Las pinceladas de Emma Jauch en Huilquilemu

Según cuentan vecinos de la villa que la conocieron, Emma tenía la costumbre de mirar la vieja casona de adobe y tejas muchas veces. Disfrutaba la espacialidad, cada brote de hierbas o el parque

Emma Jauch en el taller de batro, Huilquilemu.

Como toda familia recuerda a quienes los preceden, la gran familia y comunidad en torno a la Villa Cultural Huilquilemu de la Universidad Católica del Maule, no olvida, entre muchos colaboradores, a Emma Jauch Jelves, pintora, poeta, escritora y maestra. Aunque ella dijera que para su epitafio prefería se pusiera: “Emma Jauch, esposa y compañera del pintor Pedro Olmos, y todo lo demás como por añadidura”, aquí, nos importa realzar eso de “todo lo demás” o “añadidura”, a la mujer misma, con algunos afanes suyos por el patrimonio cultural en Huilquilemu. Porque ella encarna en forma preclara el espíritu de la Villa Cultural.

La Universidad Católica del Maule la recuerda agradecida, por una labor incansable y generosa en la Villa Cultural y la academia, con la cátedra de “Apreciación de las artes”. Para este Día del Patrimonio en casa, rastreamos las huellas de esta mujer excepcional, con el objeto de mostrar algunos afanes de la artista en Huilquilemu como pintora, escritora, poeta, y maestra de artesanía. Estamos ante un carácter recio, con amplia trayectoria y vasta cultura universal, pero siempre disponible y cercana, cuyo fino y sencillo estilo, fija la mirada en las cosas y las personas, realzando en colores y expresiones nuevas, lo visto y sentido.

Emma Jauch “perseveró horas contemplando los árboles centenarios, viéndolos emerger desde la fortaleza de adobe”.

PINTORA Y DIBUJANTE
Juan Antonio Massone que la conoció muy bien y disfrutó de su amistad, dice sobre las obras plásticas de Emma, que “se caracterizaron por la limpidez del trazo, la nítida atmósfera y los colores teñidos de sensibilidad íntima, recogida, como si quisiesen ser vislumbres de un tejido sensible al paisaje y a los rincones regionales”. Con ello, ya podemos entrever el carácter interior, transparente y sensitivo de los afanes artísticos de la poeta y pintora.

La pintura desvela a la autora. Con su pincel, realiza los trazos, pone las tonalidades y figuras. Todo es vivo, pujante, con verdores y coloraciones alegres, que revelan una pasión singular por la vida, las dimensiones humildes, epifanías de mensajes trascendentes.

La maestra de escuela rural de artes plásticas que fue –y nunca dejó de ser- se prodigó en la pintura, con quehaceres menudos en Huilquilemu. Se conserva en el museo un atril de la artista, con las coloridas manchas de pinturas, y marcas de pinceles, propias del oficio. Es que Emma sabía contemplar, fijar los ojos en los rincones, apreciar el noble adobe edificado, o las diminutas flores emergiendo de la tierra húmeda. Las hojas y los pájaros en derredor, la tierra cruda edificada, está conectada al río o al mar… La pintura cristalina, ingenua y fresca, acompaña el poema del amigo Manuel Francisco Mesa Seco. Tanto impacta en el corazón de la pintora, que no puede ella sino ilustrar esos versos y darles colores.

¡Qué de resonancias suscita la expresión firme de Mesa Seco al inicio de su poema!: “Prefiero ser pared de adobe…”. El viento, las rosas, el beso, es “un grito invencible de las profundidades”. Se comprende que Oreste Plath dijese de Emma, que ella “está radiante de brindar a los que responde con luz a la luz”. Porque con la luz de los trazos, las imágenes y las palabras, responde aquí, en esta estampa sugestiva, Emma Jauch, a la luz de la palabra versificada de Mesa Seco, sobre el adobe. La imagen se preserva en el Museo de Artes y Artesanías de Linares, del cual ella fue, junto a su marido, fundadora.

¿Cómo toma el pincel Emma? Ella misma lo cuenta: “Necesito conocer mucho lo que voy a pintar, mirarlo un día y otro día, darle vueltas, pololearlo, diría”. Es una exquisita confesión. Se trata del noble ejercicio de contemplar, fijar la atención con los ojos y el alma, concebir en el corazón la obra original, nacida de la impresión en el sentir intelectivo y luego, más tarde, dar a luz, creadoramente, con las formas que, atesoradas en lo más íntimo, se desprenden, desde la fuente más profunda de ella, hacia la tela, la madera o el papel.

