Política y Ciudad (1): Tensión

Históricamente, en tanto sociedad, estando juntos nos ha ido mejor. Esa ha sido la razón de existir de las ciudades, uno de los más prósperos inventos de la civilización. Y ahora, ¿cómo seguimos?

A mediados de la década del ’70 la NASA puso en órbita satélites de la serie “Landsat”. Las fotografías que estos registraron permitieron que, por vez primera, los habitantes del planeta pudiésemos mirar una imagen exterior de la Tierra.

Este inédito reconocimiento visual hizo evidente la fragilidad de nuestro hábitat cotidiano.

1. ACERCAR – DISTANCIAR
Las ciudades se inventaron para resistir embates bélicos, naturales y también biológicos. Basados en la noción “la unión hace la fuerza” los asentamientos del más diverso tamaño han persistido en el tiempo. La “polis” tuvo como objetivo central salvaguardar el bien común y en el complejo ultimo semestre que ha vivido nuestro país, ese propósito ha ofrecido 2 caras en extrema tensión. El estallido social se justifica a partir de la acumulación sistemática de incomodidad compartida, es por ello que la sociedad para resguardar el bien común decide acercarse, congregándose en calles y plazas del país, dotando de pleno significado al espacio público en tanto escenario representativo de los deseos colectivos. Pocas semanas después y bajo la amenaza de un virus, todas las sociedades del planeta, con mayor o menor apoyo de su respectivo estado, han tenido que adoptar el distanciamiento como medida cautelar de ese bien común. El mismo escenario (la ciudad), la misma externalidad (una amenaza) y dos respuestas opuestas (acercarse-distanciarse) con el propósito de estar mejor.

2. LOCAL – GLOBAL
Si el estallido social nos afectó a escala local producto de la incomodidad compartida, el COVID-19 ha impactado en la escala global, dejando de manifiesto una angustia compartida. Lo particular del caso de nuestro país es haber pasado en breves semanas de esa incomodidad a esta angustia, transitando desde una ciudad utilizada colectivamente a otra en la cual incluso lo individual escasea.

Esta tensión local/global nos invita a preguntarnos cuán bien preparadas se encuentran las ciudades chilenas para enfrentar este tipo de escenarios. El resto del mundo solo debió enfrentar el distanciamiento, nosotros hemos tenido una dificultad extra: pasar de lo masivo al aislamiento, de una ciudad viva a otra más bien desértica.

3. AUTONOMÍA – POLIVALÍA
Ante la incertidumbre lo urbano ofrece claridad: no podremos seguir diseñando las ciudades como hasta ahora. A fines del 2019 sabíamos que la participación ciudadana ya no era una elección, sino casi una obligación para implementar los proyectos que han de beneficiar a diversos tejidos sociales, pero nadie imaginaba que a eso debiésemos sumar la crisis actual.

El arquitecto británico Richard Rogers, hace 25 años dio 5 conferencias enfocadas en el futuro de las ciudades. Ese material fue condensado en el libro “Ciudades para un pequeño planeta” en el cual se hace énfasis en la fragilidad del sistema global, fragilidad reconocida a partir de las fotografías espectrales obtenidas mediante los satélites Landsat.

Si bien ese libro profundiza sobre el posible desequilibrio entre crecimiento urbano y ecosistema, hoy en día vivimos un potencial desequilibrio basado en la falta de certezas y el exceso de dudas frente a amenazas que explotan en tan solo un par de semanas. Frente a esa inmediatez los planes de contingencia no sirven, por lo tanto, debemos prepararnos con tiempo, debemos anticiparnos, porque la ciudad que imaginemos ahora, con buena suerte y viento a favor, la materializaremos dentro de 1 ó 2 décadas.

El medioambiente urbano está siendo interrogado con preguntas muy difíciles e inéditas (doble complejidad), por lo tanto, no podemos responder con la misma lógica ni con el mismo instrumental que lo veníamos haciendo.
¿Qué forma debiese tener una plaza pública para que permita congregarnos y manifestarnos masivamente como expresión democrática y que, a la vez, en tiempos de cuarentena, pueda funcionar como lugar de distracción casi individual? Hace 8 meses nos habríamos reído de esa pregunta, por lo específica y capciosa, pero ¿ahora?.

¿Cómo mejorar barrios existentes para que funcionen con autonomía durante una crisis sanitaria, ayudando a descongestionar el sistema general de la ciudad pero que, pasada esa emergencia, sean soporte de la condición colectiva de la ciudad gracias a su condición polivalente, evitando ser una zona poco integrada a la cual solo se va a dormir? ¿Cómo volver a dotar a la ciudad de lo que siempre ha sido: un lugar que ha podido resistir y persistir por miles de años (sí, miles) gracias a una planificación estratégica y un vínculo solidario?

Contacto: carloscandia@gmail.com

Carlos Candia Campano, arquitecto

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