Teatro Municipal de Talca: aciertos y contradicciones

A las ocho y cuarto del sábado 6 de noviembre, Sarah aparece tras los cortinajes. Un aplauso enorme, atronador, inédito en ese recinto, se oye por largos minutos. La actriz interpreta la “Dama de las Camelias”. Domina el escenario, brillan sus ojos azules. Como lirios, a su lado se mueven las esbeltas niñas. Talca llega a lo sublime. Se han olvidado temores o pecados

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9 de agosto de 2020
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Antiguo Teatro Municipal de Talca, levantado donde hoy se alza el actual, Uno Oriente con la Alameda, inaugurado en agosto de 1874.

El 15 de agosto de 1874 se inaugura solemne y fastuosamente el Teatro Municipal de Talca. Los lujos, cristales, luces y terciopelos que se exhibieron en su apertura, eran casi una afrenta a la pobreza de entonces, donde un rancherío rodeaba, en la aún naciente Alameda, el lugar donde se ubicó el soberbio edificio.
La sociedad talquina, reunida en los salones del Club Talca, quiso estar a la altura de Santiago y traer danzas, sopranos, obras de teatro y todo lo que era lejano a las provincias.
Pero, si se pretendió ampliar las ventanas de la cultura y el arte, la situación fue contradictoria para la conservadora aristocracia local: se recibió, en 1886, con reservas moralistas, pero aplausos después, a Sarah Bernardth, la diva francesa surgida de un prostíbulo parisino. Igual acogida se dio en 1909 al escritor español Vicente Blasco Ibañez, diputado socialista, anticlerical y masón. Pero en 1913 se le cerraron las puertas del Teatro a la líder feminista española Belén de Sárraga, figura universal, quien defendía los elementales derechos de la mujer a lo largo del planeta.

El soberbio recinto del antiguo Teatro Municipal de Talca, en la década de los años 20.

En 1851, el vecino de Talca, Francisco Navarro, con experiencia en iniciativas teatrales en Santiago, solicitó al municipio le cediera el sitio ubicado en Alameda con Calle de la Cruz (actual Uno Oriente) para construir un inmueble, de tipo ligero, que permitiera efectuar representaciones dramáticas.

Tras el visto bueno, Navarro se dio a la tarea de edificar un local. Además, formó una compañía de jóvenes actores y actrices, efectuando algunas presentaciones.

Pero el frágil edificio concluyó por deteriorarse y debió ser demolido. En el lugar quedó un amplio potrero, para forraje de los caballos de la policía.

En 1872, siendo Intendente de Talca don Ursicinio Opaso, se debatió la idea de construir un teatro acorde con las exigencias de la ciudad. Pero el erario fiscal no contaba con recursos, por lo que se acometió la empresa con aportes privados.

En consecuencia, tras crearse una “comisión teatro”, el 27 de octubre de 1873 se tomó posesión del terreno. Se eligió al joven arquitecto Ricardo Brown, el primero titulado en Chile en 1862, quien elaboró los planos del teatro. Antes trazó los de Quillota y Vichuquén. No es efectivo, que haya “adaptado” los planos del inmueble de Quillota, como menciona el actual sitio Web del Teatro Municipal.

Los cálculos fueron hechos por el ingeniero talquino Juan Crisóstomo Erazo Oro.

El arquitecto Ricardo Brown, el primer profesional recibido en Chile en 1862, autor del proyecto del Teatro Municipal de Talca en 1874.

El inmueble se diseñó con restaurante y amplias boleterías; cinco columnas sostenían el segundo piso, con un salón para las actividades de la filarmónica. El segundo departamento, de forma semicircular, estaba destinado a la platea, palcos y galería. El tercero era el escenario para las representaciones, con camarines de artistas y otras dependencias.

Las butacas de finas maderas y forradas en terciopelo rojo, se encargaron a Europa.

Todo el edificio era de cal y ladrillo. La fachada tenía en su cima una estatua alegórica y el escudo nacional con la palabra “Teatro”.
La iluminación fue dispuesta a gas hidrógeno, recién llegado a Talca. Se hizo necesario instalar un gasómetro especial cerca del local. Una gigantesca lámpara de 130 luces, traída igualmente desde Europa, daba una espectacular luminosidad al recinto.

Los trabajos tuvieron la diligente preocupación del regidor Diego de la Cruz, cuya labor y desvelos fueron reconocidos, decidiendo el municipio destinar un sillón especial con su nombre, para ser utilizado de por vida.

El flamante edificio fue inaugurado el 15 de agosto de 1874, con una fastuosa fiesta a la que fue invitado Benjamín Vicuña Mackenna, a la sazón diputado por Talca, Intendente de Santiago y figura notable de las letras chilenas. En esa ocasión se representó la obra “Conquista de Madrid” de la Compañía Mateos Catabani.

