Mariana Canales: “En la crisis social las mujeres tienen mucho que decir”

Apasionante biografía, “Convertirse en Beauvoir” de Kate Kirkpatrick, se sumerge en la vida de Simone de Beauvoir y cómo rompe las coordenadas impuestas a la mujer por un orden patriarcal. Por Mario Rodriguez Órdenes.

“Me parece que el apoyo a la maternidad será siempre insuficiente si no hay un apoyo equivalente a la paternidad”, argumenta Mariana Canales

Simone de Beauvoir (1908–1986) es un símbolo indiscutible de la liberación femenina. Con motivo de la publicación de “Convertirse en Beauvoir /Una biografía”, Paidos 2020, de Kate Kirkpatrick, profundizamos en torno a esta mujer clave en la historia del siglo 20, cuyos ecos llegan hasta la actualidad. La teoría principal de Beauvoir sostiene que la mujer, o más precisamente lo que entendemos por mujer, es un producto cultural que se ha construido socialmente. En consecuencia, su principal tarea es reconquistar su propia identidad. La propia Beauvoir publicó “El Segundo Sexo”, en 1949, uno de los principales detonantes de esta revolución feminista.

Temas conversó con Mariana Canales, investigadora del Instituto Estudios de la Sociedad, IES, respecto a los desafíos de la mujer chilena.

Mariana, durante el año pasado el movimiento feminista tomó más y más fuerza, y desde octubre las mujeres han sido muy partícipes de las manifestaciones y marchas. Sin embargo, las demandas que piden son diversas. ¿Cuáles considera que son las más urgentes?
“Es cierto que las mujeres tienen muchas demandas, y también que el feminismo es un movimiento diverso y, por lo tanto, hay muchas mujeres que quieren cosas distintas. Sin perjuicio de ello, hay cosas que me parecen urgentes y compartidas. Por ejemplo, un desafío grande es entender que promover la igual dignidad de hombres y mujeres y buscar que la mujer esté mejor, es también buscar el bien de la sociedad completa”.

Se ha puesto mucho énfasis también en que todo esto se resuelve con educación, ¿qué piensa al respecto?
“Sí, creo que en ese ámbito se juega mucho. La educación que se recibe en la casa, principalmente, y en las escuelas, es clave para formar mujeres seguras y hombres respetuosos, que miren a sus pares mujeres como iguales. Quizá muchos de los casos de violencia en contra de las mujeres pueden rastrearse a una educación que falló en la formación de la afectividad, del respeto y de los límites. Lo mismo sucede con la percepción de algunos hombres respecto de sus compañeras mujeres como inferiores o menos capaces, o con la inseguridad que sienten algunas mujeres respecto de sí mismas (las mujeres que no se sienten capaces de desarrollarse profesionalmente o las que piensan que son culpables de la violencia que sufren)”.

¿Y el tema de la maternidad?
“Diseñar y ejecutar políticas que apoyen la maternidad y la paternidad son indispensables. Esto no se debe a que ser mujer signifique solamente ser madre, hay una infinidad de proyectos de vida que las mujeres pueden elegir. Sin embargo, optar por la maternidad, sobre todo en sectores más vulnerables, puede ser una decisión muy dura y con costos demasiado altos. A veces pareciera que como sociedad estamos castigando la maternidad y a la familia, en vez de cuidarla. Por lo demás, aquellos sectores de tendencia más o menos liberal que insisten en la importancia de apoyar todos los proyectos de vida debieran notar cuán inviable es eso si no apoyamos a aquellas mujeres y familias que libremente optan por tener uno, dos o más niños”.

¿Tienen eco estas demandas o han quedado bajo la mesa?
“Diría que se ha avanzado en seguridad, pero todavía quedan muchas tareas pendientes. Un punto positivo es que hemos tomado conciencia de que la violencia en contra de la mujer es un tema grave al que muchas veces fuimos ciegos. El caso de la educación es curioso. Por un lado, se ha instalado en la cultura que es importante respetar a la mujer, que ella tiene las mismas capacidades intelectuales y profesionales que un hombre, que la violencia contra la mujer es mala, etc.

Pero por otro, creemos que todo eso se soluciona con leyes y políticas estructurales. Sin embargo, no estoy segura de que seamos conscientes de cuánto se juega en las familias y en las escuelas o cuán importante es el ejemplo de quien tiene a su cargo a los niños. La maternidad parece tener más eco, el problema es que aún está muy al debe. Por ejemplo, sería muy bueno trabajar en medidas de apoyo a la paternidad, de modo que los niños no sean de exclusiva responsabilidad de las madres”.

Simone de Beauvoir (1908–1986) es un símbolo indiscutible de la liberación femenina.

