Recomendaciones para comenzar la nueva era 2020

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14 de enero de 2020
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Mayarilen Angélica del Río, Psicóloga, Magister en Psicología.

Es habitual que los primeros días del año nuevo, nos deseemos un tiempo fantástico, repleto de bendiciones y maravillas, práctica que en ocasiones es sincera y cariñosa, aunque otras son diplomáticas y por buenas costumbres. Independiente de la intención de desearnos un mejor año, desde mi perspectiva, no es el año el que tiene que ser bueno, sobresaliente y diferente, sino que tú mismo/a eres el que tiene que convertirse en un ser mejor.

Muchas veces dejamos el resultado de nuestras acciones en manos del otro, en este caso, en supersticiones para cuando marcan las 12 de la noche, o en los deseos de un nuevo año, cuestión bastante ilusoria, ya que quedarse esperando a que la magia ocurra sin haber planificado o haber entrado en acción, no garantiza que ocurran los cambios y deseos que anhelamos.

En este contexto, desde mi visión, quiero aclarar un concepto que ha sido muy mal manejado, es algo que escuchamos desde pequeños/as, pues a los adultos nos fascina inculcar y predicar, el término de: “Responsabilidad”. Esta palabra es comúnmente entendida como obligación, compromiso y muchas veces la experimentamos como carga, con cansancio y estrés. En mi caso, no fue hasta hace unos cinco años cuando me encontré con su real significado que es, “la capacidad de dar respuesta”.

Primero, la responsabilidad es una habilidad que se desarrolla y cultiva, no algo innato. Segundo, la responsabilidad es evolutiva, o sea, posee crecimiento y un estado de madurez, puesto que va junto a nuestro ciclo de vida, de este modo, se espera que a medida que vamos avanzando en edad, vamos adquiriendo una mayor destreza para dar respuesta a más y mayores demandas de la vida. Tercero, los asuntos de los que necesitamos hacernos responsables, no sólo abarcan los sucesos externos como el trabajo, el dinero, los hijos, los padres, hermanos, etc., sino que también implica hacernos responsables de nuestros estados y reacciones emocionales, decisiones, resultados, salud, deseos, sueños, forma de pensar, relacionarnos y, finalmente, de nuestra prosperidad y felicidad en la vida.

Por todo esto, quiero pedirte que sigas cultivando tu capacidad de dar respuesta, aunque más que a los asuntos formales y exteriores, que prestes más atención y forjes compromisos con tus asuntos interiores, porque esa es la fuente de los resultados exteriores. De este modo, no voy a desearte un año nuevo mejor y fantástico, sino una vida nueva, valiosa y extraordinaria.

Para ello, puedes contar con múltiples recursos que te pueden orientar y nutrir como libros y cursos de desarrollo personal, participar de grupos alienados a tus intereses, comenzar tu terapia o un proceso de coaching, realizar un viaje a culturas diferentes o un retiro de silencio que te lleven fuera de tu zona de confort. También, vale comenzar con nuevos proyectos, arriesgarse a seguir los sueños y cortar con prácticas, situaciones y relaciones que te intoxican ¡¡¡Bienvenido 2020!!!

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