Las peligrosas consecuencias de dejar los caminos de Dios

Según la biblia (2.Reyes, caps. 23-25) entre la monarquía de Israel, específicamente, del reino del sur, vamos a encontrar el relato del rey Josías. Tanto los historiadores como comentaristas bíblicos, Josías es el rey más piadoso de todos los reyes de Israel, y que antes que él no había habido ningún rey que guardare los mandamientos de Jehová, su Dios, inclusive la biblia dice que: “hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda” (2Re 22:2).

Sin embargo, a pesar de su fidelidad y devoción a Dios, su piadoso reinado y la restauración del servicio de adoración al Dios verdadero (2Cron 34:3) no pudo revertir la perversa infamia idolátrica de los reyes Manases y Amón sus antecesores, quienes por su vil y perversos reinados, permitieron y fomentaron la corrupción moral y espiritual de la sociedad y del reino, llevándolo inexorablemente a su caída.

Mirando las redes sociales y comentarios, encontré uno que condice con mi punto anterior, mas menos dice así: “La caída de las naciones no se produce de un día para otro, eso obedece a un proceso paulatino, al comienzo solo se dejan ver pequeños síntomas, los que luego se evidencian con mayor fuerza, resultando en una estrepitosa caída. Un osado predicador dijo: que los anteriores imperios al romano, cayeron porque se levantaron otros imperios más poderosos (Ej. Babilónico cayo a manos del Imperio Medo-Persa). Sin embargo, el Imperio Romano no cayó a manos de otro imperio más poderoso, sino más bien fue a causa de la degradación moral la que empezó en sus propios cesares y las disputas internas por el poder, la división entre occidente y oriente, y la crisis económica la que facilito las invasiones bárbaras terminando así su poderío”.

Entre los pasajes bíblicos que nos alerta de estas estrepitosas caídas y consejo de Dios, ella nos dice: “Cuando los fundamentos de la ley y del orden se desmoronan, ¿qué pueden hacer los justos?” (Salmo 11:3).

Los fundamentos de una sociedad, es donde se ha fundado, esos fundamentos son: la justicia, el respeto por la vida, el respeto por la propiedad privada, el respeto por sus instituciones, el respeto por sus autoridades (padres y profesores, entre otros), el respeto por la familia, el respeto por nuestros ancianos. En fin, una sociedad que fomenta y exige “la Integridad, la honestidad, la solidaridad, la igualdad y el trabajo”, no solo a sus componentes, sino también a sus gobernantes.

Todos estos principios y valores, aunque muchos no los aceptan. No obstante, Dios nos legó unos tres mil quinientos años atrás y aunque parezcan arcaicos, ellos están vigentes y no pueden ser reemplazados. El hombre no tiene mayor sabiduría que Dios, nuestro creador.

Consecuente con lo anterior, cuando estos principios son atropellados, burlados infamados y sin respeto a Dios altísimo, al creador. Cuando el hombre se quiere imponer sobre ellos, despreciando al Todopoderoso y pidiendo que lo saquen de todos los lugares, el resultado que le espera a esa sociedad, es una estrepitosa caída. El único remedio es volverse a Dios, aunque si los efectos de la caída durarán años. Dios tenga misericordia de Chile, de todos nosotros, de nuestros gobernantes y de nuestras autoridades. Amén.

PR. Sergio Rodríguez Varela
Consejo de Pastores.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here