Los futuros libros de Historia.

Probablemente por una deformación profesional, tiendo a mirar todo el acontecer con una perspectiva histórica. Siempre me pregunto ¿qué se dirá de esto en el futuro? Y hoy, una pregunta así desazona un poco.

Los libros de Historia que leerán nuestros nietos, suponiendo que seguirá habiendo libros, que los nietos quieran leer y que el sistema educacional incluya Historia (uff, demasiados supuestos) ¿qué dirán de estos convulsionados meses (en la esperanza que los meses convulsos no se transformen en años) que hemos vivido? Si, como dicen, el tiempo cura todo, espero que hablen de la madurez con que, finalmente los chilenos enfrentaron sus diferencias, la visión de Estado que algunos exhibieron y que permitió superarlas y, especialmente, cómo se logró conjugar con éxito el desarrollo económico y la equidad social.

Suena bonito. Bastante difícil, pero bonito.

¿Dirán los libros cómo se logró salir del embrollo actual? ¿Cómo los políticos consiguieron mirar más allá de las conveniencias partidistas y superaron cálculos electorales de corto plazo? ¿Se explicará de qué forma se satisfizo las múltiples y necesarias demandas sociales, con la responsabilidad económica, también necesaria? Espero que todo eso aparezca explicado en esos futuros textos. Como también, ciertamente, los libros pondrán los nombres de quienes encabezaron el proceso de restauración de la convivencia y de reconciliación. Los de quienes aportaron con ideas, proyectos y reformas, valorando argumentos y reconociendo que la verdad y la razón siempre tienen más de un solo dueño.

Pero, los que estoy seguro no figurarán en dichos textos, son los que han formado la primera línea de la disrupción, el resentimiento y la violencia. Los que confundieron demandas con saqueo, aquellos que no distinguen entre disentir y transgredir, entre persuadir y vulnerar. Todos ellos, los caudillos momentáneos, los líderes de turba, no serán más que flor de un día. Más bien maleza. La Historia distingue, los cuela y los desecha.

La deformación profesional, de la que hablaba, permite oír las imaginarias teclas que el historiador futuro está pulsando. Permite intuir que los “gustitos” personales que algunos han buscado son efímeros y que es mucho más valioso, enaltecedor y constructivo el desprendimiento que el egoísmo. Por eso, el mero oportunismo de quienes han intentado subirse a la oleada de estos últimos meses, no les consigue páginas ni párrafos en aquellos textos.

Apenas, alguna nota al pie de la Historia. En cambio, quienes han perseverado en la mesura, la responsabilidad y la prudencia, cubrirán varios capítulos.

Si el Lector es de aquellos que ven difícil llegar a hojear los libros de Historia del próximo siglo, conviene, como a mi, observar el presente con perspectiva histórica, más allá del efímero rumor de la mera contingencia.

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