Las campañas

Es sabido que al momento de configurarse las determinadas campañas electorales, ciertas personas o ciertos grupos políticos, intentan conquistar y ganar la confianza ciudadana, con todo tipo de mecanismos. Ocurrentes algunos, que comienzan a delinear esquemas particulares, prefiriendo las consignas o eslóganes vacíos, en lugar de propender a propuestas serias, argumentos o el peso de las evidencias.

Pues bien, en momentos en los que el país camina o se prepara para abordar una intensa suma de comicios en un acotado espacio de tiempo, fundamentalmente relacionados con la temática constitucional y con la elección de representantes del clamor popular, vemos como desde distintos sectores, se encienden las llamadas de lo radical, lo extremo, con una profunda distancia de ese sentido común que tantas veces se extraña en la vida política nacional.

Por ello, en etapa de crisis del orden democrático institucional chileno, ante un abierto cuestionamiento respecto del sistema político, del sistema de convivencia, es que me permito esgrimir algunas reflexiones al respecto: quienes nos hemos decidido por la opción del rechazo en el Plebiscito del día 26 de abril, debemos firmar un contrato estricto con valores y principios que nos parecen extraordinariamente importantes para la continuidad de la vida democrática chilena, de tal manera de accionar con una campaña que permita contrarrestar democráticamente diagnósticos vinculados a la polarización, a la lógica del blanco y negro que algunos pretenden imponer, desconociendo las cosas buenas en las que en su minuto se avanzó en el país.

Respeto y valoración por la rica historia constitucional chilena, por entender que las reformas sociales no pasan por un cambio copernicano en el régimen constitucional, ni mucho menos que una nueva Constitución desde fojas cero podría tener resultados en cuanto al impacto inmediato para la calidad de vida de las personas. La necesaria corrección del modelo, la incorporación de una visión ética en la política, o un rol distinto del estado, más promotor y activo en el combate a los abusos de una economía con escasas regulaciones, y más garante de ciertos mínimos sociales, es parte de lo que debemos señalar públicamente quienes no estamos disponibles para las vías refundacionales que creen tener por sí mismas, las soluciones a todos los problemas experimentados.

Del frente, y por cierto en su derecho, quienes abracen las ideas por el apruebo en cuanto a la nueva Carta Magna, tienen una serie de argumentos democráticos para sostener que sí consideran necesario una nueva Constitución como respuesta política, como visión a ciertas estructuras nuevas hacia las que desean avanzar, sin el ánimo de decir que haya que borrar todo lo hasta ahora construido, procurando y llamando a la comunidad a controlar las expectativas en torno a los efectos de un texto constitucional, para evitar ese descontrol de los deseos de las personas, que después, al no encontrar las respuestas y modificaciones con la agilidad esperada, podrían sufrir, evidentemente, una nueva crisis de confianza en torno al sistema de representación que nos hemos dado.

Esta discusión constitucional debe garantizar el pleno compromiso de los sectores políticos en torno a que no se puede crear una retroexcavadora cultural y política respecto de los sectores opositores, no se puede pretender un régimen social más unitario si es que se entiende la discusión constitucional como una lucha en la que gana el que grita más fuerte, como si fuese un barrido de calle de las mayorías circunstanciales. Por ello, resultan relevantes las voces de los actores moderados, de los que con sentido de Estado, optarán por la vía de las ideas con sentido.

Si los actores responsables asumen de una vez por todas sus responsabilidades públicas, entonces podremos decir que la conversación constitucional no se trata de avanzar hacia el tipo de país pretendido por Hugo Gutiérrez, Luis Mesina, o hacia el de quienes hasta hoy niegan injusticias sociales sistémicas de un modelo societario que requiere enhorabuena cambios importantes, sino más bien, se trata del marco común jurídico y político que debemos entregarnos como sociedad, definiendo si es que queremos partir desde ciertos conceptos ya vigentes, con la modificación de varios cuerpos hacia el futuro, o partir desde cero, creando algo enteramente nuevo.
El tiempo nos dirá de qué lado estuvieron quiénes.

Ervin Castillo Arancibia
Abogado

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