Política terminal

La discusión en torno al retiro del 10% de los ahorros en el sistema de AFP y la reciente aprobación en general de la idea de legislar en la Cámara de Diputados, trae aparejada consigo, una serie de elementos y cuestiones de dimensión política, que me parece pertinente analizar. Más allá de estar de acuerdo o no con esta iniciativa legislativa, quisiera quedarme con un aspecto que resulta de fondo, y que dice relación con el ejercicio de la política en nuestro país, en particular en el Congreso Nacional. Lo anterior, en torno a la evidente ineficacia e incapacidad de una parte mayoritaria del mundo político, para dar respuesta a las problemáticas planteadas, situación que se vislumbra con mayor nitidez por estos días, ante la urgencia de la crisis sanitaria, y el desplome de la economía, del trabajo, y el avenimiento de coyunturas sociales de las cuales el país había dejado de conversar, como el hacinamiento o la proliferación de los llamados Campamentos.

Pues bien, avanzar hacia la idea de que los propios afiliados y afiliadas, tengan que sortear con sus recursos la hecatombe sanitaria y social, no es otra cosa que reconocer casi explícitamente que desde el legislativo, es decir, que desde el poder específicamente creado para dotar al país de nuevas leyes, no se es posible encontrar vías de solución o de acercamiento a enfrentar más adecuadamente las nuevas dinámicas sociales a propósito de los efectos colaterales de la Pandemia del Covid-19.

Esto es decir que en el fondo, a pesar de la amplia estructura estatal en Chile, no se puede enfrentar con soluciones económicas responsables el coronavirus, y se entrega entonces, a la tentación de sacar recursos que después se extrañarán y que de seguro harán falta en etapas futuras, ello partiendo de la base del muy bajo valor de las pensiones en términos globales. Pero asimismo, implica por ejemplo, no hacerse cargo de la reforma previsional que duerme en el Congreso, sino que más bien, otorgar soluciones parches, en una cierta situación de habitualidad a la que nos ha acostumbrado una buena parte del espectro político local.

Es comprensible, absolutamente comprensible el ahogo de miles y miles de familias, que de verdad lo están pasando muy mal, y que pese a los esfuerzos fiscales desde el Ministerio de Hacienda, aún no encuentran la tranquilidad para sobrellevar la crisis desatada. Lo que no es comprensible, y que devela una vez más la magra calidad de la política y varios de nuestros representantes, es este nuevo episodio en donde se opta por soluciones temporales en lugar de ofrecer respuestas de las que después nos podamos sentir tranquilos como país.

Desde luego y tristemente, ya no importan a tantos actores, las temáticas constitucionales, implicancias legales o fiscales que determinadas decisiones detentan, ya que no pocos personajes actúan solo movidos por meras pulsiones, incapaces de analizar y dar cabida a respuestas de largo aliento como las que merece la ciudadanía entera.

Y después, claro, algunos de estos actores, nos pintan una propuesta de regímenes políticos con mayor preponderancia y rol del legislativo, como si no fuese suficiente aguantar sus anomias jurídicas y vaguedades discursivas.

Nuestros sectores medios y vulnerables viven cada día, y por un tiempo considerable más, situaciones realmente dolorosas y difíciles, y desde varias palestras políticas, solo se escuchan manotazos de quien se sabe incapacitado para pensar en algo distinto, en algo de lo que después no tengamos que lamentarnos.

El estado y la política deben modernizarse ahora ya, esa puede ser quizá, una de las grandes lecciones y urgencias que nos deje el virus.

Ervin Castillo Arancibia
Abogado

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