Matemático UCM enfatiza los efectos positivos del confinamiento en Curicó

“De la cuarentena y las recomendaciones a futuro” se titula el siguiente análisis del Dr. Fernando Córdova Lepe, director Doctorado en Modelamiento Matemático Aplicado de la Universidad Católica del Maule

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19 de agosto de 2020
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El perímetro Curicó urbano entró en cuarentena el pasado viernes 19 de junio a las 22.00 horas. Hoy se cumplen dos meses de confinamiento, siendo la única comuna maulina en etapa 1, el resto (29) están en fase 3.

“Si alguien aún es de la opinión que la cuarentena ha sido una medida exagerada para Curicó, sin duda, está muy equivocado. Notemos que en el tramo febrero-julio la mortalidad para la Región del Maule en variación porcentual 2020-2019 (corregida por crecimiento poblacional, cuyo gráfico está en la figura 1) para junio, fue de un 23,3% de aumento, el que es explicable solo por la presencia de Covid-19. Notable también es la baja de casi un 12% en julio que tampoco admitiría otra explicación, sino una vinculada en forma directa o indirectamente a las diversas medidas de mitigación, entre ellas, la cuarentena. Además, de acuerdo a cifras del Informe Epidemiológico del 14/08/2020, de las 213 muertes Covid-19 de la región, Curicó da cuenta de 54, esto es, de un 25,4%, cuando en términos poblacionales, representa solo un 14,5%.

Según datos de covidinfo.cl, Curicó desde 13 casos activos el 15 de mayo, pasó a 347 el 19 de junio, momento del peak y, también, del inicio de su cuarentena, desde ahí hasta hoy ha bajado a un ritmo más lento que el exhibido en mencionada alza (comportamiento esperado), anotando 87 activos el pasado 14 de agosto. En Talca, al 15 de mayo había 28 casos activos y subió a 261 el 19 de junio, pero sin cuarentena siguió subiendo hasta un peak de 372 casos el 28 de junio, desde ahí fue a la baja hasta fines de julio y con un rebote que la tiene al alza en lo que va de agosto. En cuanto a Linares, el 15 de mayo tenía 17 casos y subió en 100 activos hasta el 23 de junio, instante que marca el inicio de una primera meseta entorno a los 115 casos y una segunda (desde el 13 de julio) con alrededor de 100 casos. En Linares, se le empata a la enfermedad (nº reproductivo efectivo cercano a uno). Observamos también que las tres comunas coinciden en que, en un periodo de cuatro días, a finales de julio y comienzos de agosto, todas marcan un mínimo local, leve en Curicó y más marcado en Talca, por el mencionado rebote.

Dejando pasar casi dos semanas desde el inicio de la cuarentena en Curicó, emerge un hecho común (ambas bajan en número), pero también hay una singularidad interesante (ver Tabla 1). Se observa que Talca (sin cuarentena) porcentualmente baja los casos activos un porcentaje mayor al comparar con Curicó. ¿Pone en cuestión esto la efectividad de una medida tan extrema como la cuarentena? A nuestro entender no, por varios factores. Notemos –primero- que parte de la baja se explica por las medidas mitigadoras generales; segundo, las realidades sociales, económicas y demográficas no son comparables del todo, pero puede existir una ligazón o efecto limitante de la movilidad entre las comunas; tercero y principal, en las siguientes semanas (hasta el 14 de agosto) Curicó siguió a la baja marcando 48,8% menos, no así Talca que porcentualmente subió estos en un 38,9%. Son casi 88 puntos de diferencia que permiten afirmar que la cuarentena sí hace la diferencia.

En lo inmediato, observemos (basados en cifras oficiales) que no hemos alcanzado en la región un 1% de la población de la región contagiada. Está incidencia podría tener una lectura positiva, puede ser considerada baja, comparando con las primeras alarmas. Lamentablemente, mirando complementariamente, tener un 99% de la población en alguna condición susceptible y en un escenario ambiental y social que mantiene una importante fuerza de contagio, al menos da cuenta de un potencial peligroso. Está el combustible y también la llama activa, cómo hacer que estos elementos no se junten es el gran problema a solucionar. Si se requiere y apuesta por soltar algunas amarras, la solución pasa por controlar la llama a través de la conducta de todos y cada uno de nosotros.

Siempre llega el momento en medio de una cuarentena, de considerar el impacto social y económico que en daño indirecto podrían avanzar a ser comparables a la enfermedad. Se legitima el ¿cuándo y cómo comenzar a levantarla? También el condicionar, esto es, ¿qué cifras debiera exhibir la comuna para entrar a transición? Sin embargo, afirmamos que estas interrogantes son importantes, aunque no las principales donde dirigir la atención, pues corresponden a un pasado y el problema es de futuro, por mucho que confiemos en la inercia. Hemos de entender bien día a día los componentes que localmente conforman la fuerza de contagio (ver pág. 8-9, El Centro, 23/07/2020). Al respecto, cuidado con: el margen de error que siempre tendrá todo programa de trazabilidad y la azarosa presencia-acción de los súper-propagadores dentro del grupo asintomático.

La fuerza de infección la componen tres factores, la tasa de contactos entre personas, los casos activos en circulación y la probabilidad que el virus SARS-COV2 pase (de existir encuentro) de una persona a otra. La situación observable a nivel país, con hitos televisivos de aglomeraciones en el comercio y otros servicios, el aumento de casos en varias comunas que intentaron la transición, hacen ver que al menos en dos de los tres factores estamos débiles. Particularmente, en aquellos asociados al comportamiento humano, asunto que no es solo responsabilidad individual, sino del rol informador y educador del Estado.

Así, de ser ineludible el soltar la cuarentena, la recomendación para las personas es no volver a circular para repetir la conducta de siempre, la que nos llevó al elevado número de casos activos. Es obvio que, para conducirnos en forma distinta, no solo como conducta para esta pandemia, sino a mediano plazo, las que puedan venir, debemos poner en valor otras actividades y cosas, volver barajar el naipe de las motivaciones. En lo inmediato, se requiere que no aumenten el número de personas que visitan nuestro hogar, que todos disminuyamos las frecuencias de salida de casa y también los tiempos de exposición. Se debe respetar más que antes el distanciamiento (evitar las aglomeraciones) y obligarse hacer uso de mascarillas. El dónde comprar (el almacén del barrio) y en qué recrearse (los parques en vez de los espacios cerrados) pueden hacer la diferencia. En cuanto a la autoridad y organismos sanitarios responsables, nos gustaría sentir en lo personal el giro ideológico de lo prioritario y con mucha fuerza también, el re-impulso de una campaña educativa en la dirección de ayudar y asegurar estas recomendaciones».

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