Roberto Pizarro, hidrólogo: “La buena gestión del agua es un factor de seguridad nacional”

La crisis hídrica en Chile es evidente. Lo demuestran las estadísticas y, fundamentalmente, la precariedad que deben vivir diariamente muchas personas.

Investigaciones relacionadas con las lluvias, los caudales de los ríos o la modelación matemática de la erosión, han llevado al profesor Roberto Pizarro a ser reconocido como uno de los hidrólogos más importantes del país.

También encabezó un grupo de investigadores pertenecientes a diversas universidades que acaban de demostrar que en zonas de clima mediterráneo como Chile, las relaciones entre las masas forestales y la distribución del agua es positiva.

Por ello, en el marco del Día Mundial del Agua (hoy 22 de marzo), su análisis es relevante, por cuanto señala que “este recurso fundamental presenta situaciones preocupantes para Chile”. Para el profesional, “a un altísimo consumo de agua, se suma la escasez por falta de lluvias y un cambio climático, todos factores que determinan una situación preocupante que es parte del futuro del país”.

En medio de esta pandemia, el mundo celebra el Día Mundial del Agua. ¿Qué característica especial posee este recurso natural para Chile?
“El agua en un país como Chile, se alza como el recurso natural más importante del país, sobre el cual descansa el grueso de la principal estructura productiva de bienes y servicios. Esto significa que es necesario considerar al agua desde la necesaria puesta en marcha y ejecución de diversos procesos productivos relativos a la minería, forestal, agricultura, turismo energía, entre otros, hasta el agua necesaria para la mantención de la vida de las personas y los ecosistemas. Y esto significa que los recursos hídricos manifiestan una problemática particular, por tratarse de un elemento vital y el cual cruza todo el accionar de la sociedad. Y eso si no lo entendemos, es que no estamos tomando en cuenta un factor central de seguridad nacional, porque la buena gestión del agua es un factor de seguridad nacional, así como lo es controlar la pandemia de coronavirus”.

¿Es verdad que los consumos de agua en Chile han crecido muy por sobre la capacidad de nuestros ecosistemas?
“En Chile, los consumos de agua se han incrementado en casi tres a 3,5 veces desde el año 1990 a la fecha, misma proporción en que ha crecido el Producto Interno Bruto de Chile. Como ese PIB depende de sectores clave para la economía como los ya señalados, y esos sectores dependen del agua, la pregunta a futuro es, ¿tendrá Chile la disponibilidad de agua necesaria para seguir constituyéndose este recurso natural en la base del crecimiento económico del país? Y la respuesta es que si hace casi tres décadas esa respuesta era positiva y no se preveían dificultades con respecto a esta situación, en la actualidad esa misma respuesta al menos genera dudas.

¿Por qué? Porque existe una constatación de un escenario más restrictivo, de la evidencia de un incremento en los consumos que supera lo imaginable, y como si eso fuera poco, la presencia de escenarios de incertidumbre climática, representados por fenómenos de variabilidad y cambio climático, los que hacen augurar, al menos en el corto plazo, escenarios aún más restrictivos en torno al agua. A esto se suman el crecimiento de la población y las mayores demandas por contar con un medio ambiente libre de contaminación”.

Entonces, la pregunta que surge en este escenario es ¿qué modelo ha utilizado Chile para enfrentar una situación crítica?
“El modelo utilizado ha pasado por establecer y propiciar una competitividad durísima entre los actores productivos, que en muchos casos no ha respetado las capacidades singulares de los ecosistemas. Esa competitividad ha determinado que cada actor considere que está solo en un escenario altamente individualista y como tal su éxito pasa por la destrucción o laceración importante de sus rivales, con el fin de apropiarse de las ventajas que da el mercado. Y ello implica solo considerar un afán económico, sin considerar la sustentabilidad del medio ambiente y de los propios sistemas productivos. Y la consecuencia es que un elemento que se consideraba infinito, que nunca lo fue, nos dice en la cara que es finito y muy limitado”.

El profesor y experto en Hidrología, Roberto Pizarro, manifiesta una abierta crítica a la baja destinación de recursos para la investigación asociada al agua en el país.

¿Cómo evalúa el actuar de los distintos sectores productivos en la gestión del agua?
“Todos han tenido avances importantes, pero que creo no son suficientes porque abordan la problemática desde sus propias ópticas y adolecen de una mirada integral. Pero en el caso de las sanitarias, hoy frente al Covid-19 podemos decir que nos lavamos la cara y las manos con la seguridad de obtener un buen lavado por la calidad del agua. Y también tenemos la seguridad de que las aguas servidas ya no las tiramos a los ríos contaminando la naturaleza.

En el país y llevándolo al Maule, tenemos un 100% de cobertura de agua potable de calidad y, por lo que entiendo, se está terminando la planta de Iloca que nos llevará al 100% de cobertura de aguas servidas tratadas en zonas urbanas. Y esto es un logro muy relevante por lo que significa para las enfermedades que transmiten las aguas servidas. En el caso de la minería se ha reducido el uso del agua por tonelada de mineral tratado hasta en un 70%, pero hay un desafío muy grande en definir los impactos de la contaminación en la calidad de las aguas y especialmente en la pequeña minería.

