Los últimos días de Pablo Neruda: ¿Crónica de una muerte anunciada?

Había muerto el hijo de Parral y de Temuco, el viajero incansable por los territorios del mundo y del alma, el amante, el militante, el coleccionista, el niño de la lluvia y el viento. Había pasado del dolor a la eternidad de la poesía

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12 de julio de 2020
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Cuando Neruda se enteró que el presidente Allende había muerto en La Moneda, la noticia fue un verdadero mazazo emocional.

“…Tranquilo amaneció ese día 11 de septiembre de 1973. Un chorro de luz me golpeó el rostro cuando abrí las ventanas.
Pablo está sonriente y sus ojos buscan el mar que besa constantemente las tranquilas playas.
Un aire de paz mece las flores del jardín.
Nos sentimos animosos.
Debo haberle sonreído a esa mañana de luz”.
Matilde Urrutia “Mi vida junto a Pablo Neruda” (Memorias)

Neruda recibió el Nobel de Literatura en 1971.

En Isla Negra Pablo y Matilde esperaban con ansias ese día. Se acercaba la primavera con su promesa de flores y sol. También los visitarían queridos amigos y camaradas. Uno de ellos era José Miguel Varas, escritor y periodista, gran amigo del poeta, quien le traería su último libro titulado “Canción de Gesta”, recién publicado por la Editorial Quimantú. También había anunciado visita el escritor Fernando Alegría, para quien Matilde prepararía sus mejores platos. A ellos se sumaba la visita del abogado y ministro de Justicia Sergio Inzunza, quien les mostraría los planos de la Fundación Cantalao, la herencia de 4,3 hectáreas que Neruda proyectaba en Punta de Tralca para los artistas de Chile y del mundo. A ese emblemático almuerzo en Isla Negra asistirían ocho comensales incluyendo al presidente Allende, quien se excusó dos días antes, debido a la compleja situación que vivía el país.

Lamentablemente nada de lo dispuesto por Neruda en su testamento se cumplió, puesto que su firma no pudo ser protocolizada ante un notario. Sólo los cactus, un ancla instalada el 2014 y una pequeña cabaña frente al mar construida por su carpintero y cuidador, recuerdan el proyecto original. La actual Fundación Neruda, que controla todas las propiedades y derechos del poeta, es consecuencia del testamento de Matilde Urrutia, quien falleció en 1985.

Matilde dice que todo iba bien esa mañana hasta que Pablo encendió una radio para escuchar noticias. El conductor y camarada de Neruda don Manuel Araya, también militante del P.C., afirma que el poeta lo llamó en la madrugada. Escuchaba radios argentinas que hablaban de movimiento de tropas en Chile. Manuel recuerda que Neruda decía: “escuche, escuche, usted no sabe cómo se sufre en una guerra”. Recordaba la guerra civil en España, la muerte de sus amigos bajo el franquismo. Aunque el poeta había temido momentos difíciles para la democracia chilena, dada su dura experiencia en España y bajo el gobierno de González Videla, parecía que el presidente Allende sería capaz de sortear exitosamente los tremendos desafíos. Además, Chile no era una república bananera con sus dictaduras brutales y sus crímenes.

Manuel Araya recuerda que Neruda trató de comunicarse con el presidente Allende, lo que no fue posible.
Cuando se enteró que el gobernante había muerto en La Moneda, la noticia fue un verdadero mazazo emocional. “Esto es el final”, dijo Pablo. Conocía los extremos a que puede llegar el odio y la venganza, cuando se instalan en el poder. En España sus entrañables amigos, el gozoso Federico García Lorca y el poeta – pastor Miguel Hernández lo habían pagado con la vida. Sus nombres aún están grabados sobre las vigas de su casa en la Isla.
En la tarde de ese día Pablo tuvo fiebre.

12 de septiembre. Manuel Araya, testigo clave y la única persona viva de quienes acompañaron al poeta en esos días, dice que “pusieron frente a Isla Negra un buque de guerra con cañones. El embajador de México le ofreció asilo”.

14 de septiembre. El poeta se sentía mejor gracias a las inyecciones recetadas por su médico tratante y a la enfermera Rosa Núñez, que vivía en El Tabo. Le había pedido ayuda a Matilde para escribir el último capítulo de sus Memorias, cuando escucharon voces. Entró el conductor Manuel Araya informándoles que se trataba de un allanamiento. Tres camiones militares rodearon la casa.

