Series: Juegos macabros

“La Jauría”, serie chilena que se exhibe en Prime Video, cuenta la historia de una estudiante desaparecida, líder feminista, víctima de abuso de un grupo secreto de hombres. Mucha violencia de género y un puzzle policial por resolver en ocho episodios

La serie está basada seguramente en hechos ocurridos en España en el 2016, durante la fiesta de San Fermín, cuando un grupo de hombres denominados “La Manada” realiza inimaginables abusos en contra de una mujer.

Participan muchos actores nacionales reconocidos en diferentes films, series y teleseries, más el liderazgo de la productora Fabula de los hermanos Larraín, responsables de “La mujer Fantástica”, “No” o “El Club”.

La serie reúne voluntades para adentrarse en temas muy complejos como la misoginia, el feminismo y la injusticia que rodea muchos casos que vemos a diario en la vida real.

Blanca es una estudiante de un colegio católico acomodado de Santiago que ha desaparecido. Los dardos apuntan a un profesor de actuación del establecimiento que disfruta grabando clases privadas con las alumnas. Desde ese momento las escolares recurren a la toma del colegio, y se encuentran con la oposición de la dirección y algunos apoderados que quieren que sus hijos vuelvan a clases.

La policía civil, comandada por 3 mujeres detectives, va tras la pista de un grupo que utiliza juegos en línea donde se marca a mujeres y se las somete a un juego de machos oscuros. Un puzzle policial con hartos vuelcos, pero que se pierde un poco en algunas inverosimilitudes con varios clichés del género de suspenso y algunos errores no forzados que restan algo de credibilidad.

A favor de esta serie esta su nivel de producción, aceptable nivel actoral, buenas locaciones, la fotografía y la dirección de realizadores argentinos liderados por Lucía Puenzo.

Los aspectos negativos quizás son mayores. Primero, me costó conectar con ciertos personajes, a cargo de actores que han circulado en las mismas y exitosas películas del cine chileno, como Daniel Muñoz, Antonia Zegers, Luis Gnecco, Alejandro Goic, Alfredo Castro o Amparo Noguera, tantas veces vistos. Sin poner en duda su capacidad actoral, es un tema a considerar su sobrexposición en realizaciones nacionales.

Otro asunto es ver a actores de casi 30 años interpretar a alumnos de cuarto medio, y que una de esas alumnas pueda ser más astuta que toda la sección informática de la PDI.

Se agregan varios problemas de continuidad como, por ejemplo, vidrios cerrados de autos que aparecen abiertos en la toma siguiente y que se vean camarógrafos en reflejos de vidrios. Sin duda, a un ojo más experto, le pueden parecer aspectos poco prolijos.

Lo otro, el absolutismo de que todos los hombres que aparecen son misóginos, machistas o simplemente ocultan secretos macabros. Se suma el hecho que la historia se sitúa en un colegio acomodado del barrio alto de Santiago, recordando lo ocurrido con el caso Larraín, estigmatizando más a ciertos nichos sociales. El feminismo está lleno de clichés, pareciendo un simple panfleto por momentos, cuando es algo mucho más profundo e importante.

De igual forma, entretiene y siempre se agradece el contenido nacional que se la juega.

David Lizana Barros

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