La inquietante belleza de Sarah Bernardth, cuya presencia dejó en llamas a Talca y Santiago en 1886.

LA VISITA DE SARAH BERNHARDT
En noviembre de 1886 llega a Chile la diva francesa Sarah Bernhardt. Es invitada por los ingleses de las oficinas salitreras del norte. Posee una voz plena y cautivante. Pero trae una grisácea fama y arrastra un oscuro pasado: nacida en París en 1844, su infancia y adolescencia transcurrieron entre la prostitución de lujo que ejerció junto a su madre, quien jamás le mencionó a su progenitor. Tras un duro camino fue descubierta en su talento escénico y tuvo fama mundial a partir de 1867, iniciada en el Teatro Odeón de París. Luego su nombre trascendió fronteras y los escenarios y empresarios del mundo la reclamaron.

Rubia, blanca, de ojos azules, fascinaba a los hombres por su belleza, naturalidad y sensualidad. Llega en octubre de 1886. Su arribo en barco a Valparaíso fue apoteósico. Viajó en tren a Santiago. Miles de personas le aguardaron en la estación, respetables señores sacaron los caballos de su coche para arrastrarlo hasta su hotel. En Santiago ofreció ovacionadas funciones. El Teatro Municipal de Santiago pagó quince mil pesos oro por sus actuaciones. Una fortuna.

Los caballeros talquinos debaten la idea de traerla. El monto del contrato se reúne rápidamente. Una delegación viaja discretamente a Santiago para “observar” el espectáculo de la actriz. A última hora se incorpora el cura párroco Miguel Rafael Prado.

Las damas católicas locales no miran con buenos ojos su presencia en Talca. Menos aún aprobaron los desbordes de los hombres que hacían demostraciones poco edificantes de su atracción por la diva, de esplendorosos cuarenta y dos años.

El 14 de octubre de 1886, coincidentemente, se funda la “Unión Católica de Señoras”, cuyo objetivo central era “el fomento de los intereses católicos del pueblo”. Se dice que si Sarah actúa en el Teatro Municipal, el local después “debe ser bendecido”.

El administrador del Teatro Municipal, Salvador Peralta, telegrafió al representante de la actriz, Luis Ducci, ofreciendo el recinto gratis. Este agradeció la gentileza, pero no resolvió nada. Don Salvador recibe un duro reproche por su “pecaminosa actitud”.
En definitiva, el círculo de la actriz llega a acuerdo con Talca. La diva ha dejado a Santiago en llamas: viste ceñidos pantalones, asiste a las carreras, pasea su ondulante figura por las calles capitalinas, en el Club de la Unión enciende en sus labios el puro de un embobado admirador y luego se lo ofrece.

La líder feminista Dra. Belén de Sárraga, su visita a Chile y Talca en 1913 fue resistida por elementos conservadores, debido a sus avanzadas ideas sobre la libertad y derechos de la mujer.

En Talca las damas están en pie de guerra. Uno que otro varón también. Se dice que la estatua de la Victoria yace olvidada y se gasta plata en “esa mujer”.

La ciudad se ornamenta, se ponen luces de enormes velones. Sarah Bernhardt llega a Talca en un tren especial con una compañía de veinte bellas chicas y tres carros de equipajes el 2 de noviembre de 1886. Una multitud, autoridades, colegios y gentes de todos los pelajes la reciben tumultuosamente. Se aloja en el Hotel Peralta. A esa hora, algunas señoras rezan en los alrededores del Teatro.

Pero, súbitamente, las damas talquinas cesan sus comentarios. La diva actuará en el Municipal en tres días, el 6 de noviembre. Todas buscan en las tiendas las sedas, colores y modelos de los trajes que visten las francesas. Las modistas trabajan día y noche. Las primeras filas y balcones del teatro se venden en media hora. Sólo hizo una presentación y no hubo otra “para el Club Talca”, como dice el sitio Web del Teatro Municipal.

A las ocho y cuarto del sábado 6 de noviembre, Sarah aparece tras los cortinajes. Un aplauso enorme, atronador, inédito en ese recinto, se oye por largos minutos. La actriz interpreta la “Dama de las Camelias”. Domina el escenario, brillan sus ojos azules. Como lirios, a su lado se mueven las esbeltas niñas. Talca llega a lo sublime. Se han olvidado temores o pecados.

Al día siguiente hombres y mujeres, en especial las más jóvenes, se sienten inspiradas por la diva francesa. Si sólo varones la recibieron, ahora son innumerables damas talquinas las que tratan de tocar sus vestidos, aspirar su perfume o recordar su peinado. Al mediodía del 7 de noviembre, Sarah se aleja de un Talca muy distinto al que había llegado. Antes, ha lanzado un beso a los embobados caballeros.

