Postergar el plebiscito y las elecciones

Lo que falta ahora, luego que los políticos terminen de decidir cosas de política, es que estos mismos líderes se aboquen a respaldar todo tipo de medidas que busquen sacar adelante a las medianas y pequeñas empresas.

Entre los numerosos impactos que tendrá la pandemia del Coronavirus en Chile, donde lo más preocupante es –sin duda- son los actuales 2012 casos confirmados y la posible proyección para las próximas semanas, se cuenta que las medidas restrictivas en materia sanitaria podrían motivar la postergación del plebiscito de abril.

Dicho plebiscito es fruto de un acuerdo político generado tras el denominado “estallido social” de octubre del año pasado. La clase política en pleno acordó un camino para que la ciudadanía decida mantener la actual Constitución o bien redactar una nueva Carta Magna, además del método para llegar a dicho objetivo.

Se trata, en definitiva, de si el mecanismo para generar una nueva Constitución será una asamblea constituyente o una convención mixta. Todo ello se iba a resolver en abril, donde las encuestas apuntaban a que la opción apruebo –es decir, por una nueva Constitución- estaba llevando la delantera, sobre la opción rechazo.

Pero la propagación del Covid-19 y la proyección de casos, donde se habla de miles de potenciales pacientes en las próximas semanas, llevó al Gobierno a decretar Fase 4 en cuanto a medidas preventivas, con severas restricciones que buscan evitar las aglomeraciones de gente y, en definitiva, proteger a los grupos de riesgo.

De esta forma, seguir con la convocatoria a un plebiscito equivale a invitar a las personas a una situación de alto riesgo sanitario, lo cual podría traducirse en una bajísima respuesta de la ciudadanía. Además, realizar un plebiscito requiere gastos importantes para el Estado y reorientar a las fuerzas policiales para estos fines.

Así el sentido común lleva a pensar que, si este plebiscito fue producto de un acuerdo político, que sean entonces los mismos políticos quienes resolver si se reprograma o no esta convocatoria. Todo hace pensar que se debe suspender y reagendar para octubre, fecha en que se realizarán otros procesos eleccionarios.

Se trata de la elección de alcaldes, concejales, consejeros regionales y, probablemente, gobernadores regionales. Sumar el plebiscito a ese proceso, equivale a obligar a dichos candidatos a pronunciarse en torno a si apoyan las opciones apruebo o rechazo. Más bien, los obligaría a sincerar sus posiciones en esta materia.

De esta forma, no serían pocos los que –en un ánimo populista- optarán por sumarse a una u otra opción, dependiendo qué piensan sus electores. En consecuencia, muchos optarían por acoplarse a lo que lleva la ola. Sería un momento relevante para conocer, en definitiva, quienes serán consecuentes con sus opiniones políticas.

Lo que falta ahora, luego que los políticos terminen de decidir cosas de política, es que estos mismos líderes se aboquen a respaldar todo tipo de medidas que busquen sacar adelante a las medianas y pequeñas empresas, en especial, del sector de los servicios y que, en definitiva, son las que concentran la mayoría de los empleos.

Se trata de un sector productivo que ya se vio perjudicado desde octubre del año pasado, en adelante, pero que ahora vuelven a recibir un segundo golpe producto de la inmovilidad económica que generan las medidas preventivas del Coronavirus. Es allí donde el Gobierno y la política deben poner la vista y sus esfuerzos.

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