Según cuentan vecinos de Huilquilemu que la conocieron, Emma tenía la costumbre de mirar la vieja casona de adobe y tejas muchas veces. Disfrutaba la espacialidad, cada brote de hierbas o el parque. Una de tantas, permaneció absorta, de frente, por el lado norte a la casona, con su atril. El camino no tenía, entonces, la congestión de ahora, ni la cercanía que la asfixia. Era un espacio amplio, rural y silencioso, con sonidos campestres. Allí, perseveró horas contemplando los árboles centenarios, viéndolos emerger desde la fortaleza de adobe. De pronto, el dibujo sale del lápiz y la imagen, dice todo. En la simpleza de sus líneas, permanece la mirada sustraída al tiempo. La mano suya hizo nacer lo contemplado, haciendo del instante un presente duradero. La perspectiva del dibujo que comentamos, permite apreciar la casa desde el conjunto, sin las perturbaciones actuales.

Ana María Garrido, alumna de Emma Jauch, con artesanía en batro en Huilquilemu.

FONDO LITERARIO DEL MAULE
Entre otros afanes por el patrimonio, es de justicia destacar la notable y valiosa creación del “Fondo Literario del Maule”, y con ello, las variadas iniciativas y actividades culturales que le sucedieron, entre las cuales sobresale la convocatoria a los escritores y artistas maulinos. Emma es la gestora incuestionable y alma del proyecto literario que permanece en la Villa Cultural de la UCM como herencia y misión. A propósito del IV Encuentro de Escritores en Huilquilemu en 1995, del que nuestra poetiza era la coordinadora, ella sostiene con visión inigualable: “La creación de un ámbito que guardara memoria de los que con esfuerzo y talento han cimentado el prestigio de las letras maulinas, se hacía un deber insoslayable. Así, nació el Fondo Literario del Maule “Manuel Francisco Mesa Seco”, que pretende, con la contribución de escritores y entusiastas de las letras reunir libros y documentos que a futuro sean fuente de información para los entendidos y presencia viva de un pasado que nos enorgullece”.

Es todo un programa. Dado que Emma fue gran anfitriona en su casa de Linares, congregando artistas, escritores y amigos, la poeta y pintora, logra del rector de la UCM, Roberto Montecinos, que Huilquilemu sea lugar de encuentro cálido y familiar, no solo para cumplir el deber insoslayable de custodiar la memoria de la región, sino también para reflexionar en torno a la identidad maulina. Por eso, Enrique Villablanca escribe certeramente sobre Emma: “Vive, acoge y trasfigura los valores de la maulinidad con entusiasmo, originalidad y profundo humanismo”. La creación del Fondo Literario del Maule en la Villa Cultural Huilquilemu de la UCM en 1992, es una colección que consta de libros de escritores maulinos, archivo de documentos y referencias críticas, fotografías, etc., dispuesto para la investigación y proyección de las obras y autores.

Al releer los documentos de aquellos años, queda patente la amplia convocatoria de Emma. Podemos repasar nombres, sin ser exhaustivos, como los de Oscar Ramírez Merino, Marcela Albornoz Dachelet, Enrique Villablanca Valenzuela, Alfonso Esteban Jerez Jerez (de Parral), José Ilic Toro (Curicó), María Cristina Aliaga Luna, Tirso Montencinos N., Jaime González Colville (Villa Alegre), Matías Cardal, Matías Rafide, Naim Nómez, Leonardo Villarroel, Hugo Metzdorrff, Adriano Améstica, Bernardo González, Ricardo Opazo, Luz Eliana Morales, Juan Antonio Massone, el gran Oreste Plath y tantos otros que dieron vida a los encuentros, cuya labor, aguarda sin dudas, el ser reavivados. Porque hay retoños nuevos en la literatura, la poesía y las artes a los que debemos seguir congregando.
He aquí, el poema “Brindis” de Emma, que bien sintetiza lo que los escritores reunidos en Huilquilemu, vivieron en cada jornada celebrada en razón de las letras del Maule:

Todos estamos, codo con codo,
amigos,
partiendo el pan
y compartiendo el vino
todos estamos,
cual más, cual menos, todos
los que tenemos iguales
o parecidos sueños.

Todos estamos,
pero algunos faltan.
Dejemos un lugar en nuestra mesa
para el que tuvo prisa,
guardemos un lugar
al que se fue primero.

Los muros de la vieja casona de Huilquilemum son testigos de aquellos encuentros llenos de vida, entusiasmo, sueños e ideales. Y los libros de la colección del Fondo Literario del Maule “Manuel Francisco Mesa Seco”, permanecen como parte integrante del patrimonio invaluable de la Biblioteca Pública del Museo de la Villa Cultural Huilquilemu UCM.