El escritor español Vicente Blasco Ibáñez en su visita a Talca de 1909, probablemente en el recinto del Club Talca, que fue su anfitrión.

LA VISITA DE VICENTE BLASCO IBÁÑEZ, SOCIALISTA Y MASÓN
En noviembre de 1909 llegó a Chile el novelista español Vicente Blasco Ibáñez. Dictó diversas conferencias con enorme afluencia de público. Es uno de los acontecimientos trascendentales de aquel año en el preámbulo del Centenario.

No obstante ser socialista y masón, diversos círculos talquinos iniciarán gestiones para traerlo a la ciudad. El Club Talca hizo los primeros contactos, seguido, en menor escala, por el Centro Español, quien reclamó mejores derechos. Blasco llegaba en un momento expectante de su carrera: sus obras circulaban ampliamente por América; como si lo anterior fuera poco, su nombre sonaba para el Nobel.

El célebre escritor, sin embargo, exhibe un “currículo” más agresivo que el de la Bernhardt: era anticlerical insobornable, pertenecía a la logia masónica, estaba en lista de excomunión y para colmo, había seducido a la bella chilena Elena Ortúzar Bulnes, esposa del millonario Luis Elguín Rodríguez, a quien conoció mientras su marido era diplomático en Madrid y la hizo su pareja. Con ella se pasea del brazo por los salones capitalinos. Pero los socios del Club no consideraron estos inquietantes antecedentes del escritor. Tampoco importó (de nuevo) la escandalizada reacción de las señoras.

Frontis del Teatro Municipal de Talca, en 1967, un año antes de su demolición.

El 18 de noviembre de 1909, a las dos de la tarde, en un carro especial agregado al tren, llegó a Talca Vicente Blasco Ibáñez. Ese mismo día estaba fijada su conferencia en el Teatro Municipal, a las ocho y media.

Dos mil personas esperaron al escritor en el andén. Un entusiasta aplauso le dio la bienvenida. A nombre de la sociedad talquina habló don Manuel Tomás Vergara y don Santos Martínez por la colonia hispana, todo en medio de empujones y esfuerzos por mantener el orden. Casi perdido quedó el discurso de Domingo Araya por los obreros, que el literato oyó a medias. Se hospedó en el Hotel Talca.

Pero su charla en el Teatro Municipal (lo presentó el rector del Liceo Enrique Molina) fue seguida por un absorto público. Con presencia escénica, intercalando frases ingeniosas, (y uno que otro castizo “garabato”), encantó a todos.

El diario católico “La Libertad”, que guardó silencio con Sarah, fue duro en contra el rector del Liceo Enrique Molina: calificó a la novela “Entre Naranjos” de Blasco como “pornográfica” y llamó a los padres de los alumnos a revisar los pensamientos de Molina como educador, por cuanto sostenía “La inmoralidad como bandera”.

Teatro Regional del Maule.

LA LIDER FEMINISTA BELEN DE SÁRRAGA
A principios de 1913 visitó Chile la primera líder feminista de Europa, la médico española Belén de Sárraga. Defendía la igualdad de la mujer en lo más elemental. Era la época en que, desde ámbitos religiosos, se acusaba a la mujer de ser “la puerta del infierno”, negándosele el derecho a “enseñar, juzgar o ser testigo”. En Santiago, como sucedió con la Bernardth, los caballeros llevan su coche desde la estación al Hotel Oddó, donde se hospeda. Círculos intelectuales aplauden su lucha en favor de la igualdad de la mujer, pero la “Revista Católica” le enrostra “ser divorciada”, “mujer sin hijos” y andar “sola por el mundo”. Dicta varias conferencias y se le invita a Talca.

Pero esta vez el Teatro Municipal no le abre las puertas y debe hablar en el enorme patio del Liceo de Hombres, ubicado en esa época en calle Tres Oriente con Uno Sur. Su afirmación más tajante es: “La mujer está atrofiada, está enferma por la dominación patriarcal”.

En la calle se trenzan a golpes partidarios y adversarios de la conferencista. Se pide la excomunión para los que la invitaron. De aquí sigue a Chillán, Concepción, Temuco y Valdivia donde es oída por grandes multitudes. De inmediato en Chile se inician presiones para otorgar el derecho al voto femenino.

Tras diversas discusiones, el Municipio de Talca resolvió, en 1967, demoler el edificio del Teatro que venía de 1874, lo cual se efectuó un año después. En su lugar, se levanta el actual inmueble inaugurado el 2 de noviembre del 2005.

Jaime González Colville
Academia Chilena de la Historia

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