Los muros de la ciudad también hablan

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17 de diciembre de 2019
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¿Qué seríamos estos humanos que somos, y que todavía vamos siendo sin las palabras? Ellas, las buenas, las nobles y también las otras … son vivos y verdaderos registros de pensamientos, de ideas, de sentimientos y de conductas. En las palabras está la historia de la Humanidad que somos.

Las palabras crean realidad, también la reflejan, lo que nombran existe. El Premio Nobel de Literatura, el mexicano Octavio Paz, señaló: «…el hombre es inseparable de las palabras. Sin ellas, es inasible. El hombre es un ser de palabras «.

El lenguaje humano es comunitario. Los vocablos nacen, viven, circulan, se gastan y también mueren. Los mata el mal uso, el abuso y el desuso. Pero… el ser humano está dotado de memoria.

En el Chile actual, en la llamada comunidad nacional se han iniciado hace dos meses a lo menos, algunos episodios de carácter social, económico y político. Desobediencia civil han dicho algunos; estallido social han señalado otros, y también rebelión popular.

Lo concreto es que el país va experimentando una especie de mutación, de alteración social producto, de la incursión de millones de ciudadanos que ocupan calles, avenidas y plazas para expresar descontento, fastidio y rabia, frente a un estado de cosas que se considera injusto y abusivo. Esas masas hoy lo cuestionan todo de muy diversas formas: marchas, cantos, gritos, cabildos, debates y disposición a luchar como pleno derecho.

Actualmente lo que es el Estado, el Gobierno, el Parlamento, el Poder Judicial, las llamadas diversas instituciones y autoridades del sector público, están en el banquillo de los acusados. No escapan por cierto a esa situación de enjuiciamiento todas las expresiones y estructuras, principalmente económicas del sector privado, particularmente, la minoritaria clase social que concentra una ingente porción de la riqueza del país. Es lo que está resueltamente objetado por trabajadores, estudiantes, pensionados y pobladores del país.

Finalmente, lo cuestionado es el actual sistema político, económico y social aplicado por siglos, y ya inútil, caduco. Ese sistema en su formato neoliberal extremo hoy no responde a las justas demandas de la comunidad. Tal sistema se ha quedado parasitando como una mala costumbre.

Un signo de ese actual estado de cosas que vive la sociedad chilena, junto con las masivas expresiones callejeras, lo constituye la transformación de los muros de las ciudades en verdaderas pizarras populares, que contienen las más diversas manifestaciones lingüísticas -algunas muy creativas- y otras plenas de gran significado, aquella que consigna «Hasta que la dignidad se haga costumbre».

Es a la vez anhelo, demanda, exigencia y mandato. Expresan esas palabras la clara intención de mantener la movilización social transformadora: “Hasta que …”. Nada menor es la palabra “dignidad”, porque de eso se trata, que ese valor actualmente tan atropellado, tan ofendido, se haga, sea alguna vez establecido, consagrado como “costumbre” en la sociedad.

Sin lugar a dudas que el ser humano, integrado como parte activa de colectivos ciudadanos, como manifestación de su sentido gregario, se torna esencialmente creativo, demandante, dinámico, solidario. En la pluralidad radica su riqueza política, ético-moral y artístico-cultural.

Carlos Poblete Ávila
Profesor de Estado

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