Sergio O. Jarpa y su maulina chilenidad

Las palabras “orden y trabajo” fueron las más reiteradas por Sergio Onofre Jarpa Reyes, fallecido el pasado 19 de abril cerca del siglo de vida

publicado por

Avatar
26 de abril de 2020
102
El 10 de agosto de 1983 Sergio Onofre Jarpa juró como ministro del Interior del régimen militar.

La primera vez que hablamos, a fines de la década los setenta, lo hizo para comentar un artículo que publiqué sobre la guerra civil de 1851 que terminó cruentamente en los campos de Loncomilla, el 8 de diciembre de ese año. “Mire –me dijo, con la mirada huidiza y la voz calmada y profunda que le caracterizaba– en esa ocasión se ordenó el país y los gobiernos se sucedieron en paz social. Chile progresó y pudo enfrentar la guerra contra Perú y Bolivia con éxito”.

Por esos días fuimos a las casas de Reyes, aún en pie y las de Chocoa en Villa Alegre. Me sugirió publicar el libro sobre esa acción (“Si usted quiere, yo le hago el prólogo”, expresó) y señalizar con una piedra conmemorativa el lugar, un tanto olvidado para las generaciones de hoy. Dijo que invitaría a don Francisco Bulnes Sanfuentes, descendiente del General Bulnes, quien defendió el gobierno de Montt en esa batalla.

Pero además, Jarpa recorría Chile, ajeno a las prohibiciones de actividades políticas que impuso el régimen, para armar un partido político que, en un principio se denominó Frente Nacional del Trabajo y que desembocó en Renovación Nacional de hoy. Era adversario absoluto de los afanes de los gobernantes por perpetuarse en el poder; creía a pie firme en las elecciones y ello lo alejó de Jaime Guzmán y su proyecto de “democracia protegida” y de lo cual hay memoria en un épico desencuentro.

Durante la Unidad Popular, Jarpa fue adversario sin matices del gobierno de Allende. Estaba cierto que la desestabilización económica sería la principal consecuencia de la política impuesta por esa coalición. Una tarde, sin embargo, me manifestó que si Allende hubiese sido de derecha “o de centro a lo más”, habría sido Presidente las veces que lo quisiera y que su oratoria y carisma eran difíciles de encontrar en los líderes del momento.

Al academicismo de Sergio Diez, o la argumentación legalista de un García Garcena o Jaime Guzmán, Sergio Onofre Jarpa opuso un lenguaje combativo, ingenioso y a veces de dolorosa contundencia. Con posterioridad a las elecciones parlamentarias de 1973 coincidieron en un foro televisivo Sergio Onofre Jarpa y Sergio Diez, recién electos senadores del Partido Nacional, Orlando Millas, comunista y ministro de Economía, Fomento y Reconstrucción, y Aníbal Palma, radical y secretario general de Gobierno. Jarpa y Millas se trenzaron en un fuerte debate por el resultado de las elecciones. Millas hizo algunas imputaciones por los atentados y Jarpa se pone abruptamente de pie y enfrenta a su interlocutor: “No mienta señor, usted no tiene derecho”. Millas también se incorpora y las palabras suben de tono, El moderador queda atónito. Finalmente las cosas se aquietan y el foro continúa. Aníbal Palma, muy delgado, se dirige a Jarpa para rebatir algunos de sus conceptos, pero éste le corta de plano: “Esta es pelea de perros grandes, no de quiltros”. Sin embargo, en la grabación de este episodio que circula en las redes, esta parte fue expurgada.

Aylwin y Jarpa, figuras claves de la transición del régimen militar a la democracia.

MINISTRO DEL INTERIOR DE PINOCHET.
El 10 de agosto de 1983 juró como ministro del Interior del régimen militar. La resistencia crecía y días después de asumir, una violenta revuelta en las calles de Santiago dejó varios muertos de lo que se le ha inculpado injustamente. De inmediato se contactó con los líderes de oposición para conversar y dialogar. La jerarquía católica ofreció sus dependencias y ese sólo acto de Jarpa aplacó un ambiente peligrosamente tensionado. Él recordaba una anécdota de las primeras reuniones con los representantes de las tiendas ideológicas. Gabriel Valdés, con la apostura y presencia que le caracterizaba, abre la reunión con una frase fuerte y contundente: “Yo hablo en nombre del noventa por ciento de los chilenos”, para referirse luego a la necesidad de democratizar el país y abrir espacios. Al intervenir Jarpa, inicia su discurso con esta frase: “Yo quiero hablar en nombre del diez por ciento de los chilenos que me dejó don Gabriel y de los cuarenta generales de la república”.

