Marcelo Simonetti: “Vivimos la vida en un equilibrio precario constante”

La explosión atómica en Hiroshima el 6 de agosto de 1945 muestra la fragilidad de la vida. “Lo que más me aterra es que muchas veces es el propio ser humano el que expone a la humanidad a una vulnerabilidad mayor”, precisa el autor

Lo que más aterra a Marcelo Simonetti “es que muchas veces es el propio ser humano el que expone a la humanidad a una vulnerabilidad mayor”.

“Lo único que recuerdo es una luz blanca. Una luz blanca que me traspasó y que me elevó por los aires. Me demoré en advertir qué era lo que había pasado”, relata una de las protagonistas de “Dibujos de Hiroshima”, Editorial EMECE, 2020, de Marcelo Simonetti, una notable novela que recrea un antes y un después de la explosión atómica en Hiroshima, el 6 de agosto de 1945.

Marcelo, ¿cómo llega a la escritura de “Dibujos de Hiroshima”?
“La novela partió siendo un cuento que formó parte de la antología que publicó Ediciones B en 2015, con motivo de los 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. La antología se llamó ‘El fin del mundo’, en ella está incluido un cuento de mi autoría que se llama igual que la novela. Siempre me quedó dando vueltas ese cuento, siempre pensé que esa historia encerraba una historia mayor. Y en el afán por descubrirla apareció Valparaíso, apareció el personaje de Ryu Nakata que muere en las primeras páginas de la novela, y apareció también su nieto, Yasuhiro, que es el protagonista de la historia. Junto con esto también reaparecieron las sensaciones que tenía guardadas desde la infancia, cuando a la edad de ocho años supe del hongo y de la tragedia que se escondía bajo esa imagen omnipotente”.

¿Los personajes de la novela muestran la fragilidad de la vida?
“Vivimos la vida en un equilibrio precario constante y la actual pandemia es una muestra de ello. Lo que más me aterra es que muchas veces es el propio ser humano el que expone a la humanidad a una vulnerabilidad mayor. Lo vemos a diario: la devastación de la naturaleza, la explotación de los que menos tienen, la contaminación de los mares. Lo que pasó en Hiroshima es la expresión máxima del horror, de la barbarie, de la humanidad reducida a su condición más ruin. Hoy la amenaza atómica parece controlada, pero el desprecio por la vida humana que se desprende del uso de un arma como la bomba atómica lo vemos hoy día trasladado a diferentes situaciones que son parte de lo cotidiano. A ratos naturalizamos ese desprecio por el otro. Lo que pasó hace algunas semanas en Estados Unidos con el asesinato de George Floyd a manos de la policía es una muestra de la barbarie”.

Para las personas que vivieron en Hiroshima ese aciago 6 de agosto de 1945 fue un fin de mundo. Uno de los personajes dice: «Lo único que recuerdo es una luz blanca». ¿Cómo dimensionar la gravedad de la explosión?
“Lo de la luz blanca es algo que aparece registrado en ‘Hiroshima’, del estadounidense John Hersey. Él habla de un resplandor silencioso, de una luz cegadora. Cuando hace referencia a uno de los sobrevivientes que entrevistó para construir su historia escribe textualmente: ‘La señora Nakamura estaba de pie, mirando a su vecino, cuando todo brilló con el blanco más blanco que jamás hubiera visto’. Ese infierno blanco se agravó con lo que vino después. El calor era tan intenso que la sensación de estar quemándose por dentro es relatada por muchos sobrevivientes. Clamaban por un poco de agua y cuando la lluvia radiactiva comenzó a caer desde el cielo, muchos abrieron sus bocas para beber de esa lluvia y saciar la sed sin saber que eso era una sentencia de muerte. Creo que una buena forma de dimensionar el infierno vivido por los habitantes de Hiroshima es leer la novela ‘Flores de verano’, de Tamiki Hara”.

Conmueve lo que dice Paul Tibbets, piloto del Enola Gay que lanzó la bomba: «Nunca perdí una noche de sueño por la bomba de Hiroshima». ¿Cómo fue esto posible?
“La historia de Hersey —que fue publicada por entregas por The New Yorker antes de convertirse en libro— obligó a los estadounidenses a ver por primera vez los efectos de la bomba a través de los ojos de las víctimas —el libro relata lo sucedido a partir del testimonio de seis sobrevivientes—. Antes de eso, la bomba era el símbolo de la victoria. Pero como en todo orden de cosas, hay quienes se niegan a ver la realidad, sobre todo cuando esta cuestiona los pilares sobre los que has construido tu vida. La frase de Tibbets, que es una de las citas que aparecen en el libro antes de que comience la novela, viene a ratificar que la ruindad del ser humano muchas veces es amiga de la arrogancia”.

