La pasión e intensidad del tango sobrevive pese a la distancia

Aunque sea abrazando una silla, los amantes de este baile se preparan de forma muy entusiasta para encender las pasiones cuando se vuelvan a encontrar en las pistas.

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11 de julio de 2020
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La reinvención de Francisca Rojas y Matías Ganem, docentes con amplia experiencia en danzas latinoamericanas, ha venido de la mano de este taller online de tango.

Como todos los clásicos, el tango no muere. Ni siquiera la distancia social impuesta por la pandemia ha logrado apagar la pasión de los amantes de esta danza, que siguen practicando desde el encierro.

Es así como lo hacen quienes asisten al taller de Matías Ganem (argentino) y Francisca Rojas, (chilena) bailarines profesionales, quienes también dirigen el Ballet Folclórico Expresión Maulina (Bafoem), cuerpo de baile que existe desde el 2010 en Talca.

En esta instancia van aprendiendo los pasos de tango desde sus casas. Suena difícil considerando que es un baile que se practica muy unido a la otra persona; sin embargo, como los explican los instructores, en realidad no lo es tanto, pues el entusiasmo hace finalmente que todo tenga solución.

CON SILLAS Y ESCOBILLONES
Las clases se están haciendo principalmente vía plataforma Zoom; pero también hay algunos casos en que ha necesitado encontrar otras alternativas. “Como tenemos algunas personas un poco mayores les cuesta la tecnología, entonces hacemos una videoconferencia o videollamada por Whatsapp. Entonces utilizamos dos o hasta tres dispositivos, entre celulares y un notebook donde podemos ver a todos los alumnos”, explica Matías.

“Lo que hacemos es un reforzamiento se podría decir de los movimientos, por ejemplo el voleo, los pasos básicos, hacemos una mecanización de los pasos para que el día de mañana que nos podamos ya unir en un salón sea más fácil el desplazamiento”, explica el instructor.

En tanto Francisca agrega que también se utilizan ciertas técnicas para lograr que sea más fácil la práctica. “Por ejemplo una silla en el caso de las mujeres. Cuando hacen el ‘ocho’ adelante y atrás, cuando se los vamos mecanizando nosotros les decimos que se afirmen de la sillita como si fuera el hombre. Y así vamos utilizando otros elementos como un escobillón, o un cojín de repente para ir trabajando la seguridad del abrazo”, explica.

LA CONEXIÓN COMO MOTOR
Ya va poco más de un mes del taller y los instructores cuentan con alegría que ha tenido buena recepción; a la vez están con la idea de poder abrir otro taller más para quienes necesitan comenzar a aprender desde cero.

Y es que hay en esta danza algo que la hace trascender a través del tiempo y encantar a cada generación. “Yo creo que a la gente le sigue gustando porque es apasionado. Y sí se podría decir que es un poco complicado, pero cuando uno ya le va tomando ese ‘gustito’ se da cuenta que puede trabajar no sólo lo físico, puede ser más hasta terapéutico de repente, a la persona le puede ayudar a sacar trabas, sensaciones y emociones. Depende de cómo uno lo trabaje es lo que puede lograr con el tango”, comenta Francisca.

A lo que Matías agrega que “hay gente que ve el tango y dicen ‘yo no podría hacer eso’, como que lo ven difícil, tal vez inalcanzables los movimientos; pero cuando uno va practicando y se va conectando con la pareja, es distinto. Porque al fin y al cabo la conexión es la esencia del tango, la conexión que uno logra con la pareja a la hora de bailarlo”.

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