Proceso constituyente

Tenemos que ver cómo aprovechamos el proceso constituyente para ir por todo», fueron las declaraciones del Alcalde de Valparaíso, Jorge Sharp, a propósito del proceso constituyente, sobre la cual agregó que con esto se refería al cambio del modelo de sociedad imperante. La malograda expresión del mismo Edil que es el responsable político de la barbarie en una de las ciudades más importantes del país, con un nivel de destrucción inaudito en el marco de una sociedad democrática, se direcciona hacia un punto importante de la problemática actual que vive nuestro país, y que estimo, no nos hemos detenido a discutir como corresponde. «Aprovechar» el proceso para «ir por todo», significa, en otras palabras, arrasar con todo lo que actualmente se tiene, botar las estructuras con la retroexcavadora del Senador Quintana, y avanzar hacia un nuevo modelo, un nuevo proyecto de modelo que sea el garante de la sociedad entera. Pues bien, vamos por parte. En esta misma tribuna, este entusiasta escritor, ha manifestado su preocupación por un conjunto de aristas de la agenda social, cultural y política, no resueltas por nuestro modelo de desarrollo, en donde nos hemos ido quedando con una economía abierta y libre, pero que en la práctica, ha errado los caminos por errores, o malas lecturas del mundo político, el que a través de una serie de acciones, ha logrado caminar hacia niveles impensados de descredito y falta de legitimidad en el espacio público. El mundo político, completamente avergonzado de muchos de sus actos, ha decidido borrar casi irremediablemente, el fondo de lo obrado desde el retorno a la democracia.

Es aquí, donde creo, se produce una discusión profunda sobre lo que está por venir, y es que una vez más, y de forma explícita, las voces extremas y radicales que están por una nueva Constitución, nos han manifestado que tienen que aprovechar de cambiar todo, de defenestrar lo que conocemos, sin decirnos, claro, cuál es específicamente el Estado que están pensando para los próximos 40 o 50 años, eludiendo así la relevancia de generar una necesaria certeza y certidumbre al eventual nuevo bosquejo constitucional. En realidad dirigiéndome a ustedes en confianza, sabemos bien hacia donde pretenden correr ciertas voces de colectividades como el Frente Amplio, por ello asola y preocupa el silencio y bochorno moral de sectores moderados, progresistas de centro izquierda, que por conveniencia o algunos votos más, han optado por proclamar consignas e ideas en las cuales muy seguramente, no creen. Estoy convencido que éstas últimas voces, sí valoran el crecimiento económico o la importante reducción de la pobreza, pero han optado por callar por el miedo a la impopularidad, errando así en las soluciones de un diagnóstico social que evidentemente tiene mucho de cierto, pero que cooptado por los grupos más polarizados, ha definido que el motor del nuevo Chile vendría dado desde una nueva Carta Magna, perdiendo así la posibilidad de avanzar en cambios profundos y más directos al sistema de desarrollo chileno.

Nadie puede arrogarse lo que los chilenos y chilenas quieran, pero en algunas cosas podemos estar de acuerdo: dignidad para la atención en salud de quienes no pueden pagar por un mejor servicio, calidad en la educación municipal para quienes no pueden pagar establecimientos particulares, mejorar la distribución de los ingresos y luchar contra la concentración económica, hacerse cargo del problema del endeudamiento y del crecimiento exponencial del costo de la vida, el monto de sus pensiones o el valor de los salarios.
Lo anterior, se desprende cuando se entiende que si el país decide ir hacia un nuevo texto constitucional, no puede ser cometiendo el mismo error del pasado que tanto se comenta: imponer en la Constitución Política el régimen que a una mayoría circunstancial le apetece, dejando de comprender a la Constitución como un marco común en lo político y jurídico.

Lo que dice el Alcalde Sharp es honesto de su parte: para ellos, el malestar social puede ser utilizado con el propósito de justificar sus intereses políticos. No entienden y no quieren tener, el sentido de estado que crisis como éstas nos exigen, la grandeza que tanto clama la gente en sus casas, para ver liderazgos en momentos de crisis, para volver a tener personas del esquema político en quien confiar. Sin lugar a dudas, esta cuestión social es ética, valórica, y nos falta mucho, realmente mucho.

Ervin Castillo Arancibia
Abogado

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