Las otras consecuencias

A estas alturas, no creo que sea necesario definir la pandemia ni sus efectos sanitarios. Tanto se ha dicho y escrito sobre eso que, cualquier cosa que se agregue, sólo sería redundancia. Conocemos su historial, el brote inicial, las rutas del contagio, los síntomas preliminares y los posteriores, los métodos de prevención y las estrategias de precaución. Sabemos, casi al minuto, las cifras dramáticas de contagiados y fallecidos, tanto en nuestro país como en el resto del mundo. Nos sorprendemos cada día y nos lamentaremos por mucho tiempo de todo eso. Todo aquello es conocido.

Sin embargo, esta fatídica pandemia y la reclusión voluntaria o forzada a que nos ha condenado, provocará otros efectos, mucho menos conocidos y dramáticos, pero igual de relevantes en muchas áreas del quehacer social. Esos efectos, inminentes pero inciertos, generan dudas y conjeturas, para cuando por fin el virus pase y volvamos a las calles sin máscaras ni temor.

Por ejemplo, ¿cómo se comportará la natalidad, una vez superado el encierro de estos meses? ¿Habrá más o menos nacimientos, habida cuenta de las largas horas que millones de parejas habrán de compartir en espacios reducidos? Y ya que hablamos de parejas, ¿cuál será la tasa de divorcios que este malhadado virus y la cohabitación forzada a que somete a miles de matrimonios, provocará? Y, siendo más positivos, ¿Cuántas parejas vivirán un reencuentro, un redescubrirse en este forzoso compartir sus horas y sus días? Y una vez que los hijos agoten los planes de datos de sus celulares y superen todas las etapas de sus intrincados juegos de consolas ¿descubrirán que con sus padres se puede compartir más que monosílabos y que ellos tienen algo más que reprimendas y sermones? ¿Descubrirán algunos que la vida familiar no sólo es tolerable, sino hasta interesante? ¿Saldrán indemnes las familias, después de un par de meses recluidos?

En un plano diferente, ¿cuándo y cómo se volverá al cine, al teatro o al estadio? ¿Qué habrá de ocurrir con los deportistas, alejados de las canchas y las pistas tantos meses? ¿Qué pasará con sus metas, sus marcas y sus records? ¿Cómo evolucionarán los artistas, sin contacto directo con sus públicos en teatros, plazas o galerías? La soledad, esta transitoria lejanía del mundanal ruido, ¿significará un estímulo para escribir, componer, dibujar, planificar o modelar o, por el contrario, sumirá a algunos en angustia y sequía creativa? Cuando el virus pase y vuelva a nacer la primavera ¿cuántas novelas, poemas, obras de teatro, canciones, pinturas y películas comenzarán a brotar y llamar nuestra atención, nuevamente? ¿Esta suerte de reclusión forzosa, generará movimientos artísticos, estilos cinematográficos, corrientes literarias y nuevas formas de expresión, como ya ocurrió en el pasado?
Son muchas las áreas del comportamiento social que, sin duda, serán impactadas por esta cuarentena de plazo incierto. La economía, por cierto, la política, ojalá, el arte, sin duda, la familia, el trabajo, la educación, la tecnología, la geopolítica y la globalización no serán las mismas tras esta pandemia. Todo será traspasado por la crisis, por el cambio y por la tragedia de estos días. Todo, menos la fuerza del espíritu humano, que se las arregla siempre para superar, triunfante, todos los agobios, todas las tormentas y todos los desafíos.

Juan Carlos Pérez de La Maza

Licenciado en Historia. Egresado de Derecho.

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