Cuando el oficial, un poco avergonzado entró en el dormitorio de Neruda, éste lo trató con serenidad. “Cumplan ustedes con su deber, la señora los acompañará”. Y agregó: “Busque nomás, capitán. Aquí hay una sola cosa peligrosa para ustedes”. “¿Qué cosa?”, preguntó el oficial. “La poesía”, respondió Pablo.
Preguntaron por posibles subterráneos y revisaron minuciosamente toda la propiedad. Obviamente no encontraron nada de interés y se retiraron.

17 de septiembre. El diario “La Tercera” tituló: “Pablo Neruda, muy enfermo”. La información se basaba en declaraciones de su hermana Laura Reyes, quien afirmaba que el poeta se encontraba delicado, pero trabajando en su casa.

18 de septiembre. Algunos amigos como Hugo Arévalo y la cantante Charo Cofré, quienes actualmente poseen un hotel y hostería muy cerca de la casa de Isla Negra, lograron pasar el cerco policial que rodeaba las ciudades y llegaron a saludar. Todos contaban aterradoras noticias sobres ejecuciones, torturas, allanamientos y detenciones en todo el país.

En la tarde nuevamente Neruda tuvo fiebre. Matilde logra comunicarse con su médico tratante el Dr. Roberto Vargas Salazar, chillanejo como ella, una eminencia en el campo de la urología, quien le propone hospitalizarlo en la Clínica Santa María. Para realizar el traslado el conductor Manuel Araya viaja a Santiago en bus y consigue una ambulancia privada. Trasladarlo a la Clínica Santa María acercaba al poeta al aeropuerto y a su asilo en México.
El Dr. Vargas trabajaba en el Hospital Van Buren de Valparaíso, recinto donde el poeta era sometido a radioterapias. Será quien firme el certificado de defunción de Neruda, a pesar de verlo sólo cuando es hospitalizado y no acudir a la clínica cuando se produce el deceso. Por esos días la Clínica Santa María era cubierta por médicos y enfermeras del Hospital Militar. Hasta hoy no se ha logrado determinar quién ejercía como director delegado. Varios de los profesionales de turno serán los mismos que años después participarán en la atención del ex presidente Eduardo Frei Montalva, cuya muerte investigada por la justicia determinó que fue causada por la inoculación de “sustancia toxicas no convencionales”.

19 de septiembre. Llega la ambulancia. El poeta está profundamente triste. Su mascota “Panda” se resiste a separarse de su lado. El viaje es lento, con detenciones y allanamientos. Neruda llora de humillación en Melipilla, cuando cuarenta militares lo sacan de la ambulancia a punta de groserías para buscar armas. El viaje demora cinco horas, lo habitual eran dos. Hay que recordar que el trayecto San Antonio – Santiago dependía del regimiento de Tejas Verdes, a cargo del coronel Manuel Contreras.

Llegan a la clínica al filo del toque de queda. Los recibe el doctor Vargas Salazar y algunas enfermeras. Lo instalan en la habitación 406 que actualmente no existe. Se trataba de un pequeño departamento de dos habitaciones, una antesala, un baño y el dormitorio.

Llegan algunos amigos, quienes le cuentan a Matilde que “La Chascona”, su casa a los pies del cerro San Cristóbal ha sido inundada, saqueada e incendiada. Matilde les pide que no le den información alarmante a Pablo. También acude el embajador de México, Gonzalo Martínez Corbalá, quien insiste en que hay que sacar al poeta de Chile. El presidente mexicano Luis Echeverría ofrece un avión para trasladarlo a su país. A pesar de todos los argumentos de su esposa y del embajador, Pablo se niega.

20 de septiembre. Nuevamente lo visita el embajador Martínez Corbalá, quien junto a los amigos del poeta expone a Pablo la conveniencia de acceder al ofrecimiento de su país. El poeta termina aceptando irse por un corto tiempo, pero insiste en que regresará pronto. Matilde Urrutia se alegra de la decisión. Acuerdan que el viaje será el 22 de septiembre. El gobierno de México dispone de un avión con todas las comodidades para cuidar la salud del premio nobel. El poeta había vivido varios años en dicho país cumpliendo tareas diplomáticas y tenía verdaderos amigos en la tierra azteca.

21 de septiembre. No hay menciones explícitas sobre lo ocurrido ese día.

