“Lo que tiene que cambiar es nuestro corazón, es cada uno”

El pastor de la Iglesia Católica local indicó que “no basta con protestar indicando el pecado del otro”, invitando a los fieles a dar un paso más allá y modificar las propias actitudes negativas

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8 de diciembre de 2019
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Alrededor de 600 personas llegaron hasta el santuario del cerro de la Virgen en la víspera de la fiesta religiosa de la Inmaculada Concepción; aparte de las que llegaron durante el día.

Aunque se había anunciado que la tradicional peregrinación al cerro La Virgen en Talca se suspendería este año, muchas personas optaron por subirlo a pie en la tarde de ayer, en el día previo a la celebración oficial del Día de la Inmaculada Concepción que es hoy.

Con cuidado, y procurando caminar bien apegados al cerro, los peregrinos ascendieron con la idea de llegar a la misa de las 19.00 horas, ceremonia religiosa que presidió el administrador apostólico de la Diócesis de Talca, monseñor Galo Fernández.
Allí la autoridad religiosa entregó una homilía a los alrededor de 600 fieles que acudieron, centrada principalmente en la situación social que experimenta hoy el país.

De esta forma, comenzó haciendo referencia a la prohibición de realizar la procesión por parte de Carabineros, bajo el argumento de que podría ser peligroso para el regreso de los fieles, ya que muchos llegan a la Plaza de Armas, donde podrían encontrarse con manifestantes.

“Nos duele mucho el no poder expresar la fe de ese modo, pero comprendemos los motivos que nos dieron, sabemos bien las circunstancias tan particulares, tan dolorosas por las que enfrenta la patria. Por lo mismo no queremos renunciar a hacer oración”, dijo el obispo.

Más adelante siguió recordando lo que fue la reciente peregrinación por la Diócesis de la imagen de la Virgen del Rosario de Fátima. “Nos visitó en miedo del clamor de conflictos tan fuertes, incluso en esa herida tremenda en el santuario de María Auxiliadora. La imagen de la Virgen llegó suavemente, y despertó fervor, paz y consuelo”, dijo.

CRISIS SOCIAL
Abordando más directamente la actual crisis social, el obispo calificó esta situación como “un terremoto social”, que también “parece ser una fuerza negativa, dolorosa que se acumulaba para después explotar”.

Aún más, dijo “estamos quizás hasta en una circunstancia más compleja de lo que puede ser un terremoto, porque tenemos una herida en la cohesión social. No tenemos claro cómo se va a ir resolviendo este tema crítico y complejo”.

Y entregando luces de cómo los fieles deben abordar esta situación, expresó que “no basta con protestar indicando el pecado del otro”. “Lo que tiene que cambiar es nuestro corazón, es cada uno”, dijo a continuación, ya que lo que estaría en la base del descontento social serían actitudes negativas de las personas en distintos contextos, dicho de otro modo, el pecado de cada cual.

Finalizó con la esperanzadora frase de que “Chile no tiene vocación de enfrentamiento, tiene vocación de pueblo, de hermandad”.

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