Sabores venezolanos que conquistaron Talca

La difícil decisión de dejar su patria rondó en su cabeza por “bastante tiempo”, pero tras extinguir todas las posibilidades de progreso en su tierra natal, la venezolana, Yeimileth Salcedo, emprendió un largo viaje cuyo futuro -aunque incierto- sería mejor del que le esperaba en el país caribeño

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Con una maleta “medio dañada”, pero lo suficientemente grande para cargar sus sueños, un domingo 10 de diciembre del 2017, Yeimileth Salcedo -oriunda de la ciudad de Barquisimeto, Estado Lara, región ubicada en la zona centro occidente de Venezuela- le dijo adiós a su familia. Nunca antes una decisión había sido tan difícil, como alejarse de su madre y su hijo, donde quedó “parte de su corazón”.

Junto a su suegra, comenzó el viaje en autobús. En el camino, la misma historia se repetía en el relato de todos sus paisanos que, al igual que ellas, salieron en búsqueda de las oportunidades que, por problemas políticos, su país les negó. Recorrer cuatro países en nueve días fue una experiencia “realmente agotadora”. Las palabras “esperanza y terror” no salían de su mente.  “Es normal tener miedo al dejar toda una vida para empezar de cero”, dijo.

PROCESO DE ADAPTACIÓN
Los primeros tres meses en Talca fueron “bastante difíciles” para Yeimileth, pero las ganas de salir adelante le dieron la fortaleza para adaptarse. “Lloraba mucho, pero poco a poco fui aceptando mi nueva vida. Aunque extrañaba a mi familia a diario, no tenía otra opción que seguir luchando”, relató.

Una de las cosas más difíciles para la emprendedora fue adaptarse al clima, porque los extremos -entre el frio y calor- hicieron “difícil” su proceso. Cuando todo parecía ordenarse, falleció su madre y, como era de esperarse, la distancia le impidió darle personalmente su último adiós. Pese a “desplomarse sentimentalmente”, continuó trabajando arduamente, ya que “aquí no tenemos tiempo de desistir”, recordó con melancolía.

EN BÚSQUEDA DE UN OFICIO
Como profesional, graduada en Enfermería, no tenía mucha experiencia en otros oficios. En su ciudad, trabajó en clínicas y hospitales, donde se encargaba del cuidado de adultos mayores, labor que al llegar a Chile tuvo que dejar de desempeñar. En búsqueda de un oficio que le proporcionara los ingresos necesarios para subsistir en este país, se le ocurrió crear una bebida popular venezolana, siendo principalmente sus paisanos el público objetivo.

“Desde niña tomaba chicha, un producto artesanal venezolano que venden a la puerta de las instituciones educativas públicas y privadas. Siempre me gustó, pero no sabía cómo hacerla. Como la mayoría de venezolanos que llegamos al extranjero, desarrollé habilidades que no sabía que tenía, y con ayuda de mi cuñado -que es chef- aprendí a realizarla”, detalló.

Al principio, el ensayo y error fue el secreto para dar con la receta perfecta. Confiesa haber perdido unos cuantos “tobos de chicha” en el intento de crear un producto que les gustara no solo a los venezolanos, sino a los chilenos. Y así fue como -poco a poco- logró perfeccionar la típica bebida libre de alcohol a base de arroz o tallarines, con un toque de canela.

Con el paso de los meses y casi sin darse cuenta, afirma que su chicha se convirtió en la más rica y buscada de Talca. Gracias a las muestras que regalaba, comenzó a ver la buena receptividad en la clientela y, posteriormente, decidió trabajar en la feria de “Las Pulgas”, donde la cita con los clientes era cada fin de semana.

La constancia ha sido la clave para el crecimiento de esta iniciativa, que durante dos años y medio ha conquistado paladares talquinos con sabor extranjero.

 “TODO ESFUERZO TIENE RECOMPENSA”
A sus 35 años y tres de haber llegado a Talca, asegura que ha podido independizar sus finanzas. Gracias a sus buenas ventas, pudo traerse a su hijo, Marlon Pérez, estabilizarse y ayudar a su familia, motivo por el que agradece el apoyo que la ciudadanía le ha brindado con su producto, el cual pasó de desconocido a ser buscado por los chilenos.

Motivada con este logro, nació su otro emprendimiento, en este caso, una preparación de “pollos asados al estilo venezolano”, ventas que -al igual que la chicha- han reflejado ganancias positivas. Hoy en día su sueño es mayor, porque junto a su esposo y principal apoyo, Yorbi Carrero, espera poder materializar un espacio físico y “montar su negocio” especializado en pollos, además de una cafetería ocasional donde “la reina sea la chicha y un pedacito de Venezuela en cada mesa”.

ANTE LA PANDEMIA
La emprendedora detalló que, si bien la meta siempre fue “no parar”, actualmente ha disminuido el ritmo de trabajo por la pandemia. Pese a esto, no pierde la esperanza de seguir adelante cuando todo se estabilice, con nuevos proyectos, como lo ha venido haciendo desde que llegó a Chile.

Las redes sociales han sido aliadas de su emprendimiento, ya que a través de ellas ha podido seguir activa en sus ventas, ofreciendo servicios de delivery, para evitar que su clientela salga de casa. Además, espera continuar vendiendo en las calles del norte de la ciudad, tomando las precauciones recomendadas para proteger su salud y la de todos los compradores.

Espera que su ejemplo de lucha pueda motivar a otras mujeres a salir adelante, pese a cualquier crisis o dificultad que puedan estar atravesando, como ella lo asegura. “Siempre es posible emprender. Los sueños se materializan cuando nunca te das por vencido y lo sigues intentando pese a los fracasos”, puntualizó.

Instagram: nawaraemixtura

 

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