Las ventanas rotas

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7 de diciembre de 2019
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En la Criminología, que es el estudio del fenómeno del delito en la sociedad, es conocida la teoría de la “ventana rota…”. Tiene su origen en Estados Unidos y señala que las personas se comportan según cómo es el entorno que las rodea; así en un medio ordenado y limpio, las personas tienden a comportarse de buena forma.
En cambio, si el ambiente está sucio y oscuro, las personas no sólo tenderán a comportarse de manera antisocial, sino que –además- continuarán degradando el medio. Existe el experimento que hizo el año 1969, Philip Zimbardo, sicólogo social de la U. de Stanford, dejando un auto estacionado varios días en el Bronx que fue desmantelado rápidamente luego del primer daño.

Esta teoría se conoció más en la década de los años ‘70 y ‘80, cuando el alcalde de Nueva York, Joseph Julianni, ante la ola criminal que azotaba esa ciudad, estableció la “Tolerancia Cero” al delito, aplicando esta teoría. Dijo que se iban a reprimir todos los delitos y faltas partiendo por los menores (tirar papeles, cruzar calles, pintar o poner propaganda en lugares prohibidos, entre otros) y, además, se iba a limpiar, pintar, iluminar la ciudad, sus calles y parques. Así se hizo y, en poco tiempo, unido a un refuerzo cultural, Nueva York pasó a ser una ciudad más segura y con muchos menos delitos.

¿A qué viene esto? Muy simple. Las ciudades de nuestro país están muy sucias, rayadas, sin semáforos, y eso se hizo a propósito, lo que se busca es que el común de la gente pierda la urbanidad y buenas maneras, sea como vecinos, peatones o conductores. Lo que está detrás es siniestro, romper la unidad ciudadana, el respeto mutuo, que prime la ley de la selva, para así imponer desde la fuerza y la violencia sus fines.

Por ello, ya que pasaron las manifestaciones pacíficas y se está trabajando en las demandas, sólo quedan esporádicos focos delincuenciales y se está rápidamente develando los autores intelectuales de esta crisis antisocial; entonces, lo más pronto posible las autoridades deben asumir el trabajo de limpieza de las ciudades, y lo mismo los privados en sus locales y casas, para mantenerlos, repintando las veces que sea necesario. Ojalá pueda hacerse una campaña masiva de trabajo colectivo en este sentido, para que se vea que la mayoría quiere una ciudad y un país acogedor, a pesar de los temas aún pendientes.

Dr. Joaquín Montero.

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