Música, vida y corazón

Aunque la pasión por la música tardó un poco en atraparla, una vez que la creadora de Vox Lumini decidió seguir este camino, ha puesto todo de sí, alcanzando grandes logros.

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11 de enero de 2020
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Uno de los últimos sueños que cumplió Isabel Fredes fue dirigir un orfeón navideño. Esto es un gran coro con cerca de 100 voces que se presentó por diversos lugares de la región en diciembre pasado.

Al contrario de lo que suele suceder, Isabel Fredes (Curicó, 1985) no escogió a la música como profesión, sino que ésta al parecer vino en su búsqueda, y la ha llevado por muchos años por un exitoso camino como formadora de coros.

En su infancia la música siempre estuvo ahí, muy cerca. Sus padres participaban en los conjuntos vocales de la Iglesia Adventista, donde las alabanzas cantadas son esenciales en sus actividades. Sin embargo, cuando llegó el momento de decidirse por una carrera, la música no apareció dentro de las posibilidades.

Vital en el cambio de opinión fue un amigo de la familia: Per Bro. Ella lo llama «Tío Per». Un extranjero que fue director de coros en Curicó, que le dijo que una voz y un talento como el suyo no podían desperdiciarse, y que era casi un deber aprovechar la buena circunstancia que justo se estaba abriendo por entonces la Escuela de Música de la Universidad de Talca.

Pero tuvo también que vencer resistencias en su propia familia. Su madre trató de convencerla de que con su capacidad podría acceder a otros rumbos más rentables. En efecto, Isabel era buena alumna. En las notas, hay que aclararlo. Porque también podía ser una “diablilla” que saltaba cercas para huir de la escuela, y luego tenía el descaro de decirle a su padre cuando le reclamaba: ‘elige: buenas notas o buen comportamiento’.

Las dudas rondaron su cabeza por todo el primer año de carrera, pero ya en segundo año el panorama comenzó a despejarse, su madre se ablandó y comenzó a presentarla en las reuniones familiares como «la artista de la familia, que aquí les va a cantar algo», y la convicción dentro de ella se afirmó.

TRABAJO Y OPORTUNIDADES

En la Escuela de Música Isabel debía llegar más temprano que el resto de sus compañeros para acceder a uno de los pocos pianos disponibles para ensayar. Así, pronto se dio cuenta que en el mundo de la música no bastaba con talento; algo de estrategia, de olfatear las oportunidades, y bastante esfuerzo también hacen falta para ir haciendo carrera.

Es lo que la llevó también por el lado de la música coral. Estando aún en la universidad comenzó un «boom» de intervenciones corales en las ceremonias de graduaciones. No se demoró nada en reclutar a tres amigos para formar con ellos un ensamble que consiguió innumerables «pitutos» en esos tiempos.

Su tío Per destaca precisamente en ella esa característica de ser muy trabajadora. En la actualidad dirige dos coros: Vox Lumini y el de la Alianza Francesa (niños y adultos) en Curicó. Además, realiza clases particulares por las tardes. Cuando debe estudiar también se hace un tiempo, robándole horas al sueño, porque siempre trata de dejar las mañanas para su hijo.

Ella misma reconoce que la exigencia que tiene consigo misma la aplica en los demás y que a veces puede ser muy intensa en eso. «En algunos temas tal vez me debí haber quedado callada, pero así soy. Yo opino. Si me preguntan o no me preguntan, si considero que es importante dar mi opinión, lo hago», dice.

VOX LUMINI

Sin embargo, para tener a una directora con problemas de mal humor, a Vox Lumini le ha ido bastante bien. Esa dificultad de no poder callar lo que se piensa llevaron a la agrupación a estar un buen tiempo alejada del Teatro Regional del Maule, aunque recientemente la participación de su directora en la gala del Día de la Música 2019 demostraron que esa etapa ya pasó.

Pero más allá de ese impasse, Vox Lumini ha tenido una trayectoria destacable que lo lleva a ser uno de los coros más relevantes de las últimas décadas en la región. «Para mí es el mejor coro de Santiago hasta el Polo Sur, aunque en Concepción puede que algunos se enojen», dice Per Bro.

Varias veces han ido a encuentros internacionales (para lo cual han tenido que reunir dinero con presentaciones a beneficio); además de cumplir una importante labor de difusión de la música docta dentro de la región.

Últimamente han sido también muy protagonistas en el movimiento cultural que surgió con la contingencia social, haciéndose cargo de una masiva presentación del Réquiem de Mozart en el Centro de Extensión de la Universidad Católica del Maule a beneficio de la Cruz Roja, y participando también de un gran coro que cantó la parte vocal de la Novena Sinfonía de Beethoven en la plaza Las Heras.

En cada detalle está la mano de Isabel. Literalmente. Para uno de sus espectáculos más recordados: un tributo a Violeta Parra, ella misma junto a una compañera del coro realizaron a mano unos coloridos collares de lana que el conjunto lució en sus presentaciones.

QUEDARSE EN EL MAULE

Casada con un compañero de universidad, el tenor Rubén Fuentes, Isabel asegura que le han preguntado innumerables veces que por qué no se van de la región. Es que en el mundo de la música el éxito se mide en gran parte por la posibilidad de llegar a grandes urbes donde se puede acceder a mejores plazas de trabajo y formación.

La soprano dice que siempre responde lo mismo: que de alguna manera desde que encontró la música (o la música la encontró a ella) todo se ha ido ordenando de una forma tan armoniosa que no puede dejar de ver en ello la mano de Dios. «Soy muy creyente, siempre pido a Dios que me guíe en lo que tengo que hacer, y creo que las cosas se han ido dando por algo. Cuando necesitamos un hogar pudimos dejar de arrendar y adquirir uno, luego tener un auto, luego vino nuestro hijo», comenta.

En este esquema también puede sentirse orgullosa de lo que ha hecho con Vox Lumini. «Humildemente puedo decir que en la decena de festivales donde hemos estado siempre somos el mejor coro, con coros venidos de todo el mundo. Ese es el comentario general. Entonces creo que si Vox Lumini no existiera sería un poco más pobre la cultura coral», dice.

Isabel puede pasar mucho tiempo hablando acerca de su profesión. Quien la ve ahora no pensaría que alguna vez tuvo dudas; pero de pronto sorprende cuando asegura que le gusta la cocina casi tanto o más que la música. Isabel también guarda sus secretos, pero sin duda hay algo más grande que hoy la tiene felizmente atrapada.

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