La pandemia no es el único peligro

A comienzos de este mes, el Consejo de Seguridad de la ONU se hizo eco de la petición de Antonio Guterres, su Secretario General, de un alto al fuego en todo el mundo. ¿El propósito? Facilitar el combate de la pandemia de Covid-19. Los quince integrantes del organismo estuvieron de acuerdo. Exigieron por unanimidad “un cese general e inmediato de las hostilidades en todas las situaciones”.

El Covid-19 ya había infectado a más de diez millones de personas en todo el mundo y causado más de medio millón de muertos, Las cifras siguen aumentando. La respuesta sigue siendo lenta.

Nadie ha rechazado públicamente el llamamiento. Pero la realidad nos recuerda el clásico comentario de Mafalda de que las líneas estaban “siempre ocupadas” cuando el Papa Paulo VI hacía parecidos llamados. En ese tiempo -los años 60- se luchaba encarnizadamente en Vietnam y había guerrillas activas en Africa, Asia y América Latina. Y, en el marco de la Guerra Fría, persistía la amenaza de un enfrentamiento global entre las superpotencias

En la actualidad el escenario no es mucho mejor.

En marzo, tras la aprobación en la Asamblea General de la ONU del llamado de Guterres, el Papa Francisco hizo ver su opinión ccoincidente de que “la paz y la seguridad son indispensables para proporcionar la ayuda humanitaria urgente” en zonas de combates.

Aunque se dice que 16 grupos armados y gobiernos han declarado ceses de hostilidades, más o menos estables, todavía quedan focos activos. El principal sigue siendo el enfrentamiento cada vez más duro entre China y Estados Unidos.
El episodio más reciente se generó en Houston.

Tras un incendio en el patio del consulado chino, que se interpretó como un intento de hacer desaparecer documentos comprometedores, Washington ordenó su cierre. El motivo: un supuesto «patrón nacional de espionaje» e intento de robo de investigación científica por parte del ejército chino con la ayuda de diplomáticos.

El Departamento de Estado acusó a China de interferir en la «política interna» de EE.UU., así como «coaccionar a nuestros líderes empresariales, amenazar a familias de chinos estadounidenses que residen en China” y más.

La primera reacción de Beijing fue que la decisión de la Casa Blanca era una «provocación política». El canciller, Wang Yi, sostuvo que «fuerzas políticas» estadounidenses están empujando a ambos países «al borde de una nueva Guerra Fría». En represalia el consulado norteamericano en Chengdú será cerrado.

Se puede dudar de las razones de Trump, pero los focos de conflicto son reales: la situación de Hong Kong, el poderío de Huawei, las disputas por las líneas aéreas, el origen del Covid-19 y el acceso al mar de China meridional. Es una mezcla de nacionalismos exacerbados, intereses comerciales en pugna, visiones opuestas acerca de los derechos humanos y, sobre todo, el choque de la visión de sus líderes acerca de su papel en el mundo.

A comienzos de año Antonio Guterres había planteado sin ambages sus temores: «Estamos viviendo en tiempos peligrosos, las tensiones geopolíticas están en su nivel más alto, y esta turbulencia está aumentando. Incluso la no proliferación nuclear ya no se puede dar por sentada».

Entonces se libraban combates en Yemen, Irak, Siria, Sudán del Sur, Somalia, Afganistán y Etiopía.

Ahora podría agregarse un nuevo choque entre Grecia y Turquía.

Abraham Santibáñez

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