Mucha metralla y pocas nueces

En su cuarta temporada, “La Casa de Papel” se nota con mayor presupuesto, más acción y giros argumentales. Sin embargo, esta vez la encrucijada se ve algo forzada y con claro síntoma se saberse solo de paso a otros capítulos

En lo personal debo decir que las primeras dos temporadas de la serie española “La Casa de Papel”, las cuales están conectadas entre sí, tienen un cierre redondo. Me parecen muy superiores a las temporadas tres y cuatro, esta última estrenada ahora en abril.

Este fenómeno de streaming partió con la original propuesta de un robo a la Casa de Moneda. Con ingenio, el “profesor” va guiando a los carismáticos delincuentes que llevan pseudónimos de capitales del mundo. La serie sigue en lo que mejor sabe hacer: robar y engañar.

Recordarán que la temporada tres se inicia con la detención de unos de los integrantes, lo que hace reunir a la banda nuevamente para rescatarlo y urdir otra fechoría a la reserva de oro. Realizan un calco de lo anterior con rehenes, la máscara de Dalí tan icónica junto con el overol rojo. Hasta ahí todo bien, nuevos personajes, más parejas y líos amorosos que les distraen de sus verdaderos objetivos.

Si tuviese que resumir en pocas líneas, diría que hay demasiada metralla y pocas nueces, porque, sin duda, ésta tiene el récord de acción, con fuego cruzado en interiores y exteriores, buenos efectos sonoros y visuales, pero que está lejos de esa capacidad de encantar con algo que no se sienta forzado o estirado.

Las relaciones amorosas entre integrantes, más flashbacks, nuevos personajes: una especie de Rambo que es el nuevo oponente de la banda. Todas estas nuevas subtramas ya no aportan la tensión necesaria, más bien distraen, incluso, en peleas de pareja o de amigos varias veces son emboscados, una torpeza si se trata de algo milimétricamente planeado.

Esta cuarta parte está llena de giros y peligros, pero difiere mucho de las anteriores en ese interesante juego de gato y ratón entre la policía y el equipo liderado por el “profesor”. Ahora está más centrado en los asaltantes, incluso viéndose por momentos una policía torpe, mientras que los rehenes son meros decorados.

Los creadores, para evitar filtraciones, van escribiendo el guion a medida que avanzan las grabaciones. Pero esta vez se perdió un poco el foco, se van a la fórmula segura. El ingenio se reemplaza por momentos impactantes de dispararos a raudales, con abundantes rifles automáticos.

¿Se podrá seguir estirando el chicle sin que se corte? Es lo que habría que ver en las próximas temporadas.

David Lizana Barros

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