MAESTRA EN HUILQUILEMU
Pero la inquietud de Emma iba más allá de los escritores y artistas de la región. Había en ella una vinculación y sintonía con lo castizo y cultura popular. De ahí, la importancia que ella daba a la custodia de la memoria y promoción de las tradiciones y oficios propios de saberes ancestrales. Los apreciaba, estudiaba y conocía. Por eso también enseña. En 1995, a pedido de Paula Correa, entonces asesora de los talleres en Huilquilemu, Emma Jauch concibe el “Taller de Batro”. Eso implicó fortalecer a la Villa Cultural Huilquilemu en su carácter de “centro artesanal” y expresión congregada de las diversas técnicas u oficios de la región. El proyecto es dirigido a las pobladoras vecinas de la Villa Cultural, para su desarrollo y promoción económica y social. El objetivo trazado fue: “trabajar la totora o batro realizando diversos diseños en múltiples objetos”, dice el documento.

Fueron siete las alumnas de Emma, que semana a semana se reunían. Sus nombres resuenan por los patios y corredores de Huilquilemu: Isabel Farías, Luz María Aguilera, Verónica Calderón, Gladys Bravo, Carmen Alfaro, Lupe de Mena y Ana María Garrido. Pedimos a Ana María Garrido, después de 25 años, sus impresiones de aquel tiempo y nos dice con entusiasmo: “A la señora Emma la recuerdo como a una verdadera maestra. Siempre con ternura. Tenía también momentos de enojo, cuando no captábamos lo que quería que aprendiéramos… ¡Me emociona mucho recordarla! Ella nos enseñaba con gran sencillez lo que sabía. Cuando nosotras lográbamos hacer cosas distintas, ella gozaba y se maravillaba con nuestra creatividad. ¡Nos aplaudía!”.

“El tiempo que pasábamos con ella se iba volando. A veces al llegar al taller decía: -niñas, hoy no haremos el taller… Saldremos de paseo. Nos llevó un par de veces a su casa, en Linares. Fuimos a Constitución, al Faro Carranza, a lugares donde trabajaban la greda. En fin… Íbamos en vehículo de la Universidad Católica, con chofer. Ella lo disponía todo”.

Este testimonio afectuoso trasparenta el afán y delicadeza de la verdadera maestra que fue Ema Jauch en Huilquilemu. Para Emma importaba suscitar el interés y así, lograr que las mujeres adquirieran las habilidades entregadas por el generoso batro: “El batro -cuenta Emma- no necesita de preparación espacial, es uno de los textiles más generosos, porque se da entero, y uno lo puede transformar en miles de cosas”. Aquí observamos su gran sensibilidad por la naturaleza. Tiene un especial cariño por los juncos: “cada hoja de batro es un descubrimiento y uno va aprendiendo a querer las cosas, los materiales”. Su actitud de cercanía congrega a quienes aprenden, con los elementos primordiales, para amarlos y modelarlos. “Yo les enseño algunas técnicas -insiste Emma-, pero rápidamente ellas, irán descubriendo técnicas nuevas”.

Así, de las manos de estas mujeres de Huiquilemu, salen fabricadas con mínimos instrumentos como tijeras, cuchillos, alfileres y clavos, las bellas piezas en batro: canastos, sombreros, carteras, individuales, separadores de libros, cajitas, bandejas, papeleros, carpetas, etc.

PATRIMONIO CULTURAL PERSONIFICADO
Al origen de la cultura y el patrimonio están el hombre y la mujer que hicieron una vasija o una choza, forjaron la palabra y el lenguaje, o construyeron un puente. Está el juglar y trovador de historias y leyendas. El pintor y el escultor. Está el estadista, el científico, el industrial. El obrero o el guerrero. Pero, siempre, siempre, una generación sucede a la otra, entrega y trasmite lo vivido y valorado. Es que el patrimonio cultural es humano. Procede de personas que le dan origen, sentido y desarrollo al universo cultural, tangible e intangible.

Emma Jauch, encarna en forma preclara y trascendente, el patrimonio cultural de la Región del Maule y sus valores genuinos. Esta hija de Constitución, supo apreciar, disfrutar y regalarnos con afanes tan suyos y originales, ¡tan humano!, un patrimonio significativo y trascendente en la Villa Cultural Huilquilemu, que la comunidad reconoce y aprecia. Por eso, Juan Antonio Massone, al recordar a Emma en “Pinceles en la palabra”, sobre los encuentros en Huilquilemu, escribe con nostalgia y algo de apremio impostergable: “Quizás con ganas de invitarnos otra vez, junto a sus pinceles y sus poemas”. Sí, ella nos convoca. Eso y mucho más es la herencia, espíritu y misión de lo que preserva Huilquilemu en el Maule.

Horacio Hernández Anguita. Encargado de la Villa Cultural Huilquilemu UCM

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