Los asedios contra Trump

Hasta fines de 2019 Donald Trump miraba confiado las elecciones de noviembre de este año. Pese a su poco delicado estilo para relacionarse con su país y el mundo, comparable a un elefante en una cristalería, gozaba de una sólida base para la reelección.
Seis meses después, el panorama es muy diferente: Trump está al borde de un desastre electoral, pero ningún analista lo da por derrotado todavía. El éxito de su poco ortodoxa manera de enfrentar los desafíos aconseja prudencia al hacer pronósticos. Pero el panorama no pinta bien.

Primero fue el Covid-19, cuya amenaza no tomó en serio al comienzo. Aunque se podría esperar que haya aprendido algo, sigue autofelicitándose: “Pienso que hemos hecho un trabajo espectacular. Lo califico con un diez”, dijo el 1 de mayo. Postura que subrayó categóricamente el 17 de junio: “Estamos muy cerca de tener una vacuna… pero incluso sin ella, (el virus) va a desaparecer… está muriendo”.

Más realista, el Dr. Anthony Fauci, director el Instituto Nacional de Alergia e Infecciones y miembro del equipo de emergencia creado por la Casa Blanca, fue enfático: el virus “es la peor pesadilla… No sabemos cuándo va a terminar. Estamos todavía al comienzo”. El 23 de junio insistió: “el virus no va a desaparecer”.

El porfiado optimismo de Trump se ha traducido en una cesantía sin precedentes. Se temía que en este segundo trimestre, con más impacto del coronavirus en la economía, será peor. Sorprendentemente, las cifras han mostrado un aumento en el empleo que Trump destacó de inmediato: “Nuestro cuerpo estaba tan fuerte que pudimos cerrar nuestro país, salvar millones de vidas, detener muy temprano la llegada de personas de China. Después pasamos a hacer respiradores como no se había visto desde la Segunda Guerra Mundial y ya hicimos más 20 millones de testeos, más que nadie en el mundo”. Y justificó: “Tenemos más casos que cualquier otro país porque hacemos más testeos”.

El problema económico, sin embargo, no pasa solamente por el Covid-19. La muerte del afro-americano George Floyd, aplastado por la bota de un policía hasta ahogarlo, generó una ola de protestas que también ha tenido efecto, incluso en el electorado mayoritariamente conservador de Trump. Las manifestaciones llegaron hasta las puertas de la Casa Blanca, replicándose en todo el mundo.

Es la segunda ola que pone en duda la reelección. No es la última.
Un tercer asedio que ha complicado la vida del Presidente de los Estados Unidos, viene en forma de libros. Algunos son muy críticos, varios muy cercanos y, según parece, todos pueden llegar a enfurecerlo.

El libro que le pegó más de cerca es la historia no oficial de Melania Trump escrita por la periodista Mary Jordan. Su contenido más duro habla de los acuerdos prenupciales, actualizados a pedido de ella para la campaña de 2016.
También muy cercano, por supuesto, es el libro de Mary L. Trump, sobrina del presidente, titulado “Demasiado y nunca es suficiente: cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo”.

Pero, sin duda, más comprometedor y por eso trató Trump de prohibirlo, es el de su exasesor de Seguridad Nacional, John Bolton. Se llama “La habitación donde sucedió”. De acuerdo a un comentario de Camilo Godoy en el diario El Mundo, describe a Trump como “la mayor amenaza para Estados Unidos”.

Casi las mismas expresiones de su sobrina.

Abraham Santibáñez

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