Los problemas medioambientales del eucalipto

Por Isabel Martínez Pita. El árbol del eucalipto ha echado raíces por todos los continentes, arrastrando consigo graves consecuencias para el medio ambiente. Su principal problema es que se ha plantado como monocultivo que aniquila la biodiversidad que forman bosques autóctonos o tradicionales, mermando el agua y los nutrientes para el resto de la vida verde.

Una panorámica del Parque Natural de As Fragas do Eume, (A Coruña, Galicia), donde se puede apreciar en color verde oscuro la expansión de masas de eucalipto en detrimento de la vegetación del bosque atlántico.

Ignacio Abella es naturalista y escritor, autor de varios libros dedicados a la naturaleza y los árboles en particular, y argumenta que “en España se han plantando los eucaliptos especialmente en la zona norte, en la cornisa cantábrica y en Galicia, aunque también en el sur de la península y en Portugal. Pero su expansión ha llegado también al resto de continentes, desde California (EE.UU.), hasta México, Argentina, Chile o gran parte de Asia y África”.

Otro de los problemas que genera el eucalipto, “al ser una especie tan ávida de nutrientes es la disminución del agua, que puede acabar con su disponibilidad y la fertilidad de la tierra, porque absorbe tanta humedad que favorece la sequía, incluso llega a secar fuentes y crear graves problemas para la agricultura en los cultivos aledaños”, señala el naturalista.

LOS INCENDIOS QUE PROPICIA
“Pero casi el problema más grave de todos –continúa Abella- es el de los incendios que propicia, que podríamos denominar ‘gigaincendios’, porque son tan extensos que resultan difíciles de apagar por muchos medios que se pongan para intentarlo”. Según el naturalista, “el eucalipto es la especie arbórea más proclive para la propagación de incendios porque los expande más rápidamente, debido a las pavesas que se desprenden de su corteza, que salen despedidas por el propio calor del incendio y llegan a recorrer cientos de metros, aumentando las llamas de forma rapidísima. Sin embargo, el resto de árboles, tanto castaños, robles o autóctonos que también arden, lo hacen mucho más lentamente”.

“Esta es la causa por la que estamos viendo estos grandes incendios tan voraces y rápidos que no dan tiempo a que se pueda hacer nada por sofocarlos en enormes extensiones y que se irán sucediendo, debido al cambio climático y en lugares que hasta ahora pensábamos eran poco proclives a sufrirlos por su humedad, como es la zona norte de España, en el Cantábrico, o en California, donde también se han plantado muchos eucaliptos”, señala Abella.

EL NEGOCIO DEL PAPEL
El negocio del papel, dice el naturalista, es el causante de que se haya fomentado la plantación de eucaliptos.
“Allí donde el eucalipto se ha ido plantando de manera descontrolada se están creando estos problemas, sin que las autoridades, los gobiernos locales o centrales estén tomando cartas en el asunto porque, de hecho, han estado fomentando este negocio del papel para unos pocos”, asegura Abella.

La realidad por la que el eucalipto está tan extendido es su facilidad para generar la pasta necesaria para fabricar papel. “En realidad, hay diferentes especies de eucaliptos que crecen muy rápidamente y se adecúan a muchísimos ecosistemas diferentes, lo que hace que sean muy valiosos para la industria del papel”, indica el naturalista.

“Aunque en la industria del papel ha habido fluctuaciones en su producción, -continúa Abella- debido a los medios digitales, ahora hemos descubierto, gracias a la mensajería de empresas multinacionales muy poderosas que están integradas en todas partes, que se demanda mucho papel de embalaje y cartón, de manera que la demanda mundial sigue muy activa”. “Pero, si un día la demanda del papel cae en picado, quedarán los eucaliptos, ocupando a veces los terrenos más fértiles”, se lamenta Abella.

PÉRDIDA DE BIODIVERSIDAD ENTRE POBLACIONES INDÍGENAS
La propagación de eucaliptos ha llegado a provocar problemas sociales en América Latina donde implican incluso a los indígenas mapuches, que viven entre el sur de Chile y Argentina, y que protestan porque su paisaje ha cambiado tanto que ya les resulta imposible encontrar las plantas medicinales básicas para curar sus enfermedades.
El naturalista señala que “los mapuches son uno de los pueblos más resistentes a esta forma de ocupación y han sido ellos los que han mantenido las araucarias o pehuén (género de coníferas), que proporcionan el alimento básico de las tribus de la zona, los piñones”.

“Estos pueblos han sabido convivir de una manera exquisita con sus bosques de árboles centenarios inmensos, silvestres y que les dan de comer, porque ellos han sabido respetar todo ese ecosistema. Pero ahora, la ocupación de los eucaliptos les impide que tengan otros recursos de cultivos de su tierra que están, literalmente, desplazados por esos árboles cuyo origen es australiano”, subraya Ignacio Abella.

“En un principio el eucalipto se planta de una manera testimonial cuando llega de Australia a finales del siglo XIX para adorno en algún jardín botánico, y en algunas zonas se descubre que es capaz de secar humedales donde la malaria estaba muy extendida, por ello se plantaban masivamente con el fin de desecar y sanear los terrenos. Aunque en la actualidad, los humedales son muy apreciados desde el punto de vista ecológico”, indica el naturalista.

Ignacio Abella concluye que “se da el caso paradójico que, en los lugares originales donde nace el eucalipto, se producen protestas, incluso de organizaciones como Greenpeace, porque están acabando con estos bosques primarios de eucaliptos que, en Oceanía, forman parte de su ecosistema natural y de su diversidad. Sin embargo, es en los eucaliptales australianos donde se producen los inmensos incendios que asolan en la temporada del verano austral”.

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