Un cuento escrito por Simonetti que apareció en una antología del 2015 con motivo de los 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, es el germen de “Dibujos de Hiroshima”.

“LA NOVELA HIROSHIMA FUE CLAVE PARA ENTENDER LO QUE PASÓ”
Marcelo Simonetti (Valparaíso, 1966), periodista y escritor. Ha ganado importantes reconocimientos como el Premio Municipal de Santiago, por su libro de cuentos “El abanico de madame Czechowska” (2002); el Premio Casa de América, en España, por su novela “La traición de Borges” (2005); el Premio Mejores Obras Literarias, por el volumen de cuentos “El disco de Newton” (2014) y el Premio Marta Brunet, por el libro “Las rayas del tigre” (2019).

Marcelo, para la elaboración del libro, ¿qué libros fueron fundamentales?
“Varios, sin duda. Algunos me sirvieron mucho como parte de la investigación sobre Hiroshima. La novela de no ficción de John Hersey, ‘Hiroshima’, fue clave para entender qué fue exactamente lo que pasó, sobre todo porque Hersey divide el libro en tres momentos: lo que hacían los sobrevivientes antes de la bomba, lo que hicieron en el momento justo en el que cayó la bomba, y lo que vivieron después. Igual de importante fue ‘Flores de verano’, de Tamiki Hara. Pocos libros describen con más crudeza lo que vivieron los habitantes de Hiroshima el 6 de agosto de 1945 que el libro de Hara. En esta misma línea, ‘Lluvia negra’, de Masuji Ibuse, fue de gran utilidad para entender los efectos que la bomba desató en la población. Por otro lado, me interesaba poder aproximarme a esa atmósfera tan particular de algunos libros y de algunos autores que han dado lustre a la narrativa japonesa. Creo que en ‘Dibujos…’ hay cierto tono, a la manera de un claroscuro, que permite advertir cuando menos ese intento de aproximación al territorio literario que han construido autores como Natsume Soseki, Yasuhiro Kawabata o Yukio Mishima, y en ese plan ‘Kokoro’, ‘Mil grullas’ y ‘El marinero que perdió la gracia de mar’ fueron novelas significativas. También eché mano a Julio Cortázar y su cuento ‘El perseguidor’. Lo tomé específicamente para construir el personaje de Fabián Aristimuño. Lo había situado en uno de los bares más emblemáticos de Valparaíso y necesitaba dotarlo de un discurso y me pareció que apropiarme de la voz del protagonista de ‘El Perseguidor’ era un ejercicio útil para estos efectos”.

¿Cuál fue la importancia de Hiroshima de John Hersey para comprender la tragedia?
“La gracia del libro de Hersey, más allá del trabajo de investigación de campo que realizó —él fue enviado a Hiroshima un año después que la bomba cayera—, radica en que él toma la decisión de contar la historia no contada, la de las víctimas, y eso generó un verdadero cisma en Estados Unidos”.

La novela menciona al poeta Sankichi Toge, testigo de la explosión atómica… ¿Qué puede señalar de su obra y de su corta vida?
“Todo lo que pude averiguar fue en función de lo que fui recogiendo, a fragmentos, en diferentes sitios de internet. Lamentablemente, el libro que recoge sus poemas sobre la bomba atómica no ha sido traducido al español. Los poemas que aparecen en la novela son traducciones que pude encontrar rastreando sus materiales luego de largas noches. Él trabajaba como un empleado en una compañía de gas de Hiroshima. En su juventud fue anarquista y a los 32 años pasó a militar en el Partido Comunista. El hecho de haber sobrevivido a la bomba, su condición de activista por la paz y los poemas que escribió sobre los efectos de la bomba atómica lo convirtieron en el poeta más importante de Hiroshima. Murió a los 36 años”.

Los sobrevivientes de la explosión, con serias lesiones y víctimas de la radiación se convirtieron en los denominados hibakuska, que fueron socialmente rechazados. ¿Cuál es su situación actual?
“Entiendo que los sobrevivientes terminaron siendo tremendamente importantes en cómo la sociedad japonesa procesó todo lo ocurrido. Su testimonio de vida ha permitido procesar el dolor y perdonar, lejos de cualquier atisbo de odio o ánimo revanchista hacia los Estados Unidos”.

La amenaza nuclear, ¿sigue latente?
“Aunque hoy pareciera que la amenaza nuclear no está en la primera línea de las grandes preocupaciones de la humanidad, el tamaño de la estupidez humana es tan grande que yo no me fiaría, sobre todo considerando el perfil de algunos líderes de las potencias mundiales. Por lo demás, ya se sabe: el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”.

Mario Rodríguez Órdenes/Fotos: Vicente Simonetti

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