Pero los esfuerzos del ministro no lograron el apoyo de Pinochet y el 12 de febrero de 1985 renunció a sus funciones. Pero ya no fue un militar quien ejerció esas tareas, asumiendo Ricardo García Rodríguez. Sin embargo el plebiscito ya estaba en el horizonte.

EL PLEBISCITO
¿Cómo votaron en este proceso varios líderes de la derecha? Si bien es cierto, muchos alzaban los pulgares para indicar su adhesión al famoso “SI”, en lo íntimo de sus conciencias estaban claros del delicado proceso que se enfrentaría de triunfar esa opción.

Días antes, con la chaqueta azul que usaba regularmente en el campo, don Sergio llegó al municipio, a la estrecha oficina que yo ocupaba. No estaba muy convencido de lo que se venía, pero recuerdo sus palabras premonitorias: “Mire (siempre iniciaba sus diálogos con ese término de llamado de atención) si gana el “SI”, este caballero (Pinochet) va a gobernar hasta 1997, pero con un congreso en contra y todos los partidos políticos en plena acción. Tenga la seguridad que van a parar el país con huelgas y puede venir otro instante crítico, similar al de 1973. Y de eso sí no vamos a retornar”. Su teoría era que triunfara el “NO”, ejerciera la presidencia alguien moderado, (Aylwin era su figura más adecuada) y recompusiera confianzas, resolviera el tema de los derechos humanos y fundamentalmente la adhesión de las fuerzas armadas. No tuvo vacilación, en consecuencia, para reconocer prontamente el triunfo del “NO” la noche del 5 de octubre de 1988, advirtiendo al subsecretario del Interior Alberto Cardemil que no “se fuera a prestar para leseras”.

Por ello no debe extrañar que el ex Presidente Aylwin le agradeciera su apoyo (Jarpa fue senador por el Maule electo en 1989 con el 35.16% de los votos, superando por cinco puntos al representante de la Concertación Mario Papi). Según nos refirió el propio ex mandatario, con quien conversamos en 1996, Jarpa incluso respaldó sus leyes más emblemáticas, como la de Verdad y Reconciliación, conocida como Comisión Rettig.

UN CUCHILLO EN CRUZ
En diciembre de 1985, realizamos el homenaje a la batalla de Loncomilla en Villa Alegre. Desde luego vino Francisco Bulnes y las autoridades de la zona. Se editó mi libro sobre ese tema (en papel mimeógrafo) y don Sergio elaboró el prólogo. Estaba en esa tarea una tarde en el comedor de mi casa, cuando mi hijo, de dos años, cae de bruces y se golpea la frente. Jarpa aconseja de inmediato a mi esposa: “Un cuchillo en cruz evita el chichón”, emergiendo el hombre de campo que llevaba en su alma. Las mismas bayonetas cruzadas diseñamos, junto con él, en la piedra que aún existe en las casas de Chocoa, en recuerdo de la contienda. Después de la ceremonia, discretamente, para evitar a la prensa, nos dirigimos con Francisco Bulnes hasta las casas de Reyes en donde el General de la Cruz instaló su cuartel general. Pero más aún, ambos manifestaron su deseo de conocer las escarpadas riberas del río Loncomilla, donde se desbarrancó la caballería de De la Cruz. Para estar lo más cerca del hecho, los dos pidieron bajar hasta las orillas del cauce, lo que lograron, quien escribe ayudando a don Sergio y un oficial de Carabineros a don Francisco, entre resbalones y esfuerzos.

UN CHILENO
Un día, en Santiago, lo vi saludar con una leve inclinación de cabeza a Volodia Teitelboim. Eran dos ideas antagónicas que se encontraban en un instante de civismo.

Don Sergio Onofre Jarpa fue un ciudadano ejemplar del Chile profundo. Aunque hoy parezca extraño, muy joven se opuso a la ley de defensa de la democracia que marginó de la vida cívica al Partido Comunista en el Gobierno de González Videla y fue parte del complot que intento derrocar a este mandatario. Era respetuoso de las instituciones, de las tradiciones y de la grandeza de esta tierra. Por eso le molestaba la discusión intrascendente y la gente de ideas no claras. Tal vez pensó llegar al sillón de la Moneda, pero nunca antepuso esa convicción en las tareas que emprendió. Abrió una senda en la resurrección democrática del país y no le preocupó el alto precio que la historia pueda hacerle pagar.

Si de mí hubiese dependido, lo habría sepultado envuelto en la bandera chilena, como a los antiguos próceres del pasado.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here