La sazón de las derrotas para volver a surgir

Luz Méndez Herrera ha reiniciado su negocio en dos oportunidades; primero, por el terremoto y, después, por el incendio que afectó el antiguo edificio. La responsabilidad, dice, es la clave para progresar.

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6 de noviembre de 2019
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En más de 40 años como locataria del Mercado Municipal de Talca, Luz Méndez Herrera ha perdido su negocio en dos ocasiones. Como les sucedió a otros comerciantes del recinto, el terremoto del 27/F de 2010 y, posteriormente un incendio, destruyeron el establecimiento comercial y todo lo que había dentro.
En ambas ocasiones, ella decidió insistir. En esa convicción se mantiene hasta la fecha como una de las cocineras más antiguas del mercado declarado patrimonio histórico nacional.
Amoldándose a las circunstancias Méndez Herrera ha mantenido abierto el local alimentando la fidelidad de los clientes que siguen prefiriéndola. Al menos una vez al mes, según cuenta, comensales de comunas cercanas vuelven al local religiosamente, desde hace décadas.
Cuando comenzó con el negocio, Méndez Herrera se embarcó en echar a andar un restaurante con menú amplio y personal suficiente en la cocina para mantenerlo operativo. En aquel entonces, su trabajo era más administrativo, pero tras el terremoto debió achicar el negocio y, además, cambiar su rol.
“Empezamos de cero, con unos ahorros que tenía compré todo de nuevo y, después, se quemó todo”, rememoró la madre y abuela.
Después de este último incidente, recibió ayuda material, pero de igual forma debió hacer una inversión importante para reabrir el local. Para entonces, ya había modificado la razón comercial del establecimiento de restaurante a cocinería.
Así, desde hace nueve años Méndez se encarga de preparar el menú de la cocinería “Matilde” -nombrada así por la nieta nacida el mismo año de la reapertura del negocio en 2010-. La ayudan en la atención a los comensales uno de sus nietos mayores, la pareja de él y una de sus tres hijos.
El cambio, dijo, no fue muy brusco. “Estaba acostumbrada a ver a las cocineras cómo trabajaban. Fue más por necesidad que empecé a cocinar”, explica la cocinera, sentada en una de las mesas desocupadas de su pequeño negocio.

¿Pensó desistir en algún momento?
“No, es mi vida el mercado. Entonces, no, no creo. Trato de tirar para arriba nada más, mantenerme con lo que se puede. No es que vamos a tener grandes lujos, pero alcanza para vivir. Ahora con esto (las protestas por el descontento social) estamos peor”.

EL SECRETO
En el menú de la cocinería “Matilde” no figura comida chatarra por elección de Méndez Herrera. Prefiere los platos más caseros y tradicionales. De todos, hay uno predilecto entre la clientela.
“Según la gente mi cazuela es muy rica”, suelta la propietaria del local. El esmero al momento de preparar los platos considera que es determinante para entregar un buen servicio.

¿Cuál es el secreto?
“No, no puedo decirlo. Uno siempre hace sus cosas al gusto propio. Yo cocino para la gente como lo hago para que comamos nosotros (la familia). No puede ser una comida ‘al lote’. Por eso, estoy acostumbrada ahora a cocinar yo”.

RESPONSABILIDAD
De 9.00 a 17.00 horas es la jornada regular de trabajo de Méndez Herrera y aunque ya tiene 71 años asegura que el oficio, al menos todavía, no le produce fatiga: “Si me quedara en mi casa, me enfermaría. En cambio, estando aquí no, porque uno se distrae conversando con la gente”.

Como mujer que está al frente de un negocio ¿Qué les diría a las mujeres que, quizás, no se atreven a emprender uno?
“Para tener algo, principalmente, uno tiene que ser responsable. No pensar en no ir a trabajar porque un día nos vaya mal. Hay que luchar. Yo digo que lo poco y nada que tengo es porque he sido siempre responsable para mis cosas. Hay que levantarse con el ánimo de decir ‘¡voy a trabajar!’, porque hay gente que dice ‘hoy no tengo ganas de levantarme’ y se quedan en la casa. Eso no debe ser. Uno tiene que ser positivo”.

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