Mozart y su crítica social a través de sus obras

Pese a no existir antecedentes si fue intencional o merca casualidad es que en “Las bodas de Fígaro”, “Don Giovannni” y “Cosi fan tutte” haya instalado las denuncias y críticas por las malas condiciones de la clase social inferior de la época.

La crítica social de Wolfgang Amadeus Mozart está presente en sus obras “Las bodas de Fígaro”, “Don Giovannni” y “Cosi fan tutte”.

No hay información de si fue en forma casual o muy bien programada que en las tres óperas que Wolfgang Amadeus Mozart compuso con libretos de Lorenzo Da Ponte – “Las bodas de Fígaro”, “Don Giovannni” y “Cosi fan tutte” – se incorporó la presentación de marcados planos opuestos de la escala social. Esa común característica abre el paso a determinados personajes del plano inferior a tener momentos de denuncia o crítica respecto a su condición.

En “Las bodas de Fígaro” el argumento plantea la coexistencia de esos planos, con el Conde de Almaviva y su esposa la Condesa Rosina, por una parte, y los sirvientes Fígaro con su novia Susanna, por otra.

El Conde, haciendo uso y abuso de su alto rango y poder, pretende poseer sexualmente a Susanna, hecho que despierta la ira de Fígaro, quien en una cavatina inicial de la ópera reflexiona muy decidido: Si quiere bailar, señor condesito, la guitarrilla le tocaré, sí. Si quiere venir a mi escuela, la voltereta le enseñaré, sí. Sabré mejor, pero despacio y disimulando, todos los secretos. Esgrimiendo el arte, pinchando por aquí y bromeando por allá, trastocaré todas las intrigas. ¡Si quiere bailar, señor condesito, la guitarrilla le tocaré, sí!.

En “Cosi fan tutte”, entre los seis personajes está Despina, sirvienta de las hermanas Dorabella y Fiordiligi y. Ese personaje, en que resalta la simpatía, la astucia y la picardía, interviene por primera vez en la acción de la ópera, expresando descontento por su oficio de servir, privada de gustos y desempañando un trabajo que reporta beneficios a otros y no a ella misma. Despina señala en su primera aria: ¡Qué vida tan arrastrada la de hacer de camarera! De la mañana a la noche hacemos cosas, sudamos, trabajamos y luego de todo lo que hacemos, nada es para nosotras. Hace media hora que bato el chocolate; ya está hecho, y a mí me toca olerlo con la boca seca. ¿Acaso no es la mía como la vuestra? Oh, elegantes señoras, que se os ha dado la esencia, y a mí sólo el olor. Caramba, voy a probarlo. ¡Oh, qué bueno está! ¡Viene gente! ¡Cielos, son las señoras!.

“Don Giovanni” tampoco está ajena a esa presentación de diferentes capas de la escala social. Junto a personajes de rango superior como el Comendador de Sevilla, Doña Ana, Doña Elvira, Don Octavio y el propio Don Juan (todos con las palabras “Don” o “Doña” antepuesto a su nombre está la pareja de Zerlina y Masseto, gente del pueblo, sin nada antepuesto a su nombre).

Ejerciendo la labor de criado, ayudante y cómplice del libertino, está Leporello, a quien, Fígaro y Despina, no le agrada nada su trabajo. Al comienzo mismo de la ópera, cuando vigila una nueva fechoría amorosa de su patrón, Leporello dice: Fatigarse noche y día para quien jamás agradece; soportar lluvia y viento, comiendo y durmiendo mal……Quiero ser un gentilhombre y no quiero servir más. ¡Oh, qué amable el caballero! Él adentro con la dama y yo aquí haciendo de centinela. Quiero ser un gentilhombre y no quiero servir más.

A esta trilogía de óperas mozartianas con el ingrediente de la crítica social, compuestas en forma consecutiva y sobre textos en italiano del Lorenzo da Ponte, bien pude agregarse “La flauta mágica”. Con libreto en alemán de Emmanuel Schikaneder, en esta ópera está muy vivo el ideario de la masonería y desde esa mirada los personajes pueden ser percibidos como símbolos, donde yace la bondad, la maldad, la sabiduría, o la necesidad de superación espiritual. Conviviendo con ellos está Papageno, un hombre del pueblo, cazador de pájaros, extremadamente simple y práctico, que no necesita sabiduría sino lo básico o esencial del ser humano. En su posición inferior al resto él no denuncia ni critica, pero deja ver su condición diciendo: Luchar no es lo mío. Y, en el fondo, tampoco deseo la sabiduría. Yo soy un hombre primitivo, que se contenta con el sueño, la comida y la bebida; y si pudiera ser que alguna vez cazara a una bella mujercita…

Otro personaje, Monostatos, un lujurioso esclavo negro, deja entrever la crítica racial puntualizando: Todos los seres vivos sienten las alegrías del amor, se picotean, juguetean, se abrazan y besan; y yo debo evitar el amor porque un negro es feo. ¿Es que no poseo un corazón? ¿Es que no soy de carne y sangre? ¡Vivir sin una mujercita sería realmente el fuego del infierno! ¡Porque soy un ser vivo, quiero, picotear, besar, ser cariñoso! Querida y buena Luna, perdona, una mujer blanca me ha conquistado. ¡Lo blanco es bello! He de besarla. ¡Oh Luna, escóndete! ¡Si te molesta demasiado, oh, entonces cierra los ojos!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here