22 de septiembre. El embajador Martínez Corbalá llega temprano a la clínica para recoger al poeta y su esposa y trasladarlos al aeropuerto. Pero Neruda lo sorprende: “Embajador, no quiero irme hoy”. Acordaron que el viaje sería el lunes 24 de septiembre. En declaración jurada el diplomático afirma: “Neruda se encontraba en absoluta normalidad”. Durante la mañana lo visitan el ex candidato presidencial (DC) Radomiro Tomic y el abogado Máximo Pacheco.

También llegan la poeta Delia Vergara, Maruja Vargas y la amiga y abogada Aída Figueroa (esposa de Sergio Insunza) quien recuerda que “estaba lúcido, sin angustia de muerte, pero con dolores muy fuertes”. Neruda le mencionó que el lunes partirían a México. Años después ante el magistrado Mario Carroza la abogada declaró que “para mí estaba claro que iba a fallecer, por lo que me despedí besándole la mano, al igual que lo hizo él”.

Matilde afirma en sus “Memorias” que ese día viaja a Isla Negra junto a su conductor Manuel Araya a buscar el equipaje para el viaje que incluía una lista de libros que el poeta quería llevar. Manuel Araya recuerda que fue el domingo 23. La fecha y oportunidad de este viaje despierta muchas interrogantes entre los investigadores. ¿Es posible que el poeta quisiera alejar a Matilde para despedirse de Alicia, su último amor? (Alicia Urrutia, sobrina de Matilde Urrutia, quien trabajó y vivió en Isla Negra durante un periodo. Mantuvo un romance oculto con el poeta, quien la nombraba Rosario. Durante la estadía de Neruda como embajador en Francia se escribían a través del diplomático y escritor Jorge Edwards).

Araya dice que salieron tipo 8.30 de la mañana y que junto a Pablo quedó su hermana Laura, “La Conejita”, quien tenía graves problemas de visión. A fines del mes de diciembre de ese mismo año Laura escribe a un amigo y afirma que (Neruda) “estuvo bien, corrigiendo y poniendo en orden unos poemas para unos libros que había terminado, pero en la noche se agravó mucho y al otro día…ya inconsciente no conocía a nadie, ni hablaba”. Ella, la escritora Teresa Hamel y Matilde Urrutia serán las únicas que permanecerán junto al poeta hasta el final.

Manuel Araya declara que a las cuatro de la tarde en Isla Negra Matilde recibe un llamado telefónico del poeta quien le cuenta que mientras dormía había entrado un médico y le había puesto una inyección “en la guata”. Le pide regresar urgentemente a su lado. ¿Fue este el momento en que le inocularon un germen fatal? Es posible. Es parte de la verdad judicial pendiente en manos del magistrado Mario Carroza.

Viajan de regreso a toda velocidad. Cuando Matilde ingresa a la Clínica cerca de las 18 horas, lo encuentra excitado. Se ha enterado de la terrible muerte de Víctor Jara y de las ejecuciones sin juicio. Después de mucho esfuerzo, logra tranquilizarlo. Manuel Araya recuerda que “cuando llegamos veo a Neruda con la cara roja. ¿Qué pasa don Pablo?, le pregunto. “¡Ay compañero!, me pusieron una inyección en el estómago y me estoy quemando por dentro”, me contestó.

Esa tarde lo visita el embajador de Suecia Harald Edelstam, ex diplomático en Berlín donde había salvado a numerosos judíos perseguidos por los nazis. El personero recuerda que estuvo en la clínica entre las cuatro y las cinco de la tarde. Lo recibió Matilde y no recuerda que el poeta se encontrara en estado febril.
Hay testimonios contradictorios sobre el estado de Neruda esa tarde. Incluso habría una fotografía tomada por un misterioso fotógrafo brasilero donde aparecería el poeta sentado y conversando animosamente. Esta fotografía no ha podido ser puesta a disposición del tribunal.

Edelstam en su testimonio afirma que conversó con el poeta sobre los acontecimientos en Chile y la suerte de algunos de sus amigos. Según el diplomático Neruda habría afirmado: “Son peores que los nazis, asesinan a sus propios compatriotas”.

En el prólogo a la edición sueca del libro “Maremoto” el diplomático evocó al poeta: “está macilento y muy pálido…y esta horrorizado por todo lo que ha visto y oído del sangriento avance de los militares”.
Posteriormente Edelstam fue declarado “persona non grata” por la Junta Militar por ofrecer asilo a numerosos perseguidos y debió abandonar Chile en diciembre de ese año.