¿En qué sentido el apoyo a la paternidad es importante?
“En varios sentidos. En primer lugar, parece ser que hay que recordar algo que debiese ser evidente: los niños tienen padre y madre, para traerlos al mundo se requiere de ambos. Entonces, asumir que la mujer debe tener la mayor parte de las responsabilidades no tiene mucho sentido. Permitir que los hombres puedan asumir su paternidad implica necesariamente permitir que la mujer comparta esas responsabilidades.

En muchos casos eso es un alivio, pues se las libera de una carga, en cierto sentido. Me parece que el apoyo a la maternidad será siempre insuficiente si no hay un apoyo equivalente a la paternidad. Y hay una segunda razón, que me parece más importante. Si estamos de acuerdo en que la mujer es importante en la comunidad y en las diversas esferas sociales, entonces también tenemos que reconocer que el hombre es relevante en todas ellas.

Así como la presencia de la madre es fundamental para los hijos, también lo es la del padre. No es bueno excluir a los padres de la vida familiar. Evidentemente, en Chile hay muchos hogares monoparentales, o familias en que el padre simplemente no está presente. Esto justifica la necesidad de un apoyo relevante a la maternidad”.

CRISIS SOCIAL Y DEMANDAS FEMINISTAS
¿Cómo se relaciona la crisis desatada en octubre con las demandas feministas?
“En primer lugar, muchas mujeres vienen manifestándose desde antes de octubre. Un ejemplo es la multitudinaria marcha de marzo del año pasado (que se repitió este año). Entonces, no es raro que hayan ocupado un lugar más o menos visible a partir de esa fecha. Y si bien la crisis social sigue siendo difícil de leer, uno podría decir que el factor común de todas las demandas era un malestar con diversos aspectos de la vida social.

Descontento con la institucionalidad, con el modo en el que son las cosas, y también un descontento material. En la crisis social las mujeres tienen mucho que decir, pues usualmente son las principales afectadas. Recordemos que en Chile la pobreza generalmente tiene rostro de mujer: suelen tener peores condiciones laborales, peores pensiones, más cargas económicas; la cantidad de hogares monoparentales llevados por mujeres en este país es enorme. Hay ahí un punto muy importante, que debiera ser parte de la agenda social posterior al estallido”.

¿Qué importancia le atribuye a la paridad entre hombres y mujeres en el proceso constituyente?
“Es positivo que se promueva la participación más equitativa de las mujeres en distintos espacios, pero sinceramente no pienso que el mecanismo de corrección ex post sea el más idóneo. Esto tiene serias implicancias para la democracia, porque cambia la voluntad de los electores, y me parece que un proceso como este debía ser lo más democrático posible. Tal como ha señalado Jorge Correa Sutil, todos los sistemas electorales distorsionan, en mayor o menor medida según el caso, pero este es el único que altera posteriormente los resultados”.

¿Qué críticas le hace al movimiento feminista?
“El movimiento es muy amplio y diverso, por lo tanto, las críticas que uno pueda hacer a algún sector no necesariamente aplica a otros. Creo que el movimiento feminista chileno ha hecho un gran trabajo en formar redes de mujeres que se sienten acompañadas y queridas por otras. Ha logrado unir esa experiencia común que tiene toda mujer. La red de apoyo que ha significado el movimiento feminista para muchas mujeres es una cosa bien impresionante.

Dicho lo anterior, creo que ciertos sectores del movimiento suelen ser muy elitistas, en el sentido de que enfatizan demandas que sólo hacen sentido a una mínima parte de la población (por ejemplo, de las bibliografías de los cursos universitarios). Otros tienden a ser poco inclusivos. Muchas mujeres no se sienten incluidas en el feminismo por el hecho de ser carabinera o madre, o por tener alguna sensibilidad política determinada. Creo que ahí el feminismo falla, porque debería unir a las mujeres”.

¿Cuáles son los desafíos del feminismo chileno?
“Ciertamente superar los puntos que mencionaba antes, y también creo que debe incorporar nuevas visiones, complejizarse. Los feminismos de izquierda y aquellos más liberales tienen muchas diferencias, pero suelen coincidir en un excesivo énfasis en la soberanía del individuo y la autonomía ilimitada. Pero ese énfasis no alcanza a ver la importancia que tiene para la mujer la red de relaciones en la que se encuentra inmersa.

Empecinados en lograr la independencia a toda costa de la mujer, olvidan que ciertos grados de dependencia le permiten, finalmente, ser más autónoma. Un feminismo que rescate la dimensión relacional de la mujer y sus implicancias, el valor de sus vínculos y relaciones puede contribuir mucho al escenario chileno”.

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