Solidaridad, el valor que nos sana

Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: <>. Pero Jesús les dijo: <>. Ellos respondieron: <>. << Tráiganmelos aquí>>, les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños (Mateo 14, 13-21).

Estamos en agosto, y seguramente muchos recordarán que se le llama el Mes de la Solidaridad. No es poca cosa tal denominación ya que el Padre Hurtado, a quien recordamos el dieciocho de este mes por su Pascua, después de una fulminante enfermedad; ha sido declarado un Padre de la Patria del siglo XX. Está a la altura de los próceres que recordamos en las efemérides de los colegios y en las plazas de nuestras ciudades. Su lucha fue mucho más que darle un poco de pan a los pobres. No fue un asistencialista, un bonachón que era engañado por algunos en las esquinas para sacarle unas monedas. Fue un hombre muy consciente de la realidad, sus doctorados en sociología y en educación lo hacían un contemplativo del tiempo en el cual le tocó vivir. Es por eso, que al igual que Jesús no tenía otro objetivo en su vida más que el Reino. Aquel en el cual cada hombre y mujer entra porque ha confiado en el Señor de la vida.

La gente que sigue a Jesús y que sigue al Padre Hurtado, discípulo del Señor, seguramente cree que es únicamente pedir y todo le llegará de inmediato mágicamente. Pero el texto de hoy nos dice que ante el hambre de la gente no basta un milagro para darle a todos comida que sale de algún lugar mágico en su capa o cae del cielo. Jesús impulsa a los discípulos, que esperan deshacerse de los molestosos pobres a que ellos mismos les den de comer. Seguramente conocemos harta gente así, que se hace a un lado enviando a los pobres a golpear ciertas puertas, hacen caridad con lo ajeno. No es la forma de actuar de Jesús que siente profundamente la situación de los pobres que le siguen. Los mueve a disponerse en una actitud solidaria. A compartir lo poco que tienen. El corazón abierto de un joven con dos peces y cinco panes provoca un milagro mayor, tanto que sobran doce canastas llenas. Lo que creían imposible los Apóstoles, se hace realidad, porque un corazón que se convierte a Jesús crece en humanidad. Le duele el dolor de los otros y eso trae consigo desprendimiento, solidaridad.

Durante este mes estamos invitados a conocer y vivir esta palabra. Estudiaremos la Doctrina Social de la Iglesia, que en veinte siglos se ha ido construyendo para que los hombres y mujeres de todos los tiempos puedan hacer concreto el amor del Padre. Que no se queda solo en palabras y en actos cultuales y rituales, sino que se vive en lo diario. La solidaridad es estudio consciente para ser el mejor médico, el mejor agricultor, el mejor policía, el mejor padre o madre porque siempre piensa en el bien de los demás, como lo hace Jesús. Por lo tanto, supera el asistencialismo, la solidaridad construye hombres y mujeres nuevos. Como dice nuestro lema del mes de la “Solidaridad, el valor que nos sana”.

P. Luis Alarcón Escárate
Vicario de Pastoral Social y Talca Ciudad
Párroco de Los Doce Apóstoles y Capellán Santo Tomás Talca

1 Comentario

  1. Usted habla sobre..padre Hurtado….y firma…padre Luis Alarcón…Que no sabe que Jesús ordenó » No llamen padre a
    nadie sobre la Tierra..» ( Mateo 23: 9) ? Hay que obedecer ;
    O en lo espiritual hacemos las cosas a nuestra pinta?

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