Omar

Señor Director:
A la tristeza que nos invade por los momentos que vivimos, debemos agregar la partida de don Omar Urzúa Farías, quien fuera Oficial Primero de esta Corte de Apelaciones por más de 30 años, llegando el año 1976 al más alto grado al que podían acceder los funcionarios no abogados, caracterizándose por su caballerosidad, responsabilidad y lealtad al servicio.

En lo personal, estoy infinitamente agradecido de él y de su mujer Angélica, por el apoyo que nos brindaron cuando llegamos a esta ciudad a fines de 1992, para asumir como ministro de esta Corte, siempre preocupado, siempre cariñoso; ya jubilado, verlo en el café compartiendo con sus amigos, nos reconfortaba saber que la jubilación no era un trance final, sino que el inicio de un nuevo despertar, y venia el abrazo cariñoso, sincero y fraterno.

Al asumir una vez más la presidencia, lo llamé para invitarle a la transmisión del mando, pero se excusó diciéndome que estaba delicado de salud; me culpo no haberle insistido, me culpo no haber escuchado su mensaje, en definitiva por no haberle dicho mil veces gracias.

La amistad es distinta a la amigabilidad, es solo de la mente, la amigabilidad trasciende la mente, incluso para Kahlil Gibran, se eleva más alto que el amor, sin embargo, pasamos gran parte de nuestro tiempo sin ser amistoso, damos por sentado que lo somos, y de repente nos damos cuenta que se pasó el tiempo para ser amigo.

Junto a su mujer María Angélica, también judicial, tuvieron una activa presencia en el quehacer judicial de esta ciudad, formaron una hermosa familia que con dolor ven partir a su patriarca; nosotros también lo vemos partir, pero estoy seguro que sus compañeros de trabajo, a los que formó en la Secretaría de la Corte, lo seguirán teniendo presente y seguirán resonando en los pasillos de la Corte, dos frase inolvidables: “Que tal amiigoooo” y “Que hacés Juan Carlanga”…

Rodrigo Biel Melgarejo

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