Las dudas del big data

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30 de diciembre de 2019
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El jueves, el Presidente Piñera aseguró en un video que no se había expresado “en forma suficientemente precisa, provocando interpretaciones que no representan mi pensamiento”.

En conversación con Andrés Oppenheimer, de CNN, el Jefe de Estado aseguró anteriormente que se había hecho “un estudio de millones y millones de comunicaciones a través de redes sociales”. Encontraron que “muchas de ellas vienen de fuera de Chile, la inmensa mayoría de ellas son para provocar más desorden, más manifestaciones, más descontrol, más desobediencia civil”.

En buenas cuentas, tras la aclaración, solo sabemos que el tema no está resuelto.

Respecto del informe mismo de “big data”, que alcanzó a producir algunas discrepancias en los propios voceros de gobierno en Chile, los expertos en análisis de redes sociales (incluyendo profesionales de la Universidad de Chile) han explicado que es un trabajo bastante básico y que carece de rigurosidad como para poder aportar algún tipo de información útil, menos aún “de inteligencia”.
Veamos.

Según la no siempre confiable Wikipedia, “una red social es una estructura social compuesta por un conjunto de usuarios (individuos u organizaciones) que están relacionados de acuerdo a algún criterio (profesión, amistad, parentesco, etc) …Las redes sociales constituyen representaciones útiles en muchos niveles, desempeñando un papel crítico en la determinación de la agenda política y el grado en el cual los individuos o las organizaciones alcanzan sus objetivos o reciben influencias”.

¿Pero, es realmente así?
Ya dejaron de ser una novedad. Todos nosotros, todos los días, usamos alguna plataforma de Internet que nos convierte en parte de este complejo universo.

Esta es la gran diferencia con los medios tradicionales. El periodismo se consolidó sobre la base de su confiabilidad. Y para garantizarla, se definieron ciertas tareas esenciales: reporteo (investigación en otras palabras), y verificación antes de cerrar el ciclo informativo con la difusión (publicación).

La revolución de las tecnologías comunicacionales todavía está en desarrollo. Pero ya vemos la emergencia de las redes sociales como su fruto principal. Tenemos muchas deudas con esta asombrosa modalidad de información instantánea y que convierte a cada ciudadano del mundo en un comunicador sin limitaciones. Pero las redes tienen también pecados inesperados y complejos: el triunfo de Donald Trump solo habría sido posible con la ayuda de algún servicio secreto ruso, capaz de influir vía redes sociales en grupos específicos de ciudadanos norteamericanos. En el caso del Brexit habría ocurrido algo parecido.
Nunca, sin embargo, se ha demostrado que estos intentos hayan sido plenamente decisivos.

Por eso, en el caso del estallido social de octubre, en Chile, las acusaciones sobre lo que se dijo en las redes sociales han tenido defensores fervorosos, pero también hay muchos que dudan.
En el caso del informe de big data, en nuestra página “abe.cl”, el editor especializado, señaló que lo realizado era solamente una medición de “sentimiento” en redes sociales desagregada por orígenes (habría publicaciones desde el extranjero) y agrupando ciertas tendencias.

Posteriormente se dijo que un análisis de este tipo requiere más de un año, sin ser suficiente el período que se inició en octubre.
En suma: un informe útil pero no decisivo.

Abraham Santibáñez

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