Las parábolas de la vuelta a clases y del desinfectante

Es decir, nuevamente queda de manifiesto que, cuando llega el momento de improvisar, se dicen cosas que no están chequeadas.

Cuando ocurren situaciones de emergencia, muchos se ven obligados a improvisar. En gran medida, porque los nuevos escenarios no han sido previstos y, ante la falta de consejo técnico, simplemente optan por decir lo que realmente piensan. O más bien, a repetir lo que han escuchado por ahí, sin mediar reflexión de fondo.

Otros dicen que algunas autoridades políticas, ya sea presidentes o de rangos menores, simplemente no hacen caso a sus consejeros y terminan “metiendo la pata”. Ocurre en todos lados. Para salir del atolladero, se termina culpando a algún mando medio o bien se opta por decir que fue una opinión personal.

¿Pero hay espacio para opiniones personales cuando se trata de autoridades de Gobierno? Dejando de lado esta discusión y retomando el tema de lo que se dice o deja de decir, también hay que tener en cuenta que, muchas veces, se trata de expresiones de la voluntad de la persona. Es decir, de cómo se quiere que sean las cosas.

Quizás eso fue lo que ocurrió esta semana, en Chile, con el bullado tema de la “nueva normalidad” y el posible retorno a clases de los escolares. Primero fue el Presidente, Sebastián Piñera, quien en cadena nacional anunció que ello ocurriría en mayo. Pero, ante el rechazo unánime de los alcaldes, intervino el ministro de Salud.
Y la propuesta de Jaime Mañalich fue partir gradualmente con clases, primero, en las escuelas rurales, con la condición de que sean comunas donde no se registren casos positivos de Covid-19. En el caso del Maule, esto ocurre en tres comunas: Vichuquén, Hualañé y Empedrado. De ellas, pudimos contactar a dos alcaldes.

Ambos ediles -de Hualañé y Empedrado- coincidieron en rechazar la propuesta. Luego, fue el turno del ministro de Educación, Raúl Figueroa, quien debió salir a aclarar que el 27 de abril se retomaban las clases virtuales, agregando que el retorno a las aulas quedaba postergado hasta que no exista peligro de contagio.

Es decir, nuevamente queda de manifiesto que, cuando llega el momento de improvisar, se dicen cosas que no están chequeadas o confirmadas con otros que comparten el poder. Pero esto no es exclusivo de Chile o de Latinoamérica. Así quedó demostrado en las últimas horas con declaraciones de Donald Trump.

En una intervención pública, este mismo viernes, el Presidente de Estados Unidos tuvo que salir a explicar –según un reporte de la Agencia EFE- que estaba hablando «sarcásticamente» cuando sugirió que las inyecciones con desinfectante podrían ser un tratamiento contra el coronavirus, una idea que ha generado una fuerte polémica y rechazo.

«Estaba haciendo una pregunta sarcásticamente a los reporteros como usted, simplemente para ver qué ocurriría», afirmó Trump consultado por esa afirmación durante un acto en la Casa Blanca, en el que firmó un nuevo plan de rescate de casi 500 mil millones de dólares para ayudar a hospitales y empresas frente al coronavirus.

Fue el jueves cuando, en conferencia de prensa. Trump especuló con la idea de que se pudieran hacer tratamientos con «luz ultravioleta» a pacientes de Covid-19 y, después, hizo una sugerencia de utilizar desinfectantes en los pacientes, alarmando no la opinión pública frente a lo que esto significaría para las personas.

En este último caso, resulta difícil pensar que eso es lo que el Presidente quiere y, pensando en positivo, podemos señalar que posiblemente fue una opinión a título de decir algo. Como sea, estos dos episodios –la vuelta a clases en Chile y el desinfectante en Estado Unidos- revelan que siempre es mejor ajustarse a los protocolos.

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