Los rostros femeninos de una brigada forestal

Valentina Contreras y Ángela Arancibia, la primera como personal de primeros auxilios y la segunda como radio operadora, forman parte del equipo de la Conaf, una institución que hasta hace 14 años solo era territorio pisado por hombres.

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12 de noviembre de 2019
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Valentina Contreras (izquierda) y Ángela Arancibia (derecha) son dos de las cuatro integrantes de la Brigada Maqui 6 de Conaf.

Una profesora de inglés y una estudiante universitaria son dos de las cuatro brigadistas que forman parte de la Brigada Maqui 6 de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), compuesta por 23 personas, 19 de ellas hombres.
En 2005, la Conaf comenzó a incorporar mujeres en los equipos de brigadistas. Antes, la estructura de las bases -también conocidas como campamentos- solo permitía la convivencia de hombres.

Del grupo femenino de la Brigada Maqui 6, dos son manipuladoras de alimentos y dos brigadistas: Valentina Contreras y Ángela Arancibia; la primera como personal de primeros auxilios y la segunda como radio operadora. Ambas tienen en común la vocación de servicio y la idea de que no se necesitan súper poderes para ser parte de un equipo compuesto mayormente por figuras masculinas.

UN TRABAJO QUE APASIONA
Valentina Contreras tiene 21 años y estudia Podología Clínica en el Santo Tomás, carrera que cursa por la noche. Eligió ese horario para poder trabajar durante el día y con los ingresos poder costear sus estudios.
Sus jornadas parten a las 9.00 horas en la Conaf. A las 19.00, cuelga un rato el uniforme para ir a clases en la universidad, donde permanece generalmente hasta las 23.00 horas.
Aun en lo copado de su agenda, volver a la base con sus compañeros, hasta el momento, no lo ha puesto en duda. La actual es su tercera temporada.
Su llegada a la Conaf no fue obra de la casualidad ni una búsqueda sin rumbo. Antes de ella, dos de sus hermanos trabajaron en el mismo oficio.
“Lo tomé como una experiencia nueva”, bosqueja como recuerdo de sus inicios.

¿Qué es lo que más te atrae de este trabajo?
“Aparte de defender nuestro medio ambiente, el compañerismo que se da acá. El respeto hacia nosotras es bonito, porque no en todas partes pasa así”

¿Cada vez que se acerca una temporada qué sientes?
“Acá se forma un lazo tan importante entre todos, que aparte de ser compañeros, muchos terminan siendo muy amigos, con una confianza increíble”.

COMO EN CASA
En un trabajo temporal, donde el personal pernocta 10 días en la base y descasa cuatro, donde hay temporadas estivales cuando por cumplir el oficio deben permanecer el fin de año o la Navidad lejos de sus familias -porque en esas fechas suelen incrementarse los incidentes- hay quienes sienten que volver es como llegar al hogar, como Ángela Arancibia.
“Es como que estuvimos de vacaciones cuatro meses y volvimos a casa, porque uno pasa más tiempo acá”, describe esbozando una sonrisa tranquila. Su compañera apenas escucha asiente inmediatamente para aprobar el tino del comentario.
Arancibia, de 32 años de edad se integró al equipo de la Conaf en la Brigada Maqui 5, en la temporada 2006-2007. En ese entonces tenía 19 años y recién había cumplido el servicio militar.
Laboró cuatro temporadas continuas, se alejó para estudiar Pedagogía en Inglés y volvió después de ejercer como docente un tiempo.
Presentarse cada verano en la base de la Conaf en Talca es para ella una forma de colaborar con el medio ambiente: “A mí en realidad me gusta todo lo que tiene que ver más con el servicio, con la ayuda y este trabajo es como mi aporte al planeta. No es por moda. Recuerdo ver cómo un bosque de roble se destruía en un par de minutos. Ante todas esas cosas, uno piensa en el aporte que puede hacer, tratando de proteger un poco nuestra Tierra”.

EL PREMIO
Afanarse en controlar un incendio forestal, desde el más pequeño al de mayor envergadura, les deja a ambas la satisfacción de ver que con su acción pueden evitar desastres o ayudar a que la pérdida no sea mayor para alguna familia.
“Podemos estar muy cansados, pero la motivación es ver que la gente tiene su casa, porque pudo pasar un par de minutos y no la hubiese tenido”, resalta Contreras.
Y su compañera completa la definición de entrega con el oficio que ejercen: “Uno no hace el trabajo para recibir grandes aplausos ni nada, sino que uno se lo queda guardadito y piensa que la misión fue cumplida”.

APORTE FEMENINO
Como mujeres ¿Cómo se sienten de participar en la brigada?
Ángela Arancibia: “Desde mi punto de vista, es abrir una oportunidad más a las mujeres, porque, si bien es cierto que entramos de a poquito, la idea es que cada vez más mujeres se atrevan y que no vean que este es un trabajo de hombres y que también hay profesionales”.
Valentina Contreras: “Confirmo las palabras de mi compañera y, además, les digo que si tienen la capacidad, la motivación y les gusta esto, obviamente, invito a más mujeres a que sean partícipes de esto”.

Ser parte de una brigada forestal -un trabajo que durante años fue territorio solo pisado por hombres-, subraya Arancibia, más que una lucha de géneros es actuar como equipo y sumar.
“Nosotras sabemos que tenemos una diferencia física respecto a los hombres. No queremos ser iguales a ellos. Eso es lógico. Pero sí podemos cumplir ciertas funciones que, a los hombres, quizás, les cuesta más. Las mujeres sí podemos estar y ser un aporte desde otras perspectivas. No necesitamos ser súper mujeres ni igualar a los hombres”, sentencia.

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