Me defino: Daniela Scarlett Rodríguez Kendall

Bailarina - 27 años - Profesora de danza y cultura tradicional - Psicóloga.

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¿De dónde surgió su amor por la danza?

“Pienso que nací con este amor. Desde que tengo uso de razón que mi cuerpo vibra con la danza… no es un pasatiempo. Para bailar, hay que darlo todo y esa pasión te hace feliz, te llena. De pequeña, mi tata (Eduardo Kendall) me enseñó a bailar cueca y mi lela (Melania González) me hacía los vestidos. Así partió todo. Habré tenido dos años quizás, recuerdo que bailar siempre me dio felicidad, soy plena cuando me muevo, soy yo misma, tal cual soy”.

 ¿Qué es para usted la danza?

“La danza es mi vida, es mi identidad. Es esa respuesta a todo, es aceptar mi cuerpo, es dejar fluir mis emociones, son las palabras que no puedo expresar, son las ideas que no logro entender. La danza es magia, es la cultura misma, con todos los ancestros haciéndome bailar. Para mí la danza es la vida”.

 ¿Desde niña soñó con ser profesora de danza?

“Siempre, cuando tenía 7 años, mi madre, Jéssica Kendall, me llevó a mi primera clase de danza y fue como encontrar tu lugar en el mundo. Sentir que estás en donde debes y de ahí ya nunca me moví”.

 ¿Cómo se relaciona la psicología y la danza?

“Actualmente trabajo como psicóloga en el programa de integración de la Escuela Felipe Cubillos en el sector Brilla El Sol de Talca. A los niños le gusta el movimiento, porque la danza es algo natural. El saltar, sentir y expresar mediante el movimiento, por lo cual, la danza suma al desarrollo de los niños. Ahora, en tiempos de cuarentena, estoy grabando cuentacuentos para los niños. La escuela me da alas para utilizar la danza y el teatro con los chiquillos. Eso nos hace crecer a todos. Por otra parte, en mi labor de bailarina y profesora de danza, estamos haciendo talleres a través del Instagram del centro cultural La Candelaria, para llevar el arte a las casas mediante transmisiones en vivo”.

 ¿Cuál ha sido su trayectoria?

“Comencé bailando cueca y danzas folclóricas. Posterior a eso, me inicié en la danza académica y en el jazz, donde -a los 7 años- di mis primeras funciones. Más grande, estudié ballet en el teatro regional, junto a la maestra, Yolanda Toledo; danza contemporánea, con la maestra, María Inés Pacheco; y danza tradicional, con el profesor, Miguel Ángel Pigatti. Luego, a los 16 años, comencé a bailar en el ballet folclórico regional, durante 9 años, y a tomar clases con Ena Rocco, profesora de danza El Alma. Luego, formé una compañía de danza y comencé a trabajar. Lo más divertido que he hecho fue bailar -en la fiesta de la independencia en Talca- una cueca brava que me salió del alma, con Mario Macías, un gran amigo. Di varias vueltas bailando danzas folclóricas, por Brasil, Argentina, Venezuela, México, Colombia y Chile”.

 ¿Qué satisfacciones le ha brindado su oficio?

“Todas. La danza te pide todo, pero también te lo da todo. Conocí a mis amores, a mis pequeños bailarines que serán mis chiquillos de toda la vida, aunque crezcan y aunque ya no bailen conmigo. No hay nada que valga más que el cariño y el apoyo, para Martín, Catalina, Pía, Daniela, Dani chica, Laura, Lily, Javi, Panchi, Felipe, Matías, Maxi y Diego. La vida me dio mucho amor a través de la danza. Estudiar en el ballet folclórico nacional también ha sido una gran satisfacción, porque son maestros excepcionales, un lugar lleno de cultura y respeto por todos”.

 ¿Qué se necesita para ser bailarina?

“Físicamente, el cuerpo debe rendir mucho, hay que trabajar duro, levantarse temprano, estudiar, leer y superarse. Tener carácter, aceptar críticas, no creerse nunca mejor que nadie, respetar el cuerpo y trabajar, aunque creas que ya lograste algo”.

 ¿Cuáles son los sueños que desea cumplir?

“Deseo profundamente poder enseñar a gente que no pueda pagar, poder llegar a todos quienes quieran aprender. Quiero crecer, formar un elenco, viajar y aprender. Pero mi mayor deseo es tener un cuerpo que quiera bailar por muchos años, que la vida me permita gozar de la danza mucho tiempo más”.

 ¿Cree que actualmente el país fomenta el amor por la cultura?

“La danza es más que mover el cuerpo. Es cultura, es respeto, es valorar al compañero. La danza implica esfuerzo, disciplina, responsabilidad. Creo que nuestro país no impulsa el arte como debería, estamos al debe culturalmente hablando. El sistema en el que vivimos no nos deja tiempo para visitar museos, disfrutar del mercado, de la arquitectura, de la naturaleza, de los teatros y centros culturales. En ocasiones, los espectáculos culturales son muy caros y las clases de arte también. Bailar, por ejemplo, cuesta mucho dinero, y eso deja afuera a muchos jóvenes”.

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