También debe estudiarse el caso de los glaciares y el impacto de la minería en los mismos. En el caso de la agricultura, se ha avanzado en sistemas de riego eficiente, pero se debe evaluar cuánto ha impactado esa eficiencia en la distribución de las aguas subterráneas. Así también la agricultura debe definir los impactos por contaminación que muchas veces no son evaluados al detalle.

En el caso de forestal, debe definir el real impacto sobre la redistribución de las aguas en el ecosistema que hacen las plantaciones con especies exóticas, pero también las con especies nativas, aunque es sabido que es altamente preferible contar con vegetación boscosa en climas mediterráneos en donde llueve en invierno. Y en el turismo se debe evaluar cómo este contribuye a la contaminación de las aguas y a preservar el cuidado de los ecosistemas naturales. Esto es entre otros muchos desafíos que nos están demandando un accionar más robusto con respecto al agua”.

¿Cuáles son los principales problemas que el país enfrentará con respecto al agua?
“Un problema central es la falta de inversión en ciencia y tecnología en torno al agua. En ciencia y tecnología el país invierte 0,38% del PIB, lo que es muy alejado del más de 2% que invierten los países de la OCDE. Pero en el agua se invierte, escríbalo bien por favor, 0,002%, lo que es una vergüenza y una falta de consideración con el recurso natural que representa el 60% del PIB. A modo de ejemplo, la minería representa el 14%. Si no hay conocimiento, no hay eficiencia de las políticas públicas y eso lo muestra dramáticamente el Covid-19.

El segundo gran problema es que el escenario climático cambió y los nuevos marcos apuntan a una reducción de las precipitaciones en el futuro. Un tercer aspecto es el aumento desmesurado de las demandas de agua, lo que no es sustentable al largo plazo. Y el cuarto problema y el más relevante, es la carencia de una gestión integrada que dé cuenta de las capacidades para gestionar, de una legislación que no se condice con las demandas del sistema actual y de la presencia de demasiadas instituciones relacionadas con la gestión del agua”.

¿Qué hacen y qué pueden hacer las universidades como la Universidad de Talca, donde se desempeña?
“Nosotros desarrollamos investigaciones con recursos públicos que cada vez están más escasos y algunas otras con recursos privados de algunas empresas que han entendido el valor de la investigación aplicada. Pero somos una universidad pequeña y en comparación a las grandes de la primera división, poseemos muy pocos recursos.

Hacemos lo que podemos y bastante más que eso con el escaso apoyo que tenemos. Así hemos estados descifrando enigmas hidrológicos, a menos en parte y eso sabemos que contribuye al bienestar de las personas más vulnerables. A modo de ejemplo, conseguimos aportar un modelo exitoso para el diseño y construcción de sistemas de captación de aguas lluvias, los que han otorgado agua de calidad a pobladores rurales de escasos recursos y eso nos enorgullece.

En profesionales, la Universidad de Talca podría formar ingenieros hidrólogos, una carrera del presente y más del futuro. Necesitamos especialistas en el agua y así lo han demostrado países como Estados Unidos y Alemania. La Universidad de Chile está haciendo un esfuerzo interesante de la mano del rector Vivaldi y serán al parecer la primera universidad en formar hidrólogos de pregrado para Chile”.

Un nuevo óptimo

¿Qué nos queda por hacer como país en relación al agua?
“El agua y sus demandas en las cuencas de Chile, algunas con mayor urgencia, demandan y demandarán una visión de conjunto y una actuación también de conjunto. En términos económicos, en algunas zonas se estaría en torno al óptimo de Pareto, esto es que la mejora de uno de los actores, ambiental, productivo o de servicios, definirá necesariamente una situación de desmedro de un tercero. Y eso es fácilmente verificable en zonas en donde el agua no alcanza para el uso doméstico, aunque se está utilizando para generar producción agrícola, por ejemplo.

Frente a esta situación y considerando instancias internacionales, como el derecho humano al agua, no cabe otra estrategia que intentar correr el espacio hacia un nuevo óptimo, y eso implica que existe una única forma de hacerlo de forma virtuosa, la cual está basada en la colaboración entre actores, predefiniendo los problemas que se desean superar y los objetivos que se quieren alcanzar. Colaborando entre todos, para optar a una mejor combinación de factores, que permitan sitiar el óptimo por encima del aquel que define el individualismo libremercadista.

¿Y si alguien no desea entrar en ese espacio? Entonces quedará fuera de los beneficios futuros, porque la instancia colaborativa es la más efectiva en la repartición de los recursos y la obtención de niveles cada vez más altos de competitividad. ¿Por qué? Porque en ese esquema, la suma de dos actores no es dos, sino dos y algo, donde ese algo es el resultado de la interacción entre tales actores. Y así con más actores. Dicho de otra manera, estamos obligados a colaborar entre los actores que gestionamos y estudiamos el agua, lo que plantea un desafío de proporciones, que debe ser bien resuelto, por el bien de Chile y su futuro ambiental, social y productivo”.

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