

Que al menos esta enfermedad viral, nos sane de una enfermedad social.

Mario Sánchez Bustos
Académico Universidad Católica del Maule

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