Los testimonios a casi cuatro décadas son imprecisos y a ratos discordantes. En algún momento llegó a la clínica Pierre De Menthon, embajador de Francia, para imponerle la Orden de Gran Oficial de la Legión de Honor. Matilde lo acoge en la antesala y recibe las condecoraciones. Lloraba. El embajador quedó con la impresión que el enfermo agonizaba y no había esperanza.

Manuel Araya recuerda que le puso una toalla húmeda en el estómago. Y cuando estaba en el baño lavándose la cara, llegó un médico a quien no había visto quien lo envió a comprar con urgencia el medicamento Urogotán a una farmacia de Vivaceta, la única abierta durante el toque de queda. ¿No estaba este medicamento disponible en la clínica? ¿Quién fue este misterioso facultativo? El conductor nunca supo su nombre, ni vio su rostro. Las numerosas diligencias judiciales no han permitido aún determinar la identidad de esta persona.

Al dirigirse a la farmacia es interceptado por dos vehículos, lo bajan violentamente del auto y le disparan a quemarropa en una pierna. Pasada la medianoche carabineros lo entrega a los militares en el Estadio Nacional. Al día siguiente lo reconoce el cardenal Raúl Silva Henríquez, quien lo conocía muy bien, ya que era visitante frecuente en Isla Negra y Manuel lo trasladaba de ida y vuelta desde la Casa de Ejercicios Espirituales de Punta de Tralca. El cardenal logrará su liberación 42 días después.

En sus “Memorias” Matilde registra que su chofer ha desaparecido desde el momento que regresaron de Isla Negra. Después se enteraría que fue detenido, herido, torturado y trasladado al Estadio Nacional.

Matilde narra que cuando logra tranquilizar a Pablo, el poeta comienza a recordar sus días felices, su luna de miel en Capri, su matrimonio a la luz de la luna, sus amigos de Montevideo, su vida entera. Toman la decisión de quedarse en el país, a pesar de los riesgos. En Chile está lo que más aman.

Cerca de la medianoche la fiebre vuelve a sacudir a Neruda. En un momento soltó las manos de su mujer y se desgarró el pijama gritando: “¡Los están fusilando! ¡Los están fusilando!”. Matilde llama a la enfermera quien al comprobar su estado le coloca una inyección para dormir. Poco a poco el poeta se calma y se duerme. Matilde también se adormece unas horas, pegada a su costado.

23 de septiembre. Pablo sigue durmiendo durante todo el día. Por la noche lo siguen acompañando Matilde, Laura su hermana, Teresa su amiga. Matilde escribe: “De repente, lo veo que se agita. Qué bueno, va a despertar. Me levanto. Un temblor recorre su cuerpo, agitando su cara y su cabeza. Me acerco. Había muerto…Pasó de ese sueño del día anterior a la muerte”.

Su hermana Laura en su carta a José Caballero dice: “Y antes de dejar de respirar- yo estaba muy cerca, al ladito- dijo: “Me voy”. A los cinco minutos, otra vez repitió: “Me voy”. (…) Murió tranquilo, le falló el corazón”.
Teresa Hamel recuerda ese instante: “…le tenía tomado el pulso a Pablo; le miraba consternada. Su respiración era débil (…) Noche negra, con toque de queda. A las 10 sentí que su pulso había cesado. “Se le paró el corazón”, dije…No recuerdo otras cosas, estábamos todas muy impresionadas”.

El Dr. Sergio Draper, quien atendió al vate alrededor de las 3 de la tarde afirmó en octubre de 1973 que Neruda le había dicho: “póngame amidona” (analgésico). Después de suministrárselo el poeta habría murmurado: “Estoy muy bajo”. En el 2011 ante el juez Carroza, afirmó que ese día la enfermera María Araneda le informó que el paciente sufría intensos dolores. Se dirigió a su habitación y luego de leer las indicaciones de su médico tratante le administró dipirona intramuscular. Declara haberse retirado del recinto a las 19.45 horas tras ser relevado por un médico de apellido Price. Declara que la muerte se debió “al cáncer a la próstata y sus múltiples metástasis”. Casi a la misma hora Manuel Araya era detenido en la calle Balmaceda con Vivaceta.

