Se agrava crisis en el Mataquito

Con esa versión de que no es sequía, se pretende tapar el sol con un dedo, mientras hace cada vez más calor, los ríos bajan y los hielos se deshacen para siempre.

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11 de febrero de 2020
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La aguda sequía que este año nuevamente afecta al Maule tiene, sin duda, distintas expresiones. Una de ellas es la amenaza constante de incendios forestales, debido a la baja humedad; otra es la falta de agua casi endémica en sectores como el secano costero, donde los pozos se secan y las personas deben abastecerse con camiones aljibe.

Pero otra expresión igualmente relevante y preocupante ocurre en el mundo agrícola, en específico, por el bajo caudal de los ríos. En este contexto, la situación más dramática se vive en la provincia de Curicó, en gran medida, porque la cuenca del Mataquito no cuenta con infraestructura de embalses para acumular el vital elemento.

A ello se suma que dicho afluente tampoco cuenta con una administración lo suficientemente asentada y con equipamiento técnico. En la práctica, sumado a la escasa capacidad de fiscalización de la autoridad, lleva a que en ese afluente no exista un orden que permita hacer subsistir a todos con el escaso recurso disponible.

No ocurre lo mismo en las provincias de Talca y Linares, donde sus principales afluentes cuentan con embalses. Esto permite no solo guardar agua en invierno para descargar en verano, época del riego agrícola, sino también generar energía con este recurso y, además, otorgar cierta seguridad al mundo agrícola.

Ahora, en el caso específico del Mataquito, se suma otra expresión de la sequía, con la muerte de peces en un punto específico del río. El incidente llamó a la memoria lo que ocurrió hace más de diez años, pero ahora el escenario es diametralmente distinto, porque la aludida planta de celulosa lleva casi dos meses sin operar.

Es decir, ahora las causales apuntan a fenómenos más complejos que simplemente una descarga indebida de residuos líquidos industriales. Ya no es tan fácil, porque ahora habrá que hacerse cargo como Estado y como país, de que los peces mueran por la falta de agua y de visión de quienes en el pasado solo hicieron burocracia.

Como sociedad sabíamos hace años que el cambio climático era un fenómeno creciente, que no se detendría por cuestión de magia y que sus efectos serían más y más graves. Pero, hubo algunos que optaron por mirar hacia el lado, para seguir consumiendo combustibles fósiles y gastar agua como si nunca se fuera a acabar.

Sin embargo, ahora que estamos a las puertas del racionamiento, en especial, en grades ciudades o zonas costeras, los chilenos comenzamos a mirar hacia atrás y a exigir responsabilidades. Otros, los más populistas, comienzan a apuntar con el dedo al primero que se cruce, sin ninguna autocrítica como líderes políticos.

Porque claro, es más fácil salir a la gente con el discurso de que las empresas tienen la culpa o que alguien se estaría literalmente robando el recurso. Con esa versión de que no es sequía, se pretende tapar el sol con un dedo, mientras hace cada vez más calor, los ríos bajan y los hielos se deshacen para siempre.

En este sentido, como país privilegiado en cuanto a la disponibilidad de agua en la zona centro sur, debemos ser responsables y mirar siempre hacia adelante, buscando soluciones que sean de largo plazo, aunque no les guste a los que viven del populismo. Ese es el camino difícil y largo. Quizás todavía estamos a tiempo.

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