Poder y pandemia

Todas las pandemias, todas las grandes catástrofes y tragedias han precipitado cambios profundos en la historia. Las plagas de Egipto obligaron al faraón a liberar, contra su voluntad, a los judíos. En las centurias siguientes, los ejemplos se repitieron. A mediados del siglo XIV, la peste negra asoló Europa y mató a millones de personas y -paradojalmente- abrió la puerta a enormes transformaciones sociales. La falta de mano de obra obligó entonces a los terratenientes a arrendar la tierra o pagar a los trabajadores, debilitando de muerte al sistema feudal.

Según recordó La Vanguardia de Barcelona, la campaña del ejército napoleónico en Rusia terminó en desastre por el frío. Pero, como lo demostró una investigación reciente, también contribuyeron al fatal resultado el tifus y otras infecciones transmitidas por los piojos.

Eso explica que. a comienzos de este año, cuando ya era una certeza la pandemia del Covid-19, muchos analistas empezaron a preguntarse por sus efectos colaterales más profundos. Parecía lógico que un buen manejo de la situación fortalecería a los responsables. Es, por lo que sabe hasta ahora, lo que ha ocurrido con Angela Merkel en Alemania.

La situación es menos clara en el resto del mundo. En China, donde comenzó todo, el control del virus no ha sido fácil, como lo demostró un violento rebrote en Beijing hace menos de un mes. Pero más graves han sido las secuelas políticas. Cuando el Reino Unido entregó Hong Kong a China, lo hizo según la fórmula de Deng Xiaoping: “un país, dos sistemas”). Ahora, cumpliendo un anhelo creciente, el régimen de Beijing optó por imponer un solo régimen. Sería el término de cualquier aspiración democrática.

Ningún retroceso en la materia es, sin duda, tan grave como el de Rusia. Aunque Vladimir Putin nunca se ha distinguido como un paladín de la democracia, en estos días -al amparo de las restricciones impuestas por la pandemia- se aseguró la permanencia en el poder hasta 2036. Lo hizo mediante una votación en dudosas condiciones. Apenas un siglo después de la revolución, Rusia tiene nuevamente un zar que no acepta límites al autoritarismo.
Involuntariamente sarcástico, Putin agradeció lo ocurrido al Covid-19: «Lo más importante es que esta situación [de pandemia] es que nos unió a todos, es un hecho, y nos permitió salir de esta situación con pérdidas mínimas», dijo.
Queda por ver qué ocurrirá en el resto del mundo en esta coyuntura.

Pese al triunfal anuncio de que se habían creado millones de empleos en el último tiempo, políticamente Estados Unidos no está sobreviviendo en buenas condiciones a la pandemia. El país se ha dividido profundamente y cada vez parece más difícil la reelección de Donald Trump. Es un problema grave para los republicanos, que les guste o no el presidente, sienten que su propia supervivencia política está en serio peligro.

Si eso ocurre en las naciones grandes y poderosas, cabe preguntarse cómo será la suerte del resto. La gravísima crisis ha impulsado la consolidación de nuevas formas laborales, en especial el tele-trabajo. Pero hasta ahora la adaptación al cambio no ha sido fácil ni lo será en el futuro inmediato. Y no devolverá de inmediato la tranquilidad a los hogares hoy asfixiados por las deudas.

Muchos chilenos estamos enfrentados sin quererlo a ese incierto porvenir.

Abraham Santibáñez

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