El Dr. Price no ha podido ser ubicado a pesar de los esfuerzos judiciales. Tampoco existen registros académicos con este nombre en las escuelas de medicina en Chile. Demasiadas contradicciones y falsedades.

Había muerto el hijo de Parral y de Temuco, el viajero incansable por los territorios del mundo y del alma, el amante, el militante, el coleccionista, el niño de la lluvia y el viento. Había pasado del dolor a la eternidad de la poesía.
Las tres mujeres vistieron a Pablo conmovidas. El personal de la Clínica cubrió el cuerpo y casi corriendo lo trasladaron a un pasillo oscuro donde las tres pasaron la noche congeladas sobre una banca.

Fue velado en “La Chascona”, su casa a los pies del San Cristóbal, entre vidrios rotos, restos del saqueo y frío.
Su funeral fue custodiado por numeroso contingente militar y seguido por todos los medios de comunicación extranjeros acreditados en Chile. Sería la primera manifestación pública de resistencia a la dictadura.

Esta cronología incompleta y a ratos contradictoria es deudora de diversas fuentes y de los autores Matilde Urrutia “Mi Vida junto a Pablo Neruda” (Memorias) y Mario Amorós “Neruda. El príncipe de los poetas”.

“Pasó de ese sueño del día anterior a la muerte”, recordó Matilde Urrutia sobre los últimos momentos del poeta.

LA INVESTIGACIÓN
Manuel Araya logró sobrevivir a la dictadura a pesar de las persecuciones. Su insistencia en denunciar lo sucedido con Neruda lo llevó a romper con Matilde Urrutia. Ya en democracia, intentó entrevistarse con el ex presidente Frei y con el ex presidente Lagos, buscando que se investigara lo sucedido. Ni ellos, ni sus ministros de Cultura lo escucharon. Tampoco los medios de comunicación en Chile.

En el 2011, después que la revista mexicana “Proceso” publicara su testimonio, Rodolfo Reyes, abogado y sobrino de Neruda, así como el Partido Comunista, se querellan contra quienes resulten responsables.

El magistrado Mario Carroza ha llevado adelante una investigación acuciosa y compleja, dado el paso del tiempo y la ausencia de testigos claves. En el plano médico cuenta con la asesoría de un panel científico integrado por quince expertos genéticos y proteomicos de Canadá, España, Francia, USA y Chile, coordinado por la Dra. Gloria Ramírez.
Hasta el momento los expertos han demostrado la falta de prolijidad e inconsistencia del certificado de defunción descartando la muerte por anorexia cancerosa como diagnóstico principal y han identificado el germen patógeno Clostridium Botulinum que produce septicemia y toxemia. Es el mismo que se aplicó por los servicios de inteligencia de la dictadura a algunos presos políticos en la Cárcel Pública de Santiago. Actualmente los expertos trabajan en las contramuestras y en los estudios de evolución del germen, así como su origen temporal y geográfico. Los científicos manejan tres posibilidades de origen: Brasil, USA o Chile.

Para muchos en nuestro país el tema carece de interés, para el mundo y para la historia conocer la verdad sobre la muerte del Premio Nobel es muy importante.

Matilde Urrutia estuvo junto al poeta hasta su muerte.

LA MUERTE NO EXISTE
En 1965 Sara Vial, periodista y amiga del poeta publicó en el diario “La Nación” una extensa entrevista a Pablo Neruda realizada en su casa de Isla Negra. Era la víspera de un viaje del vate a Inglaterra para recibir un Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Oxford y reconocimientos de las universidades de Essex y Cambridge.
En un fragmento de dicha entrevista Sara Vial pregunta:

¿Por qué no escribió más prosa?
-Porque no sé escribir en prosa.

¿Qué piensa del escritor que se convierte en periodista?
-Son dos oficios que se parecen y se diferencian con profundidad.

¿Le gustaría escribir teatro?
-No.

¿Qué cualidades humanas son esenciales para usted?
-Nunca la inteligencia, siempre la bondad.

Si no hubiera nacido en Chile, en el sur, ¿de qué forma habría nacido?
-Si no hubiera nacido en Chile me hubiera negado a nacer.

¿Qué es la poesía?
-Susurro, trueno, canto.

¿Tiene miedo a la muerte?
-La muerte no existe.

Revista Atenea N°289, págs. 134-135

Gabriel Rodríguez Bustos

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