¿Qué hacemos con Lavín?

La pregunta no es menor, como se dice ahora, para la derecha. Joaquín Lavín se ha ido transformando en una suerte de candidato-scout, “siempre listo” para poner su nombre en la papeleta, cada vez que el sector lo necesite. Y, pese a que los vientos auguran turbulencias, todos sabemos que estas pasarán y que la lógica electoral, especialmente la presidencial, se impondrá y los diversos sectores buscarán a sus mejores hombres (y mujeres, por supuesto), para lanzarles al ruedo.

Si sumamos la predisposición, y las ganas, de Lavín, su apoyo en las encuestas (mermado, es cierto, pero mal que mal, es el tuerto en el país de los ciegos), más el que su nombre está instalado en el inconsciente electoral, que es una “marca” conocida y que no ha parado nunca de hacer campaña en matinales, incendios y casos de perritos abandonados, estadísticamente es un candidato con cierta ventaja.

Su problema es otro. ¿Le apoyará el sector político que otrora le apoyó? Lavín ha dicho que apoya el cambio constitucional y, en ese contexto, votará afirmativamente en el Plebiscito de abril. Por otra parte, su apoyo a la causa mapuche, a la agenda de género y varias cuestiones públicas más, le han puesto en el otro lado de las posturas de su sector. Así, RN por ejemplo, en que mayoritariamente han declarado su rechazo al cambio constitucional, ¿le brindarán su apoyo en una eventual candidatura? Y su propio partido, la UDI, ¿lo haría?, considerando que la opinión casi unánime en él gremialismo es, también, la opción de rechazo, se vería extraño, por decirlo suave, que apoyaran a un candidato que no comparte una decisión tan trascendental. Por último, suponiendo que haya cambio constitucional ¿Lavín estará por la mantención de las actuales bases institucionales, la concepción de la familia, de la educación, el rol subsidiario del Estado y hasta de los símbolos nacionales, que algunos pretenden cambiar y que la derecha, que representaría, defenderá con denuedo?

Algunos suspicaces, seguramente, dirán que esto no es más que estrategia, que Lavín ha dado pruebas sobradas de adaptabilidad (fue el candidato del cambio, ¿se acuerdan?) y que no sería sorprendente que, ante la proclamación, mudara sus posturas. Pero incluso, de ser así, la duda sigue siendo válida. Algo de consecuencia habrá, digo yo. Y la derecha probablemente querrá defender a ultranza ciertos postulados que le identifican y le conforman. Por otra parte, no debe olvidarse que hay otros actores en el sector. Y que los votantes de la derecha tradicional podrían hartarse de estos acomodos y preferir un nombre más nítido, como Kast (José Antonio).

Entonces, junto a la pregunta ¿qué hará la derecha con Lavín? surge otra, tan válida como la anterior, ¿qué hará Lavín? ¿Estará dispuesto a ser un mero testimonio, buscará conciliar posturas disímiles, haciendo piruetas dialécticas, preferirá esperar que le llamen, cuando haya que inscribir un nombre conocido?

Lo único bueno para él y su sector es que, en la vereda de enfrente, hay más confusión, falta de nombres y exceso de ganas, lo cual, pese a todo lo dicho, le mantiene como una opción válida. Al menos hasta hoy, porque todos sabemos que, en tiempos convulsos, algunos liderazgos desaparecen y otros, alternativos, surgen más rápido de lo que se espera.

Por Juan Carlos Pérez de La Maza
Licenciado en Historia. Egresado de Derecho

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